La batalla de Tanagra, Esparta versus Atenas(II)

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La batalla de Tanagra se fue fraguando tal y como vimos en la primera parte del conflicto (ver artículo I), los espartanos acuden a defender la Dóride, su cuna mitológica y ancestral, de un ataque de los focenses. En esta ocasión se sabe con certeza que es la “Liga del Peloponeso” (concepto moderno para referirse a los espartanos y sus aliados) quien entra en liza.
Mil quinientos hoplitas lacedemonios y diez mil aliados hacen que los focenses devuelvan las tierras arrebatadas a los dorios. Esta fenomenal fuerza se encontraba comandada por Nicomedes, regente del rey Plistoanacte, hijo de Pausanias. Semejante ejército parece enviado a la zona más por el comienzo de los “Muros Largos” por parte de los atenienses que por el asunto focense. Sin embargo las fuentes callan una vez más.

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La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra, Liga del Peloponeso

Son los atenienses los que al parecer decidieron moverse, probablemente movidos por el miedo a un ataque peloponesio antes de ver acabadas sus obras de fortificación.

Tampoco se debe descartar el miedo que producía en los atenienses que los aristócratas llamaran a los espartanos, gracias a la proximidad del ejército peloponesio, para que derrocaran la democracia y destruyeran los Muros Largos, pues como hemos visto la construcción de los muros se identificaba con la facción más democrática.

La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra, muros largos

Este miedo siempre existió en Atenas, y es una auténtica pena que no conozcamos más sobre los asuntos internos de la ciudad ática en estas fechas, pues con Cimón, el líder aristócrata, en el ostracismo, y Efialtes, el líder de los demócratas, asesinado, la tensión social en Atenas debía ser muy alta por esas fechas. Era habitual que las discusiones políticas en el ágora o en la pnix acabasen en trifulca. No olvidemos que la visión de una Atenas ideal y filosófica es una visión moderna e idealizada muy alejada de la realidad.

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La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra, Monte Gerania

Ante esta situación, los atenienses cerraron el istmo que une el Peloponeso con el resto de Grecia a la altura del puerto megarense que mantenían ocupado, Pegas, y mandaron tropas al monte Gerania. Este se trata de un característico peñasco griego salpicado de olivos silvestres y con una cima pelada de roca gris castigada por el calor. El monte Gerania gana altura de manera muy abrupta, no en vano se eleva hasta los 1.300 metros, y ofrece una perspectiva única de toda la Megáride (en la actualidad está coronado por una gran antena y acoge carreras a pie de tipo extremo).

Por lo tanto Nicomedes condujo a su ejército a la llanura beocia, y así poder pensar el siguiente paso,  y porque no, en caso de combate asegurarse un lugar propicio para desplegar sin problemas sus hoplitas. La alianza firmada con Argos dio entonces sus frutos para Atenas, pues estos acompañaron a los atenienses y sus aliados en el avance hacia el norte. Diez mil argivos, cuatro mil atenienses y aliados (hay que recordad que Atenas mantiene tropas en Egipto y Egina) y algunos escuadrones de caballería tesalia, se opondrían al ejército peloponesio que se encontraba cerca de Tanagra.

La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra, Hoplita espartano

La batalla de Tanagra

No sabemos la disposición de los ejércitos, pero es más que probable que los argivos ocuparan el ala derecha al ser los más numerosos y porque los atenienses aportaban tropas de poca calidad. Por su parte entre los peloponesios es seguro que la derecha fue ocupada por los espartanos, como era costumbre en la Liga del Peloponeso. El ala derecha en las formaciones de falange hoplítica era crucial, pues los infantes mostraban su flanco más débil, el diestro, ya que embrazaban los escudos con el brazo izquierdo, de ahí que se dispusieran en ese flanco las mejores tropas, o en su defecto, como en este caso con los argivos, el aliado que más número de tropas aportara.

La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra

El combate fue igualado y duro, como solía ser un combate entre hoplitas si ninguno de los dos bandos cedía pronto. Por lo que se puede adivinar del relato de las fuentes, los espartanos estarían consiguiendo definir la batalla hacia su lado, cuestión de la que se percatarían los escuadrones de caballería tesalios, que cambiaron entonces de bando. Este hecho fue clave, pues al comenzar la huida, los atenienses y sus aliados tuvieron que soportar el acoso de la caballería, la cual le resultaba muy fácil dar caza a los hoplitas no organizados, sino en desbandada.

La batalla de Tanagra
La batalla de Tanagra, Guerra del Peloponeso

Los peloponesios consiguieron así una victoria igualada y sufrida, no en vano los dos bandos encajaron muchas bajas, pero victoria al fin y al cabo. Sin embargo no supieron aprovechar el triunfo de manera suficiente, pues se precipitaron en volver a sus hogares. Se ha de suponer que el monte Gerania, en la zona de la Megáride y que los atenienses habían ocupado, se encontraba ahora sin tropas porque Atenas había sacado precisamente de esas zonas las tropas necesarias para la batalla de Tanagra. Y, ¿por qué decimos que los espartanos y los peloponesios no sacaron rédito de la victoria?, pues porque esa precipitada huida dio la impresión a los atenienses que los espartanos mostraban una vez más debilidad al salir del Peloponeso, lo que los animó a volver a la zona tan sólo sesenta y dos días después. Mirónides, general ateniense de grandes capacidades, los condujo a la victoria ante los beocios en la batalla de Enófita, reestableciendo la preponderancia ateniense en Beocia.

El conflicto se extendería aún por varios años más, hasta el 451 aC., cuando se firmaría con los espartanos y sus aliados una tregua de cinco años, y sin duda por la influencia de un Cimón ya vuelto a Atenas de su ostracismo.

La batalla de Tanagra no ha pasado a la historia con la magnificencia de otras batallas, pero si que fue la primera ocasión donde dos maneras de afrontar lo que significaba ser griego cruzaron sus lanzas, fue donde atenienses y espartanos se contemplaron por primera vez como enemigos a través de los visores de sus cascos.

Autor: Rafael Velis Ferre para revistadehistoria.es

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