El intento de secuestro de Isabel II

El intento de secuestro de Isabel II

Durante el convulso reinado de Isabel II, como a lo largo de todo el XIX español, fueron frecuentes los golpes y pronunciamientos militares para subvertir el orden político, en parte, como veremos, por la escasa o nula democratización del sistema. Sin embargo, también fueron incontables los golpes de estado reaccionarios, es decir, contrarios al orden constitucional liberal, para deponer a gobiernos progresistas y regresar a un estado quasi absolutista. Durante la regencia de María Cristina el régimen se inclinó decididamente por el ala más conservadora del liberalismo, representada por el partido moderado, con figuras destacables como Martínez de la Rosa o Pérez de Castro. La presentación de una Ley de Ayuntamientos claramente contraria al espíritu de la constitución progresista de 1837 y el rechazo frontal que suscitó en el partido progresista (que llega a abandonar las cortes) desencadenó una grave crisis política que se agravó cuando de la regente finalmente dio su visto bueno al proyecto moderado.

Faltaba poco para que la reina regente tuviese que hacer las maletas hacia el exilio, arrastrada por la impopularidad, la corrupción y el reaccionarismo apoyada en su marido Fernando Muñoz, un escándalo mayúsculo por tratarse de un matrimonio morganático (la boda de la reina con un plebeyo) del cual se aprovechó Muñoz para medrar y cobrar suculentas comisiones. Los progresistas se inclinaron por el general Baldomero Espartero, que recientemente venía investido del halo del triunfo en la guerra civil carlista. Este espadón asumirá el liderazgo del progresismo en un momento de revolución contra la regente que se verá obligada a confiarle la presidencia del gobierno, marchando a continuación al exilio el 17 de octubre de 1840 dejando a la reina niña Isabel II en Madrid. La reina regente embarca desde Valencia en el Vapor Mercurio hacia el país galo. Desde su retiro de tres años no cesará de conspirar contra el gobierno Espartero.

El general fue nombrado regente del reino, tras descartarse una regencia compartida de tres miembros (trina),  el 8 de Mayo de 1841, tras arduas negociaciones en Cortes.  María Cristina marcha al París de Luis Felipe de Orleans, el rey ciudadano, instalándose junto a su marido Fernando Muñoz, como ya dijimos.  Los continuos embarazos de la regente no mejoraron su ya deteriorada imagen pública (los hijos de la regente, hemanastros de la reina Isabel, era conocidos como los “muñoces”).

La solución dada al problema de la tutela de Isabel II exasperó a la oposición moderada.  Estos, junto a algunos de los generales más ilustres, el clero y todos los elementos conservadores del país, incluidos los carlistas, se lanzaron al campo de la conspiración y la rebeldía. Este es el origen del golpe de estado moderado de octubre de 1841.

 Isabel II, todavía una niña, había quedado al cargo de Agustín de Argüelles mientras el general Espartero comenzó desde el principio a gobernar de manera autoritaria, lo que le granjeó pronto la oposición de diversos sectores del país, incluidos prohombres del bloque progresista. María Cristina no quedará conforme con su exilio forzado y pretendió regresar al poder financiando un golpe en Madrid encabezado por el general Narváez y en el que tuvo un papel fundamental el teniente general Diego de León. Lo cierto es que para entonces la ex regente se había vuelto a inclinar por una ideología más reaccionaria que liberal, hasta el punto de añorar la década ominosa o absolutista y renegar del liberalismo. Tampoco aceptaba al grupo de personas que fueron encargadas de la tutela de sus hijas en Madrid.

El pronunciamiento era por tanto no solo contra Espartero sino contra el propio régimen liberal ya que Fernando Muñoz y una facción carlista descontenta con los progresistas apoyaron el golpe, por eso tuvo sus principales núcleos en las provincias vasco-navarras, que veían recortadas sus prerrogativas forales con el gobierno Espartero. La trama civil contó con políticos moderados y reaccionarios, como Alcalá Galiano e Istúriz y a nivel militar el líder era Narváez, junto a otros militares conservadores, como O’Donell.

EL FRACASO EN EL PALACIO REAL

Dentro de la conspiración para lograr el regreso de M.ªCristina se tenía previsto “rescatar” a la reina niña Isabel de su supuesto “cautiverio” por parte de los progresistas. La intención era trasladarla desde el Palacio Real de Madrid para llevarla a las Vascongadas  comenzando con su madre una nueva regencia. Los encargados fueron los generales Diego de León, Manuel de la Concha y Pezuela. Estos lograron entrar al edificio el 7 de octubre pero  sus tropas fueron frenadas por el coronel Domingo Dulce, el teniente coronel Barrientos, los tenientes Díaz y Zapata y un grupo de alabarderos  en las escaleras principales, fracasando el intento de apoderarse de la reina. Los participantes  en este hecho serían fusilados posteriormente, tras el fracaso de la intentona, por un despiadado Espartero, a pesar de la tradicional clemencia entre oficiales de alto rango y el resto lograron exiliarse con rapidez.

La actuación contundente y represora de Espartero, incluso contra parte del movimiento progresista, dando muestras de su proclividad al autoritarismo, provocó el rechazo de sus propios correligionarios,  suponiendo un antecedente de lo que le ocurriría más adelante, al final de la regencia, con su precipitada salida del poder.

Autor: Luis Pueyo para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

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  • Tomás Villarroya, Joaquin. Guerra y Revolución. El proceso constitucional en Jover Zamora, J.M. La Era Isabelina. Vol I. Espasa-Calpe, 1981.

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