El entrenamiento de las Legiones de Roma

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 El entrenamiento de las Legiones de Roma era tan duro que se decía que lo único que diferenciaba un entrenamiento de una batalla era la ausencia de sangre. Cuando el legionario bisoño o “tyrón” llegaba por primera vez al campamento, se ponía a las órdenes de un “optio” y afrontaba cuatro largos meses de entrenamiento físico.

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El entrenamiento de las Legiones de Roma

 Lo primero que aprendían los aspirantes a legionarios era a desfilar marcando el paso. Luego comenzaban los ejercicios físicos, que eran extremos, y no se detenían por causa de inclemencias ambientales, para ello los cuarteles y campamentos romanos disponían de amplios espacios techados donde seguir entrenando.

En el entrenamiento de las Legiones de Roma todo estaba pensado, primero acostumbraban a los reclutas a hacer marchas de 30 kilómetros y cuando lo conseguían les pedían que marchasen 36 kilómetros cargados con todo su equipo militar además de los utensilios de cocina y de instrumentos para cavar y construir, estacas incluidas, pues al finalizar la marcha, debían construir el obligado campamento defensivo fortificado protegido por terraplenes y fosos. 

También debían levantar grandes pesos, y aprendían a nadar, siendo una de las últimas pruebas físicas que debían superar la de cruzar un río a nado vestidos con toda su impedimenta (coraza, escudo y todas sus armas). El entrenamiento de las Legiones de Roma también incluía aprender a marchar en formación y a realizar las tan efectivas formaciones de combate romanas. Sólo cuando la tropa estaba en óptima forma física comenzaba la instrucción en el manejo de las armas legionarias.

El entrenamiento de las Legiones de Roma
El entrenamiento de las Legiones de Roma

Primero les daban espadas de madera y escudos de mimbre con pesos de refuerzo que hacían que pesasen el doble que los de verdad y se ejercitaban atacando una estaca clavada en el suelo a la que también lanzaban pesadísimas jabalinas. Les enseñaban a atacar de frente con las gladios, sin describir arcos, es decir aprendían a atacar con estocadas, en vez de a cortar, utilizando las afiladas puntas de sus Gladios:

«Una estocada, aunque penetre solo cinco centímetros, por lo general es mortal» Vegecio Tomo I

Sólo tras mucho tiempo entrenando les dejaban empezar a empuñar armas de verdad, eso sí,  forradas de cuero para evitar accidentes, armas que de repente eran mucho más ligeras que las pesadas armas de madera de los entrenamientos. Tan severa disciplina era el secreto de la increíble efectividad de las Legiones de Roma.

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