Los Dominios Españoles en el Pacífico, Islas Carolinas y el Fin del Imperio III
Con las Islas Carolinas continuamos y finalizamos con la epopeya de la exploración española del pacífico, allí donde la dejamos (puedes leer la primera parte aquí y la segunda parte aquí)
Islas Carolinas
Fin del Imperio
La Conferencia de Berlín (1884-1885) supuso la legitimación internacional del imperialismo para el reparto colonial. Para la ocupación efectiva de los territorios de ultramar se exigía a las potencias europeas una posesión efectiva de los mismos, obviando los derechos históricos anteriores si ello no suponía un control militar y/o administrativo del enclave. Así pues, se inició una frenética carrera expansionista para asegurar la hegemonía en sus respectivas áreas de influencia. Aunque en la Conferencia se trató exclusivamente el reparto de África, es evidente que las disposiciones acordadas se extendieron a todos aquellos dominios del globo. Existía un notorio interés de americanos, alemanes y británicos en la zona de la Micronesia, cuyos naturales ya se habían instalado años atrás en diversas islas del Poniente. El aumento de colonos y comerciantes extranjeros hizo temer al gobierno español la ocupación de sus dominios por otras potencias, ya que su soberanía era más nominal que real. Con objeto de consolidar un enclave colonial en el archipiélago carolino, a partir de 1885 se hizo necesaria una ocupación activa para reivindicar la autoridad española. Excepto la presencia de las misiones jesuitas, España carecía de una administración civil en el archipiélago por lo que presentaba una situación de debilidad manifiesta. El gobierno español, temeroso ante una posible ocupación extranjera, procedió al asentamiento real en las Carolinas, estableciendo en las mismas una delegación administrativa y un mando militar operativo de dos Divisiones Navales. Las justificaciones políticas apuntaron a la necesidad estratégica de controlar las rutas entre el archipiélago filipino y las Antillas españolas como escala imprescindible para la flota española tras la anunciada apertura del Canal de Panamá. La Guerra de Cuba supondrá la pérdida de las últimas posesiones españolas en América y en Asia (Cuba, Puerto Rico y Filipinas) ratificadas en el Tratado de París de 1898. España cedía además a los norteamericanos la isla de Guam, aunque aún conservará un año más el resto de los archipiélagos de las Marianas y las Carolinas. Dado que las islas de la micronesia española dependían para su sostenimiento de la administración y comercio que se despachaba desde Manila, las islas del Poniente se encontraban absolutamente indefendibles ante el ardor imperialista de las potencias occidentales. Frente a la imposibilidad de sostener aquellas vastas fronteras, España se vio impelida a lograr una solución honorable antes de verse de nuevo maltratada por otro humillante Tratado internacional.El Imperio alemán, que ya desde 1885 estableció un dominio sobre la parte nororiental de la isla de la actual Papúa Nueva Guinea, comenzó a ampliar su zona de influencia sobre las islas Marianas e islas Carolinas, con claras intenciones de establecer un protectorado militar dado su valor estratégico. Las reivindicaciones españolas alegando la soberanía sobre ambos archipiélagos fueron finalmente reconocidas gracias a la intercesión del Papa León XIII pero se permitió al Emperador alemán establecer una base naval en la zona. La tensión militar exhibida por los germanos durante los siguientes años, amén de las presiones diplomáticas de la cancillería imperial, tuvo como consecuencia final la venta de las últimas posesiones españolas en el Pacífico. Por el Tratado Hispano-Germano de 1899, España vendía a Alemania las islas de los archipiélagos de las Carolinas y las Marianas (incluyendo Palaos, pero excluyendo Guam que ya estaba bajo dominio americano) por 17 millones de marcos alemanes (25 millones de pesetas). Este tratado ha dormido en el olvido de la historia, encubierto bajo la sombra del Tratado de París. Mucho se ha especulado sobre la conveniencia o no de que España hubiera mantenido la posesión de aquellas islas del Poniente. Tras el Desastre del 98, España dejaba de ser una potencia militar en el panorama internacional. El otrora imperio donde no se ponía el sol, quedaba reducido a las unas pocas posesiones en el continente africano.
Autor: José María González de Diego para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
“Magallanes. Un noble capitán”. Charles Mc Kew Parr. Editorial Sapientia.
“Hernán Cortés, inventor de México” (Vol. I y II). Juan Miralles. Biblioteca ABC (Protagonistas de la Historia)
“El Océano Pacífico: navegantes españoles del siglo XVI”. Carlos Prieto. Alianza Editorial
Internet:
http://www.biografiasyvidas.com
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