Don Pelayo

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Tras la derrota de los visigodos por los árabes en la Batalla de Guadalete en el año 711 y la muerte de Rodrigo, Pelayo llevándose con él a su familia, se dirigió hacia el Norte de la Península.

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Es muy posible que Pelayo viviera en Asturias como un simple particular, pues ni su rango ni su genealogía le permitían erigirse en caudillo de los refugiados godos.

Pelayo

Los cristianos, aterrados por la fulminante conquista de árabes y bereberes, buscaron refugio en las intrincadas montañas asturianas, hasta cuyos reductos les era difícil llegar a los invasores. Durante varios años las bandas armadas que se iban formando bajaban al llano haciendo incursiones contra los asentamientos árabes. En una de estas razzias, Pelayo fue hecho prisionero y fue llevado a Córdoba, donde gobernaba Al-Hurr, pero logró escaparse y volver nuevamente a Asturias. Poco después, Pelayo, aclamado por decisión popular, en una asamblea celebrada al estilo godo, asumió la Jefatura, con toda probabilidad en el año 718.

Las continuas escaramuzas de los hombres de Pelayo contra destacamentos árabes obligaron al wali de Al-Ándalus, Al-Hurr, a enviar una expedición de castigo al mando de Al-Kama. En esta confrontación, Pelayo sufrió fuertes pérdidas, pero logró retirarse aprovechando lo abrupto del terreno.

Las tropas musulmanas le persiguieron, pero perdidos en las estrechas gargantas de los Picos de Europa, optaron por retirarse y buscar un camino que los llevara al llano. Pelayo y sus hombres se fortificaron en una gruta, que recibiría el nombre de Covadonga, al Este del monte Auseva, muy cerca de Cangas de Onís, que domina un desfiladero por el que discurre el río Deva. Cuando los árabes aparecieron en el desfiladero, los astures, desde lo alto del monte, arrojaron grandes piedras, al mismo tiempo que una nube de flechas caía sobre el destacamento musulmán. Incapacitados para maniobrar en terreno tan estrecho, diezmados, los árabes iniciaron la retirada, más, en ese momento, estalló una fuerte tormenta y el Deva, crecido por las torrenciales lluvias, se convirtió en un impetuoso río que arrastró lo que quedaba del destacamento musulmán.

El Gobernador musulmán de Gijón, Muruza, se lanzó en busca de Pelayo, que se había escondido en las montañas asturianas donde, a media altura se abre la garganta inexpugnable de Covadonga. Ante las dificultades que presentaba la orografía de la zona, confió en que el obispo Oppas negociara con Pelayo, y le convenciera para que cesara en su actitud.  El obispo Oppas le dijo:

Escucha mi consejo y vuelve tu ánimo de tu decisión, para que poseas muchos bienes y disfrutes del consorcio de los árabes.

Pero Pelayo le contestó:

No quiero amistad con los sarracenos, ni sujetarme a su imperio; porque ¿no sabes tú que la Iglesia de Dios se compara a la Luna, que estando eclipsada vuelve a su plenitud? Confiamos, pues, en la misericordia de Dios, que de este monte que ves saldrá la salud a España. Tú y tus hermanos, con Julián, ministro de Satanás, determinasteis entregar a esas gentes el reino de los godos; pero nosotros, teniendo por abogado ante Dios Padre a nuestro Señor Jesucristo, despreciamos a esa multitud de paganos, en cuyo nombre vienes, y por la intercesión de la Madre de Dios, que es Madre de misericordia, creemos que esta reducida gente de 105 godos ha de crecer y aumentar tanto como semillas salen de un pequeñísimo grano de mostaza.

Oppas se dirigió al Ejército árabe para decirles:

Marchad hacia la cueva (Covadonga) y luchad, que, si no es por medio de la espada, nada podremos conseguir de él

Pelayo se preparó para la embestida final musulmana, y comenzó a hacer retroceder a los islámicos. Oppas, el obispo que habló de paz a los cristianos, y que había traicionado al Rey Rodrigo, en 711, fue hecho prisionero en el mismo campo de batalla. Era el año 722.

La refriega de Covadonga, a la que no se puede dar el nombre de batalla, ocurrió el 28 de mayo del 733. Para los árabes carecía de interés la ocupación de tierras tan agrestes. Sus miras, en esos años, se dirigían hacia la Galia Narbonense, todavía en poder visigodo, pero para Pelayo y sus hombres la victoria de Covadonga fue muy importante, al ser la primera vez que los cristianos vencían al Islam, siendo su eco tan fuerte que dio lugar al inicio de un Reino y de un Reinado.

Pelayo fijó su capital en Cangas de Onís, no teniendo noticias de que efectuara otras acciones bélicas, sino que se dedicó a consolidar la naciente Monarquía. Los árabes tardaron años en frecuentar estos montañosos parajes, máxime, cuando en el año 732 sufrieron la gran derrota de Poitiers, en la que el Gobernador de Al-Ándalus, Abd al-Rahmán Ibn Abd Allah al-Gafiqui, perdió la vida al frente de sus tropas.

Pelayo, se casó con Candiosa o Frandiosa, de la que tuvo un hijo, Favila o Fáfila, y una hija, Ermesinda, que se casó con Alfonso, que posteriormente fue Rey de Asturias. Pelayo falleció en el año 737.

Autor: José Alberto Cepas Palanca para revistadehistoria.es

Lee más sobre el autor en:  sites.google.com/site/joseacepas/

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Bibliografía

DE LA CIERVA, Ricardo. Historia total de España.

ORLANDIS, José. La vida en España en tiempos de los godos.

ALVAR, Jaime. Historia de España y América.

RÍOS MAZCARELLE, Manuel. Diccionario de los Reyes de España.