La Torre de Ressemblanch y la defensa contra la piratería berberisca

Vinculado al entramado defensivo de la ciudad y campo de Elche, la Torre de Ressemblanch, declarada como monumento histórico-artístico de interés local ( O.M. 14 de septiembre de 1975), constituye una edificación singular que podemos datar  aproximadamente entre finales del siglo XV y principios del XVI.

La Torre de Ressemblanch y la defensa contra la piratería berberisca

Su construcción, como la de otras torres, está vinculada a las frecuentes incursiones de la piratería berberisca, que tras desembarcar en las costas cercanas, solía asolar también territorios más al interior, antes de escapar con un cuantioso botín. Un ejemplo destacable aparece a principios del siglo XVI, cuando la ciudad y sus costas sufrieron frecuentes actos de saqueo, destacando el de las hordas del pirata Barbarroja que ya en 1534 conquista Argel i tras ser nombrado almirante de la armada turca pone en peligro las fronteras marítimas de la corona hispánica, en especial las del Reino de Valencia.

Barbarroja y su sucesor el pirata Dragut siembran el terror formando parte de la memoria colectiva a través de mitos y leyendas de los pueblos de la costa. El imperio otomano amenazaba también a todo el mediterráneo occidental por entonces y barcos norteafricanos practicaban el corso y la piratería con asiduidad.

El año 1552 fue catastrófico con la incursión de Salah Rais que llega hasta la playa del Pinet, mal defendida, se percata de que a pesar de la presencia de algunos vigías de guarida, las costas están mal defendidas y es capaz de llegar hasta Elche y capturar un cuantioso botín, incluyendo también el secuestro de personas. A partir de entonces, en 1554 se redactan las ordenanzas para la vigilancia y defensas de las costas del Reino de Valencia, conocido también como Resguardo de la Costa, que sirvió de modelo para otras costas de la corona.  Financiado en parte con el impuesto de la seda, se van a reforzar las defensas que había y después de inspeccionar a fondo la zona se ordena construir torres  nuevas.

Para resguardar también a las poblaciones del interior costero se encargan a prestigiosos ingenieros militares, como Juan Bautista Antonelli o Giovanni Batista Calvi o los Fratin y Vespasiano Gonzaga, la erección, de nueva planta o refuerzo de un cinturón de torres de defensa, destacando la construcción del Castillo de Santa Pola como forma de defender el “puerto antiguo de Elche”, sobre una  antigua torre medieval en 1557 por el entonces marqués de Elche, Bernardino de Cárdenas, en ese momento también virrey de Valencia.   Maqueda construyó y remodeló varias torres en la zona meridional del litoral valenciano,  reparando y artillando la muralla de Guardamar. Dichas ordenanzas especificaban el modo de  hacer y transmitir las señales o “almenaras” de una torre a otra. Estas ordenanzas permanecerían en vigor con ciertas modificaciones hasta 1673.

Como forma de vigilar la llegada de estos saqueadores se diseñó un complejo sistema de torres y torreones que habitados por vigías avisaban mediante fogatas y hogueras a las más próximas (fuego y humo por la noche) transmitiendo de esta forma tan rudimentaria la señal para que la población tuviese tiempo de preparar su defensa o escapar hacia el interior.

La Torre de Ressemblanch, conocida popularmente en la ciudad como la Torreta, es un elemento patrimonial destacado dentro del palmeral histórico, patrimonio de la humanidad. No en vano se encuentra enclavada dentro de un huerto de palmeras que lleva su  nombre (La Torreta o Ressemblanch).  Está situada al borde de lo que era el camino que daba entrada a la ciudad por el sur y que la comunicaba con su campo, conocido como camí del Alborrocat, posible paso de la Vía Augusta romana, junto a la acequia mayor del pantano en su tramo final urbano que permite la irrigación del entramado vegetal de la ciudad. Retratada por dibujantes y fotógrafos desde hace siglos, se hallaba junto al molino de la veta (por el huerto que hay enfrente, del mismo nombre y del que quedan restos arqueológicos) que era movido por las aguas de la acequia y que fue derruido décadas atrás. Posteriormente en ese espacio se construyó una fábrica de lonas, cintas y alpargatas, igualmente conocida por el mismo nombre.

Desde el sur, torre, molino, acequia y palmeras conformaban una de las vistas más significativas de la ciudad. Desde su posición la torre de Ressemblanch se erige como baluarte que controla la entrada a la ciudad por huerta histórica.

El edificio posee planta cuadrada, con una escalera de caracol de ladrillo y yeso, situada en una de sus esquinas, rematada en la cubierta con un cupulín originalmente de color rojo por el que se accede al exterior. Los muros, a plomo, son de mampostería irregular formada por piedras calizas y aparejadas con mortero de cal y grava de tonalidad blanquecina, con escasos vanos en la fachada, lo que incrementa su aspecto macizo y defensivo. Estos vanos, rectangulares y adintelados, son de sillería, así como los sillares encadenados de las esquinas que están rematados con una corsera, de la que sólo conservan sus modillones, contribuyendo todo ello a dar un gran empaque a la edificación. La base de la torre está levemente alamborada por un plinto macizo con reborde biselado . En la parte superior de la torre quedan restos de ménsulas. En el lado sur destaca un relieve heráldico con el escudo de los Santacilia, familia nobiliaria, señores de Asprillas, antiguos dueños de la torre, emparentados con la nobleza local de los Soler de Cornellá. Uno de los Santacilia más destacados sería el famoso marino, matemático e ingeniero naval, que llegó a ostentar funciones de espionaje para el rey, el ilustrado Jorge Juan y Santacilia.

En su interior, la torre está dividida en un semisótano y tres plantas. En la base de la torre encontramos una bóveda esquifada, presentando una ventana ovalada abierta a ras de suelo. En las demás plantas tenemos vigas de madera y plementería de ladrillo. El acceso al interior se produce a través de una puerta arquitrabada en el segundo piso. Todo el conjunto se corona en una terraza a la que se accede por el cupulín reseñado y desde la que se tiene una magnífica perspectiva del palmeral y del camino por el que se accede a Elche, así como de los restos arqueológicos del  antiguo molino y un posible torreón árabe.  En 1987 es reparada y entre 1991 y 1994 rehabilitada por el arquitecto Antonio Serrano Bru.

El origen de su nombre y el huerto que ocupa, Ressemblanch no parece muy claro, aunque la toponimia puede proceder del valenciano antiguo “Rabasamblanc”, Viña blanca. Aunque, como dice la leyenda, es el nombre del dueño, que era árabe. Tenía un criado blanco, al que su señor le solía decir «rese blanc», invitándole a rezar de acuerdo con su religión musulmana, y como aquel se negaba, lo repetía muchas veces levantando la voz tanto que los vecinos de la huerta de al lado lo escuchaban, por lo que la bautizaron como «La Torre de Resseblanc».

La casa anexa a la torre sería derribada, sustituyéndola por el actual edificio que pertenece al centro educativo del IES La Torreta de la ciudad ilicitana. Además, justo enfrente del camino (actual calle curtidores) se encontraba el Molino de la veta (por el huerto junto al que se encontraba) del que quedan restos ya que continúa pasando por allí la acequia Mayor del Pantano.

Los restos podrían remontarse a época islámica pues parece que ya en el siglo XIV un vecino ilicitano solicitaba ponerlo de nuevo en funcionamiento. Junto a la “Torreta” se construyó ese cinturón de torres, algunas todavía en buen estado y otras en estado ruinoso: Torre de Vaíllos, Palombar, Carrús, Estanya, Gaitán, Carrús, que unidas a  las costeras del mencionado castillo de Santa Pola y a las torres del Tamarit, Pinet, Escaletes, Talayola y Carabassí constituyen un completo sistema defensivo anexo a la ciudad de Elche, ejemplo de las fortificaciones que en todo el Mediterráneo trataron de defender a la población y a los municipios y propiedades durante el inicio de la Edad Moderna.

Autor: Luis Pueyo para revistadehistoria.es

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