La sordera en la Prehistoria y en la Antigüedad

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En la prehistoria se tienen suficientes conocimientos acerca de la evolución del hombre como género, pero sin embargo no disponemos de mucha información sobre las personas sordas en este periodo.

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Pero gracias a la Arqueología y la Antropología, es sabido que las personas con algún defecto físico eran consideradas como semidioses y eran ayudados por el grupo para poder sobrevivir.

La sordera en la Prehistoria y en la Antigüedad

Ésto se sabe por la forma que fueron enterrados estos individuos: posición fetal y con restos de polen de flores. Estos argumentos hacen asociar que estos individuos fueran venerados tanto en vida como en su muerte, porque es posible que cumpliera algunas funciones en la tribu como la de hechiceros.

Ilustración 1.- Tipo de enterramientos en posición fetal[1]

Acerca de los cuatro factores que condicionan el grado de aceptación y resistencia, el focus, lo que predominaba en las culturas prehistóricas, creemos que eran por un lado las creencias espirituales y por otro el carácter utilitarista para hacer que el grupo funcionase correctamente, siempre que cada uno de sus  miembros cumplieran la función encomendada. En los clanes prehistóricos el grupo simplemente no podría sobrevivir solo y de manera autónoma.

Aunque es cierto que en esta época el sentido de la vista, del olfato y del oído adquirían una gran importancia en la búsqueda de alimentos y alertaban de peligros como la presencia de animales depredadores o catástrofes naturales. Por ello, el hecho de ser sordo no era para nada una ventaja sino todo lo contrario.

En la Sima de los Huesos se observó en un cráneo (en el número 4) de uno de los homínidos (Homo Hedilbergensis), una severa hiperostosis del conducto auditivo externo bilateral provocando, como consecuencia, la sordera[2]. Este individuo es la persona sorda más antigua conocida[3]:

Ilustración 2.-© Javier Trueba: Madrid Scientific Films: Homo Hedilbergensis[4]

Ilustración 3.- Cráneo 4 del Homo Hedilbergenisis[5]

Ilustración 4.-© Javier Trueba: Madrid Scientific Films: Los fósiles de la Sima de los Huesos, incluido el cráneo número 4[6].

El cráneo 4 bautizado como Agamenón presenta los canales auditivos tapados, por lo que inferimos en una sordera antigua.

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En la necrópolis de Cádiz se detectaron individuos pertenecientes a época púnica y romana con problemas auditivos severos[7]. Las patologías detectadas son las siguientes: exóstosis de conducto auditivo externo, otomastoiditis media crónica, síndrome de Treacher-Collins y Colesteatoma. Siendo la población femenina la más afectada con un 18% frente al 10% de la población masculina. Hubo sordomudez detectada a consecuencia del padecimiento del Síndrome Treacher-Collins; y, además, la afectación hallada en el oído medio por la otitis media, así como el colesteatoma, debieron de producir una pronunciada pérdida de audición en estos individuos.

En la mentalidad antigua se pensaba que el sordo estaba poseído por los dioses y se le consideraba como una persona indeseable y sin interés para la sociedad, pero a pesar de ello, se le obligaba a la familia a cuidarlo.

En la Antigua India, a través de las disposiciones de Las leyes de Manú (s. I a.n.e) establece que la sordera era un castigo por las faltas cometidas por los antepasados:

“De este modo, según los diferentes actos, nacen hombres despreciados por las gentes de bien, idiotas, mudos, ciegos, sordos y deformes[8].

Ampliado el fragmento por Isabel Gutiérrez[9], en su Introducción a la historia de la logopedia,  :

“Los hombres idiotas, mudos, ciegos, sordos, … la gente de avanzada edad, las mujeres y los bárbaros, los enfermos y los lisiados, deber ser excluidos en el momento de la deliberación”.

Será en la época egipcia cuando encontremos más información sobre la población sorda. Gracias  a los jeroglíficos egipcios fechados en el 2450 a.n.e. sabemos de la existencia de un anciano escriba llamado Phahhotep, visir del rey Isesi (V dinastía) que se lamenta por haber perdido el oído a consecuencia de la edad:

“¡Señor, dueño mío! La vejez ha llegado, la edad mayor ha llegado, la desdicha está ahí; la debilidad reaparece y por ello hay que estar acostado todo el día; la vista baja, los oídos están sordos, la fuerza falla debido al cansancio; la boca está callada y ya no puede hablar, el espíritu tiene ausencias y no se acuerda de ayer, los huesos me hacen sufrir por todas partes, lo que era bueno se ha vuelto malo, todo ha desaparecido; la nariz obturada ya no puede respirar; seguir en pie, sentarse: todo es fatigoso.¡Lo que la vejez hace a los hombres es malo en todos los aspectos!”[10].

A continuación exponemos el jeroglífico original:

Ilustración 5.-©Egiptomania.com. Extracto que fue traducido al castellano por Matt Whealton[11]

Los egipcios tenían una fe absoluta en el origen divino del sonido y en su poder creador. La música estaba representada en la diosa Hathor y por ello no es de extrañar el valor tan significativo que obtenía la música en esta época, no solo en rituales religiosos sino también en la vida cotidiana de los egipcios. Catalina Simonet en su artículo denominado “La Influencia de la música en el ser humano” habla del carácter sanador que adquiere la música en la vida cotidiana de esta sociedad ancestral y como a través de la música se canaliza la energía del trabajo y mantiene el ánimo alegre, además de servir como terapia en la curación de diferentes enfermedades[12]. La música lo cura todo. Por ello las personas con problemas auditivos en el Antiguo Egipto practicaban la música para desarrollar el sentido de la audición e integrarse con el resto de la sociedad egipcia.

En Grecia y en Roma era sabido de los infanticidios que se cometía bien por razones religiosas, con los niños que nacían discapacitados y despertaban la cólera de los dioses o bien por algún castigo o sacrificio.

Para los romanos y los griegos los sordos eran seres imperfectos, sin derechos a pertenecer a la sociedad y por ello eran castigados por los dioses. Tanto es así que Séneca compara a los niños discapacitados como monstruos, animales:               

“Se matan perros cuanto tienen la rabia; exterminan toros bravos; se cortan las cabezas de las ovejas enfermas para que las demás no sean contaminadas; matamos los fetos y los recién nacidos monstruosos; si nacieran defectuosos y monstruosos los ahogamos, no debido al odio, pero sí a la razón, para distinguir las cosas inútiles de las saludables” (Séneca, 360 a.n.e.). 

No sólo Séneca defendía el infanticidio y el abandono sino también Aristóteles y Platón:

“Sobre el abandono y la crianza de los hijos, una ley debe prohibir que se críe a ninguno que esté lisiado” (La Política, Aristóteles)[13].

En una sociedad como Roma y Grecia, grandes ciudades-Estados, dedicadas principalmente a la milicia desde que nacían, no había cabida para seres imperfectos. Sencillamente eran eliminados de la sociedad y así lo recoge Plutarco en su Licurgo, XVI 1-2[14]:

Un padre no era el dueño de la crianza  de su hijo. Una vez que había nacido lo llevaba a un lugar llamado Lesque, en el que se reunían en asamblea los más antiguos de cada tribu. Lo examinaban y si estaba  bien conformado, si manifestaba vigor, ordenaban que se le alimentase y le asignaban como herencia una de las nueve mil parcelas de tierra. Si era contrahecho o de débil constitución, ordenaban arrojarlo a un precipicio al pie del  monte Taigeto, que se llamaba Apothetes. Consideraban que estando destinado desde su nacimiento a no tener ni fuerza ni salud, no merecía la pena ni para él mismo ni para el estado dejarle con vida.”

Tanto Hipócrates, Platón, Aristóteles, Lucrecio, Plinio el Viejo y Galeno pensaban que el sordo también era mudo y por tanto no había posibilidad alguna de instruirlo. Para Aristóteles la audición era primordial para el conocimiento, ya que el aprendizaje se da a través del discurso[15].

Claudio I fue un gran ejemplo de exclusión social. Permaneció apartado del poder por sus deficiencias físicas, cojera y tartamudez y sordera hasta que su sobrino Calígula lo nombró cónsul y senador.

Su madre se refería a él como un “monstruo”. Pero a pesar del maltrato psicológico al que fue sometido durante toda su infancia, consiguió en su adolescencia superar sus dificultades y miedos, consiguiendo el clamor de la plebe y convirtiéndose en un gran general de legiones. Todo un ejemplo de superación a pesar de las dificultades que se encontró durante toda su infancia. Se refugio en los estudios y de forma inesperada, cuando Calígula falleció, fue nombrado emperador por los centuriones, y así se convirtió en la persona más poderosa de Roma.

Otro ejemplo de superación y aprendizaje de un sordo en época romana lo tenemos en el sobrino-nieto de Marco Valerio Mesala Corvino. Quinto Pedio[16] nació sordo y fue educado por su tío- abuelo Marco Valerio. De él habla Plinio el Viejo:

“P. Pedio tenía un nieto, quién se muda desde su nacimiento. El orador Mesala, a cuya familia pertenecía a su abuela, recomienda que debe ser educado mo pintor, una propuesta que fue aprobada también por el último Emperador, Augusto. Murió, sin embargo, en su juventud, después de haber hecho un gran progreso en el arte”[17].

 


Como vemos la mentalidad comienza a cambiar y Quinto Pedio es el primer sordo instruido. Su padre lo aceptó tal como era y le brindó la posibilidad de instruirlo en las enseñanzas para que tuviera un futuro prometedor, aunque finalmente murió a los 13 años.

No obstante, Marco Valerio Mesala Corvino tuvo que obtener el permiso del emperador Augusto para poder instruir en el arte a su sobrino-nieto. A pesar de que falleció a muy temprana edad, a Quinto Pedio se le recuerda como talentoso pintor de la época y sobre todo por haber sido el primer niño sordo que recuerda la historia que fue educado.

Autor: Carolina Caramés Posada para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

[1]En: https://2012profeciasmayasfindelmundo.wordpress.com/tag/arqueologia/

[2]En: http://www.atapuerca.tv/atapuerca/fosiles_huesos.php página web de Juan Luis Arsuaga y el Equipo de Investigación Centro UCM – ISCIII.

[3]Carahttp://www.atapuerca.tv/atapuerca/fosiles_huesos.phpmés Posada, C. y Carbonell Alfonseca, C, “Historia de la Sordera desde la Antigüedad hasta la Actualidad”, Nonnullus: Revisita digital de Historia, 2012 nº 10, p. 63.

[4]En: http://www.atapuerca.tv/atapuerca/fosiles_huesos.php página web de Juan Luis Arsuaga y el Equipo de Investigación Centro UCM – ISCIII.

[5]En: http://www.elnortedecastilla.es/culturas/201605/10/craneo-hallado-atapuerca-muestra-20160510102307.html

[6]En: http://www.atapuerca.tv/atapuerca/fosiles_huesos.php página web de Juan Luis Arsuaga y el Equipo de Investigación Centro UCM – ISCIII.

[7]Estos trabajos han sido investigados por M. Macias López y otros. Está publicada la comunicación en un Congreso de Paleopatología celebrado en Cádiz titulada “Enfermedades otológicas halladas en una muestra de población púnica y romana de Cádiz”.

[8]Leyes de Manú. Instituciones Religiosas y Civiles de la India. Versión Castellana de V. García Calderón, de la Tradución el sáncrito al francés de A. Loiseleur Deslongchamps. P. 393.

[9]Isabel Gutiérrez, “Introducción a la Historia de la Logopedia”, p 27, Edit. Narcea, s.a de ediciones Madrid, 1997. Refleja un fragmento de las Leyes de Manú.

[10]En: http://www.egiptomania.com/jeroglificos/practica/xptah_0.htm. Extracto que fue traducido al castelano por Matt Whealton

[11]En: http://www.egiptomania.com/jeroglificos/practica/xptah_0.htm

[12]Catalina Simonet, “La Influencia de la música en el ser humano”, p. 65 Palma de Mallorca, 2012

[13]Fernández Iglesias, J.L., “Historia, discapacidad y valía” en: La imagen social de las personas con discapacidad, CINCA, 2008, p.182.

[14]Pasaje recogido en: http://es.antiquitatem.com/eeducacion-de-sordos-plinio-infanticidio

[15]AAVV., “La Construcción de los sujetos sordos desde los discursos educativos vigentes”, Universidad Nacional de la Plata, 2004.

[16]Foto tomada de http://www.lombardiabeniculturali.it/stampe/schede/CM010-02805/

[17]Caramés Posada, C. y Carbonell Alfonseca, C, “Historia de la Sordera desde la Antigüedad hasta la Actualidad”, Nonnullus: Revisita digital de Historia, 2012 nº 10, p. 70.