Beltrán de la Cueva, Privado de Enrique IV

¡Valora este artículo!
[Total: 50 Media: 3.8]
Tiempo de lectura: 5 minutos

Beltrán de la Cueva nace en Úbeda en 1435. Hijo de Diego Fernández de la Cueva, I vizconde de Huelma y de Mayor Alfonso de Mercado, una familia de nobleza menor de poca fortuna.

Si quieres leer el artículo mas tarde, guárdatelo en PDF y léelo cuando te plazcaDescárgalo Aquí

Su vida empieza a cambiar de forma trascendental desde 1456, cuando se produce el primer encuentro con Enrique IV de Castilla, que había viajado a Andalucía años atrás para continuar la tarea de reconquista que sus antepasados habían dejado inconclusa.

Beltrán de la Cueva, Privado de Enrique IV

El rey y su séquito se hospedaron en la casa de los padres de Beltrán de la Cueva y fue muy bien agasajado. Como agradecimiento, Enrique IV ofrece el puesto de paje de la corte al primogénito de la familia, pero su padre propone a su segundo hijo, Beltrán, para el puesto, ya que el hijo mayor debía permanecer al lado de su padre con el fin de heredar su hacienda.

En 1458 Beltrán de la Cueva fue nombrado mayordomo y maestresala en la corte de Enrique IV, y en 1459, con 24 años, ya formaba parte de la Orden de Santiago con el cargo de comendador de Uclés. El rey quería estar rodeado de un grupo de jóvenes de su confianza. Entre ellos estaban Beltrán de la Cueva, Miguel Lucas de Iranzo (futuro condestable de Castilla) y Juan de Valenzuela, con el propósito de contrarrestar la excesiva influencia del marqués de Villena (Juan Pacheco) y de otros nobles.

Al principio, Beltrán de la Cueva fue considerado un político de escaso valor que solo servía para organizar fiestas e intrigas cortesanas. Una vez convertido en mayordomo mayor, empieza a recibir constantes ataques y presiones por parte de la nobleza dominante. Aumentan las envidias y recelos de los nobles contra Beltrán de la Cueva por ser el favorito del rey.

Su carácter brillante y su gentil talante preocupaban a la nobleza, que no veía con buenos ojos la idea de que Beltrán pudiera llegar a convertirse en un segundo Álvaro de Luna. La nobleza rebelde, encabezada por Juan Pacheco (el marqués de Villena, privado real), no tolera la situación y lanza la calumnia contra Beltrán haciendo correr el rumor de las supuestas relaciones íntimas con la reina Juana (de ahí el sobrenombre de la Beltraneja, con el que pasará a la historia).

En 1460 le fue concedida la tenencia de la fortaleza de Carmona y el castillo de Ágreda. En 1461, con 26 años de edad, entra en el Consejo Real, desplazando a Juan Pacheco y provocando un gran descontento en la corte que va a conducir a una especie de guerra civil contra la corona.

El rey seguirá concediendo villas a Beltrán de la Cueva y en 1462 le nombra conde de Ledesma y le concede el señorío de Mombeltrán y de Cabra. En el mismo año nace la hija del rey, Juana. Deja la mayordomía a Andrés Cabrera. Beltrán es ya uno de los grandes del reino. En 1461, cuando los Mendoza fueron expulsados de Guadalajara por el marqués de Villena, a causa de la herencia de Álvaro de Luna, Beltrán interviene ante el rey y logra la reconciliación y la restauración de sus señoríos.

Comienza la buena y estrecha relación de Beltrán con la familia Mendoza a raíz de este suceso. Por mediación regia se concierta el matrimonio con Mencía de Mendoza, hija del marqués de Santillana, Diego Hurtado de Mendoza, y se convierte en yerno del marqués y miembro de la familia Mendoza. En 1463, cuando el rey realiza el viaje a Andalucía para restablecer el prestigio de la corona enmendando los desórdenes en la zona, Beltrán desempeña el papel de consejero de confianza. También organiza las fiestas para el encuentro con Alfonso V de Portugal en Gibraltar. Castilla y Portugal unen su política concertando el matrimonio de la infanta Isabel (futura Isabel la Católica), de doce años, con Alfonso V, viudo de Isabel de Coimbra.

Contra este acuerdo la liga nobiliaria rebelde, dirigida por Juan Pacheco y su tío Alonso Carrillo, denuncian y acusan a Beltrán de la Cueva de haberse apoderado de la voluntad del rey. Las denuncias llegan hasta el papa. En 1464, a pesar de todo, el monarca acuerda la investidura del conde de Ledesma como maestre de la Orden de Santiago, título que correspondía a Alfonso, hermano del rey, según el testamento de su padre Juan II de Castilla.

La ira de la liga nobiliaria estalla con rencores y envidias que se propagan por la nobleza en general. Intentan desacreditar a Beltrán con el rumor de las relaciones íntimas con la reina y desprestigiar al rey. Ante la fuerte presión nobiliaria, el monarca cede, desplaza a Beltrán de su lado y le desposee del cargo de maestre de Santiago. Beltrán de la Cueva fue expulsado de la corte, pero el rey le compensa con la entrega del título de duque de Alburquerque, concediéndole Roa, Aranda, Molina, Atienza y Peñalcázar. Además le otorga una renta de 2 450 000 maravedíes que supera la de cualquier otro noble.

Beltrán se despide, pero Enrique IV anula la orden de destierro e incrementa sus señoríos: Cuéllar se convierte en plaza de armas de Beltrán, donde se reunirán los partidarios de la reina Juana de Portugal y de su hija Juana la Beltraneja para conseguir el apoyo de Portugal, apoyo obtenido gracias a que la reina era hermana de Alfonso V.

Su ausencia en la corte fue corta porque volvió al lado del rey en 1465, cuando ocurrió la farsa de Ávila en la que la liga nobiliaria destronó a Enrique IV y proclamó a Alfonso como nuevo rey. En 1467 participa en la segunda batalla de Olmedo. A pesar de que las tropas de Beltrán de la Cueva aseguraban el triunfo de Enrique IV, este vuelve a mostrar su debilidad y acepta una nueva negociación con Pacheco, que le ofreció la recuperación de la corona y la renuncia de Alfonso a cambio del destierro de Beltrán y de la eliminación política de la reina.

La reina se entrega a la custodia de los Fonseca en el castillo de Alaejos y Beltrán se retira a Cuéllar. Durante la guerra civil por la sucesión entre los bandos isabelino y juanista, Beltrán no tomó partido por su supuesta hija, sino que apoyó, junto con la familia Mendoza, al bando isabelino.

Hasta su muerte en 1492 participó en la guerra de Granada apoyando a los Reyes Católicos. Tuvo seis descendientes con Mencía de Mendoza, su primera mujer, con la que se había casado en 1462. Al quedar viudo contrae el segundo matrimonio, en 1476, con Mencía Enríquez de Toledo, hija de García Álvarez de Toledo, primer duque de Alba. Con ella tuvo un hijo. Se casa en terceras nupcias con María de Velasco y Mendoza, viuda de Pacheco, con la que tendrá dos vástagos.

Tuvo además dos hijos naturales, por lo que en total su descendencia fue de once hijos. No existen pruebas de su paternidad respecto a Juana la Beltraneja. Pudo ser solo un rumor creado por sus enemigos. No se sabe con certeza si pudieron tener lugar las relaciones con la reina dentro de la propia corte.

La reacción de Beltrán de la Cueva ante la guerra de Sucesión, en la que no apoyó al bando de Juana, puede ser indicio de que en realidad no era su padre, aunque esa actitud también puede tener otra interpretación: que, precisamente por ser su hija, sabía que no le correspondía el trono y como buen súbdito apoyó a Isabel.

Autor: Yutaka Suzuki para revistadehistoria.es

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí

Si quieres leer el artículo mas tarde, guárdatelo en PDF y léelo cuando te plazcaDescárgalo Aquí

¿Nos invitas a un café?

Si quieres donar el importe de un café y “Adoptar un Historiador”, incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:




También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:

Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico

 

Bibliografía:
Yutaka Suzuki  Personajes del siglo xv, Orígenes del Imperio español. ISBN 9788460690399