Diego de Gardoqui, primer embajador Español en EE.UU. y colaborador con los Rebeldes

Diego de Gardoqui, primer embajador Español en EE.UU. y colaborador con los Rebeldes

El final de la Guerra de los 7 años (1756 -1763) supuso la pérdida total de las posesiones francesas en Norteamérica y la de la Florida para España que no obstante recibió el regalo envenenado de la Louisiana con una frontera de miles de kilómetros que guardar. Por contra, el Reino Unido, vencedor en el conflicto, se reafirmaba como la potencia naval dominante de los mares del mundo pero a costa de un inmenso esfuerzo económico que dejó vacías las arcas reales, razón por la cual se decidió incrementar la presión fiscal sobre sus 13 colonias norteamericanas, decisión que prendió la mecha de la insurrección en la zona.

Las potencias perdedoras, Francia y España – sobre todo la primera –  más allá de los borbónicos “Pactos de Familia”, más políticos que familiares, pronto manifestaron sus intenciones de apoyar a los rebeldes, abiertamente en el caso francés y soterradamente en el español por un Carlos III que se debatía entre las intenciones del Conde de Aranda de declarar la guerra a los británicos junto a Francia y las del Conde de Floridablanca  más prudente por temor a las consecuencias que tal rebelión pudiera tener en los territorios hispanos de América. En esta coyuntura la Corona precisaba de hombres resueltos cercanos al teatro de operaciones que les sirvan de informadores e intermediarios y Diego de Gardoqui  iba a ser uno de ellos

Diego de Gardoqui

Nacido en Bilbao, Diego de Gardoqui fue el cuarto de ocho hijos de una familia titular del negocio mercantil de «José de Gardoqui e Hijos» que de ser titular de varios navíos en España e Inglaterra e importadora de bacalao británico pasó en pocos años a ser una empresa clave en el comercio con las colonias americanas del Reino Unido. Diego estudió inglés y contabilidad en Londres y tras la muerte de su padre pasó a encabezar la compañía.

Gardoqui fijó su residencia en Filadelfia convirtiéndose en poco tiempo en un gran conocedor de los asuntos norteamericanos debido a su amplísima red de contactos mercantiles y políticos. Su compañía fletaría numerosas naves desde el puerto de Bilbao, vía La Habana, a los puertos americanos de Salem y Boston, con pequeños bergantines, eficaces y discretos por su reducido tonelaje.

Aires de rebelión

Para entonces, precisamente en Filadelfia, las 13 colonias británicas, asfixiadas por las exigencias tributarias y las limitaciones comerciales impuestas por la metrópoli, dan los primeros pasos para lograr su independencia, si bien convenciéndose de que sin el apoyo de las otras grandes potencias de la época – Francia o España o, mejor aún, ambas – las posibilidades de que su causa prospere ante el poderío británico son prácticamente nulas. Francia se decantará por el apoyo rápidamente, pero el rey Carlos III de España se tomará su tiempo.

Gardoqui apareció por primera vez en asuntos institucionales cuando  fue requerido por Floridablanca para que redactara en inglés y firmara una misiva destinada al representante norteamericano en España, Arthur Lee, que acababa de llegar al país, tratando de convencerle de  que no llegara a la capital ante la posibilidad de que tal hecho y sus intenciones fueran descubiertas por el embajador británico poniendo en peligro la posibilidad de ayuda secreta española a los rebeldes norteamericanos. Gardoqui sirvió también de intérprete en las conversaciones de Burgos entre Lee —que no hablaba español ni francés— y el recién cesado Grimaldi —que no hablaba inglés— pero que había sido expresamente designado por Floridablanca para negociar con los norteamericanos. En esas reuniones se acordó que España, aun no entrando inmediatamente en guerra contra Inglaterra, ayudaría materialmente a los insurgentes con dinero, préstamos y avales —con los que serían adquiridas las mercancías necesarias. Carlos III, conocedor de la fidelidad y discreción de los Gardoqui, utilizó la compañía para ayudar “secretamente” a los rebeldes. El Tesoro Real facilitó cientos de miles de pesos a Diego Gardoqui con los que pagar la compra de armas y material para apoyar a los rebeldes americanos. Una relación de la época recoge que las aportaciones españolas comprendieron: 30.000 mosquetes, con sus correspondientes bayonetas, 512.314 cajas de munición. 251 cañones de bronce. 300.000 libras de pólvora,12.868 granadas, 30.000 uniformes y 4.000 tiendas de campaña; se aportaron así mismo víveres de larga conservación y quinina.

Además Gardoqui pactó en nombre del Tesoro Real la entrega a los rebeldes norteamericanos, entre 1776 y 1779,  de créditos por un importe total de 8 millones de  reales para aprovisionar a las tropas de George Washington y de George Rogers Clark y se envió material de guerra desde Luisiana, Florida, Texas, México y Cuba.

La Guerra de Independencia de las 13 colonias británicas

Estallado ya el conflicto, la red comercial  y  humana de Gardoqui e Hijos se puso al servicio de la causa americana; , Gardoqui e Hijos era ya la encargada de abastecer de armas al Estado de Massachussets, merced a un acuerdo alcanzado por Diego con  Elbridge Thomas Gerry, delegado por Massachussets en el Congreso Continental y firmante de la Declaración de Independencia, pero la participación de Gardoqui iría más allá de ser un mero intermediario y tras la inesperada victoria rebelde sobre los británicos en Saratoga (1777), favorecida en gran medida por la ayuda española, Gardoqui, en labor de espionaje, escribe al gobernador de Luisiana Bernardo de Gálvez para informarle de una entrevista mantenida con el gobernador de Virginia, Patrick Henry, le había expuesto su proyecto para apoderarse de Mobila, Mississipi, Pensacola y Florida, motivo por le cual resultaba especialmente conveniente arrebatárselas a los británico para aliviar la presión que el ejército insurgente soportaba por el Sur, obligando al enemigo a dispersar sus esfuerzos y su  atención en varios frentes. El fulminante ataque de Gálvez de Oeste a Este con victorias en Baton Rouge, Mobille y Pensacola, acreditaría lo acertado de tal estrategia, aislando a los británicos en Nueva Inglaterra; la victoria final de los rebeldes llegaría poco después en la batalla de Yorktown (1781)

Embajador

El final de la guerra cristalizó con la firma del Tratado de París (1783) por el que se acordaba la paz y el Reino Unido reconocía la independencia de los Estados Unidos de América. Poco después, el 27 de septiembre de 1783, Diego Gardoqui fue nombrado por la corona española ministro plenipotenciario encargado de negocios en los EE.UU. Diego desembarcó en Filadelfia, siguiendo su vieja ruta comercial,  y se trasladó desde allí a Nueva York, donde en aquel momento estaba el Congreso de la nueva Nación, presentando sus cartas credenciales el 22 de junio de 1785 en Nueva York y estableciendo  su embajada en Manhattan.

En su calidad de embajador Diego Gardoqui asistiría a un hecho histórico que se produjo cuatro años más tarde: el del nombramiento del primer presidente de la nueva nación el 30 de abril de 1789. Ese día Washington se convirtió en el primer presidente de los Estados Unidos y John Adams en su vicepresidente. Gardoqui entregó a George Washington los regalos remitidos por el rey español: cuatro tomos de El Quijote y una pareja de burros sementales de Zamora, animales solicitados por el nuevo presidente para sus plantaciones de tabaco en Mount Vernon, si bien el propio  Washington afirmó en una carta que   uno de los burros no sobrevivió al viaje.

Gardoqui  lideró el proyecto de  construcción de la primera iglesia católica de Nueva York : la iglesia de San Pedro, en el número 22 de la calle Barclay. La iglesia se bendijo oficialmente el 20 de junio de  1786 y al acto acudió Gardoqui y el propio George Washington.

En el terreno político fue donde Diego de Gardoqui sufrió los mayores quebraderos de cabeza; tal y como esperaba el nuevo país no estaba dispuesto a respetar del derecho español sobre la navegabilidad del Mississippi a pesar de las promesas de Washington.

Siendo plenamente consciente de la rápida expansión  del nuevo país, Gardoqui trató de llegar a un acuerdo según el cual 15,000,000 de acres (61,000 km2) al oeste del Mississippi, al sur de su unión con el Ohio, y al norte del Río San Francisco serían transferidos a colonos estadounidenses con un comandante sujeto al rey de España. Los colonos tendrían libertad religiosa y cierto grado de autonomía. La nueva colonia se llamaría «Nuevo Madrid». Sin embargo, el gobernador español en Nueva Orleans, aunque inicialmente se mostró favorable al proyecto, se negó a permitir el autogobierno y exigió que todos los colonos fueran católicos, y  finalmente el asentamiento nunca se vio como una colonia española.

Finalmente Gardoqui no consiguió acuerdo alguno entre España y la nueva nación sobre el Mississippi y en 1792 regresó a la península para ejercer de Secretario de Hacienda y luego Ministro de Finanzas. Más tarde presidió la Diputación de Vizcaya y concluyó su carrera como embajador en Turín, donde se entrevistó con Napoleón Bonaparte en 1797 y murió en 1798.

Autor: Ignacio del Pozo Gutiérrez para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Eric Beerman, “El bilbaíno Diego de Gardoqui: el primer embajador de España en los Estados Unidos (1784-1789)”, Instituto Vasco de las Artes y de las Letras, 1991]

María Jesús  Cava Mesa, “Diego María de Gardoqui : un bilbaíno en la diplomacia del siglo XVIII” Bizkaia Kutxa, 1992

Reyes Calderón, “Empresarios españoles en el proceso de independencia norteamericana: la Casa Gardoqui e hijos de Billbao”,Unión Editorial,2004

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