Los dominios españoles en el Pacífico, Islas Marianas y Carolinas

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Considerada Filipinas una de las joyas de la corona de las colonias de ultramar, el imperio español mantuvo durante más de 350 años otras posesiones en la Micronesia: Guam, las islas Marianas y las islas Carolinas. Unos enclaves postergados al olvido y sin embargo impregnados de vestigios españoles que aún perduran en nuestras antípodas.

La historia de aquellas expediciones marítimas y los descubrimientos posteriores de las posesiones españolas en el Pacífico, contienen todos los elementos de una indudable épica protagonizada por navegantes intrépidos, aventureros enérgicos y marinos audaces que se enfrentaron a un destino incierto armados de una gallardía rayana en la temeridad.

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Los dominios españoles en el Pacífico, Islas Marianas y Carolinas

La expedición de Magallanes partió del puerto de Sanlúcar el 20 de septiembre de 1519. Tras trece meses de travesía, cuajadas de adversidades, traiciones y penalidades, la escuadra española cruzaba definitivamente el accidentado Estrecho al que dio nombre el ilustre marino portugués para desembocar en el gran mar del Sur al que se llamó Océano Pacífico. El 28 de noviembre de 1520 la armada española encontraba al fin un paso por el continente americano y dejaba expedita la ruta hacia las islas de la Especiería.

Abandonando las gélidas temperaturas de las latitudes antárticas, la armada puso rumbo norte siguiendo la línea costera americana hasta llegar a climas más benignos. Después viró hacia el suroeste aproximándose a latitudes ecuatoriales. Tras varias semanas de travesía sin avistar ninguna isla donde avituallarse, el sofocante calor, la falta de alimentos y la escasez de agua comenzaron a hacer estragos entre la tripulación. La desesperación por encontrar tierra era tal, que los navíos ni siquiera anclaban por las noches a pesar del peligro de encallar en arrecifes o bancos de arena. Por fin, cuando apenas un puñado de hombres resistían sin desfallecer, las tres naos supervivientes (Trinidad, Victoria y Concepción) hicieron tronar sus cañones. Habían descubierto un considerable número de islas, algunas de ellas repletas de exuberante vegetación, abruptos acantilados con cascadas de agua que caían al mar, árboles frutales y variada fauna autóctona.

Costearon la isla mayor en busca de refugio para los navíos y por fin anclaron al abrigo de una pequeña bahía. Divisaron una playa arenosa donde descansaban multitud de piraguas que revelaban la presencia de indígenas. Al tiempo, una pequeña avanzadilla comenzó a acercarse a la nao capitana. Los oficiales permitieron que subieran a bordo no sin antes armar a los pocos hombres que aún quedaban sanos. Al encontrar a la mayoría de la tripulación en tan deplorable estado de salud, advirtieron que aquellos hombres blancos llegados desde la inmensidad del océano no podían ser esos dioses que anunciaban sus tradiciones vernáculas.

Sintiendo que cualquier utensilio que encontraran les pertenecía como miembros de una casta guerrera, no dudaron en apoderarse por la fuerza de los mismos. El conflicto no se hizo esperar. Magallanes, muy a su pesar, pues sabiendo que una acción hostil tendría graves consecuencias futuras, se vio obligado a responder a las provocaciones. Los arqueros españoles comenzaron a lanzar sus flechas con inusitada precisión causando grandes estragos entre los indígenas. Solo unos pocos se salvaron de la matanza, que huyeron en sus canoas hasta perderse tierra adentro.

Aquellos nativos eran los antepasados originarios de los actuales chamorros, pueblo colonizador de la isla de Guam, a la que Magallanes bautizó como la isla de los Ladrones. Aquella etnia guerrera procedía de una tribu de piratas polinesios que en época lejana habían desembarcado en el archipiélago micronesio. Los chamorros esclavizaron a los indígenas autóctonos de las islas, melanesios de raza oscura y cabellos lanosos, haciéndolos sus esclavos y convirtiéndose en la etnia dominante. La tripulación hizo finalmente acopio de víveres en Guam a pesar de la hostilidad indígena.

Prosiguió rumbo reconociendo y tomando posesión de varias islas cercanas, en las que intercambió productos y mercancías con diversas tribus menos agresivas. Magallanes se esforzó en ofrecer una imagen pacificadora, consciente que aquellas tierras por él descubiertas formarían parte en el futuro de su jurisdicción para el gobierno de las mismas, tal como estaba estipulado en las capitulaciones acordadas con el Emperador. Además, la experiencia aconsejaba fomentar las alianzas con aquellos pueblos mediante intercambios comerciales que patrocinaran la llegada de nuevas expediciones. Guam y el resto de islas del archipiélago mariano no tenían una importancia estratégica en las rutas comerciales hacia las islas de las Especias. Ni siquiera brindaba puerto seguro a los navíos en su ruta hacia el archipiélago filipino, dado el carácter de su orografía. Pero su posición geográfica, permitía al menos una escala para avituallar a las expediciones españolas en su avance por el Pacífico.

Autor: José María González de Diego para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Historia de América. Carlos Malamud. Alianza Editorial

Magallanes. Un noble capitán. Charles Mc Kew Parr. Editorial Sapientia.

Hernán Cortés, inventor de México (Vol II). Juan Miralles. Biblioteca ABC (Protagonistas de la Historia)

Viajes y descubrimientos en el Mar Pacífico (1943-1947). Instituto Histórico de Marina

Internet:

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