La batalla de Pavía

La batalla de Pavía se libró el 24 de febrero de 1525 entre el ejército francés al mando del rey Francisco I y las tropas germano-españolas del emperador Carlos V. En el primer tercio del siglo XVI, Francia se veía rodeada por las posesiones de Carlos I de España. Francisco I vio la posibilidad de anexionarse el ducado de Milán, más conocido como Milanesado, por lo que estalló el conflicto entre ambas monarquías entre 1521 y 1524.

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Tras la batalla de Bicoca, en la que los franceses fueron derrotados (ver entrada relacionada La batalla de Bicoca), los franceses hicieron un nuevo intento de penetrar en el Milanesado con un ejército de 40.000 hombres, mandado por Guillaume Gouffier, señor de Bonnivet, pero fueron igualmente rechazados.

Ante esta situación de repetidas derrotas, ll 25 de octubre de 1524, el propio rey Francisco I cruzó los Alpes y a comienzos de noviembre entraba en la ciudad de Milán. Las tropas españolas evacuaron Milán y se refugiaron en Lodi y otras plazas fuertes. Mil españoles, cinco mil lansquenetes alemanes y 300 jinetes pesados, mandados todos ellos por Antonio de Leyva, se atrincheraron en la vecina Pavía. Los franceses sitiaron la ciudad con un ejército de aproximadamente 30.000 hombres y una poderosa artillería compuesta por 53 piezas.

La batalla de Pavía
La batalla de Pavía

La batalla de Pavía

 Antonio de Leyva, veterano de la Guerra de Granada (ver entrada relacionada La conquista de Granada: el poder de la unión), supo organizarse para resistir con 6.300 hombres más allá de lo que el enemigo esperaba, sorteando como pudo la amenaza militar, el hambre y las enfermedades. Además, los lansquenetes alemanes estaban molestos porque no recibían sus pagas, así que los generales españoles empeñaron sus fortunas personales para pagarlas. Viendo la situación de sus oficiales, los arcabuceros españoles decidieron que seguirían defendiendo Pavía aún sin cobrar. Ante esta resistencia inesperada, los franceses tenían que destinar cada vez mas tropas para continuar el sitio, descuidando otras plazas.

Al mismo tiempo, un ejército imperial español bajó desde Alemania para apoyar la plaza sitiada, con más de quince mil lansquenetes alemanes y austríacos bajo el mando de Jorge de Frundsberg, con órdenes del Emperador de poner fin al sitio y expulsar los franceses del Milanesado. Ante esta situación Francisco I decidió dividir sus tropas para hacer frente a la amenaza.

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Finalmente llegaron los refuerzos imperiales a Pavía, y formaciones de piqueros flanqueados por la caballería comenzaron abriendo brechas entre las filas francesas. Los tercios y lansquenetes formaban de manera compacta, con largas picas protegiendo a los arcabuceros. De esta forma, la caballería francesa caía al suelo antes de llegar incluso a tomar contacto con la infantería. En una arriesgada decisión, Francisco I ordenó un ataque total de su caballería. Según avanzaban, la propia artillería francesa (superior en número) tenía que cesar el fuego para no disparar a sus hombres. Los 3.000 arcabuceros de Alfonso de Ávalos dieron buena cuenta de los caballeros franceses, Francisco I no había comprendido aún que el tiempo de la caballería pesada ya había pasado, ahora eran los arcabuces los que dominaban el campo de batalla.
La batalla de Pavía
La batalla de Pavía

En ese momento, Leyva sacó a sus hombres de la ciudad para apoyar a las tropas que habían venido en su ayuda y que se estaban batiendo con los franceses, de forma que los franceses se vieron atrapados entre dos fuegos que no pudieron superar. Guillaume Gouffier de Bonnivet, el principal consejero militar de Francisco, se suicidó y los cadáveres franceses comenzaban a amontonarse unos encima de otros. Los demás, viendo la derrota, intentaban escapar. Al final las bajas francesas ascendieron a 8.000 hombres.

El rey de Francia y su escolta combatían a pie, intentando abrirse paso. De pronto, Francisco I cayó, y al erguirse, se encontró con un estoque español en su cuello. Un soldado de infantería, el vasco Juan de Urbieta, lo hacía preso, convirtiendo así la batalla en un victoria total española.

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La batalla de Pavía, Urbieta haciendo prisionero a Francisco I

Tras la batalla Francisco I fue llevado a Madrid, donde llegó el 12 de agosto, quedando custodiado en la Casa y Torre de los Lujanes. La posición de Carlos I fue extremadamente exigente, y Francisco I firmó en 1526 el Tratado de Madrid. Francisco I renunciará al Milanesado, Nápoles, Flandes, Artois y Borgoña.

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La batalla de Pavía, Francisco I llega prisionero a España

Y, cuenta la leyenda que en las negociaciones de paz y de liberación de Francisco I, el emperador Carlos V renunció a usar su lengua materna (francés borgoñón) y la lengua habitual de la diplomacia (italiano) para hablar por primera vez de manera oficial en español.

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