Entre viajes y viajeros. Relatos de viajes por cuatro franceses en Cuba durante el siglo XIX.

Entre viajes y viajeros. Relatos de viajes por cuatro franceses en Cuba durante el siglo XIX.

Cuba fue una de las últimas colonias en independizarse de España. En la isla existía un gran temor entre la población aristócrata a una sublevación por la gran cantidad de negros en condición de esclavos. Si ocurría la subversión la producción agrícola basada en plantaciones azucareras disminuiría drásticamente. Este problema afectaría directamente a la economía de la élite gobernante (Schmieder, 2007a).  En 1837 se propicia una ruptura política entre Cuba y España, debido a que se comienza a relegar a la isla caribeña a la condición de colonia y sólo es utilizada para beneficio de la metrópoli. Incluso un sector considerable de la élite anhelaba una anexión a Estados Unidos. No obstante, esta situación nunca se concretó (Márquez, 2008). Fueron varios los intentos de emancipación acometidos sin mucho éxito. La independencia de Cuba se data hasta finales del siglo XIX, en 1898, con la inmersión de Estados Unidos al conflicto.

No fueron pocas las confrontaciones entre Francia y España. Tanto en Europa como en las colonias, y este caso las Antillas fueron escenario de batallas entre las dos potencias. Esta situación disminuyó tras el “pacto de familia” cuando los Borbones llegaron al trono de ambos reinos. Sin embargo, no duró mucho y de nuevo comenzaron las disputas a la postre de La Revolución Francesa (Schmieder, 2007b). Justo después de esta revolución, los franceses a ojos de los españoles eran vistos con recelo, temiendo que dispersaran las ideas de “libertad, igualdad y fraternidad”. Las ideas de abolición a la esclavitud causaban mucho ruido en el imperio español. Aunado al resentimiento por la invasión de la península ibérica al mando de Napoleón y las disputas de tiempo atrás por islas del Caribe, como Haití, generaban mucha tensión entre ambas naciones.

Entre viajes y viajeros. Relatos de viajes por cuatro franceses en Cuba durante el siglo XIX.

El motivo del viaje de los franceses en albores del siglo XIX, según Ulrike Schmieder (2007a), era únicamente con fines personales. Es decir, de recreación, comerciales o familiares y no guardaba ninguna relación con el Estado francés. El primer viajero del que se tiene registro fue de Michel Etienne. En su obra, el francés, habla sobre España, Cuba y Santo Domingo. Etienne era un zoólogo, botánico y médico que llegó a Cuba con una intención académica, aunque en su paso por Haití exigió la devolución de las propiedades de su esposa que se perdieron con la revolución de esclavos años atrás. Esta situación casi le cuesta la vida. En sus textos criticó fuertemente las costumbres cubanas, incluyendo la moral. Decía que la forma de vestir de las mujeres era inapropiada debido a que no usaban corsé y algunas mostraban el pecho. Igualmente le desagradaba que los niños jugaran desnudos en la calle. Resaltó la devoción tanto de hombres como de mujeres hacía la religión católica, sin embargo, describe que las mulatas sólo iban a la iglesia a coquetear con cualquier hombre, ya sea cubano o extranjero.

Julien Meller visitó Cuba en 1819, su viaje se alude en calidad de comerciante. Antes de su arribo a la denominada “perla de las Antillas” recorrió Sudamérica. Durante el viaje desarrolló la creencia de que los negros tenían vicios diferentes a los de la gente europea. Meller relata que, los afrodescendientes, sólo jugaban, bebían y fumaban, además en las relaciones de pareja abundaba el libertinaje. Igualmente expuso situaciones relacionadas con las autoridades locales. Exhibe a la administración llamándolas autoritarias e insensatas, dado que sólo eran requeridas por los pobladores en situaciones muy extremas.

Los franceses tenían su propio concepto de esclavitud. Si bien después de la publicación de Los derechos del hombre y del ciudadano la igualdad era un tema común en la sociedad, no era una idea general o que se extendiera a otras etnias. Gustave d’Hespel d’Harponville un oficial que había estado al servicio del rey de España visitó la isla en 1846. Su obra contiene información sobre economía y vida cotidiana, en la cual plasma también sus impresiones. A la clase alta la describe como pomposa y muy orgullosa de su origen “blanco”, muchos de ellos se autodenominaron “poetas”. De las mujeres pertenecientes a la aristocracia comenta que no tenían muchas ocupaciones, debido a que, la mayoría del trabajo doméstico lo realizaban las esclavas de origen africano. Respecto a las demás clases sociales no las toma mucho en cuenta, incluso se pronunció a favor de la esclavitud. D’Harponville admite que un gran sector de la población estaba bajo muy malas condiciones de vida, trabando incluso hasta por veinte horas al día. Sin embargo, creía que esto era necesario para mantener una economía estable.

Alguien que pensaba muy similar, a D’Harponville, fue Jean-Jacques Antoine Ampère ya que veía a la esclavitud muy paternal y familiar. Para Ampère que los esclavos llamaran a sus “amos” niño o niña era de un adecuado respeto, aunque también estaba a favor de la compra de la libertad. Respecto a la jornada laboral, nos relata que se trabaja hasta 18 horas sin descanso.

Las descripciones tan detalladas de estos cuatro viajeros son una fuente cargada de información para acercarnos a la historia social, cultural y económica de la alta sociedad cubana. Criticaron duramente las costumbres tachándolas de inmorales. No obstante, estaban a favor de su emancipación, rechazando completamente cualquier anexión de la isla con Estados Unidos o Inglaterra. Es necesario puntualizar que a pesar de las ideas liberales que se reproducían en la Francia del siglo XIX la crítica a la esclavitud fue escasa. La única presente argumentaba una abolición prudente y gradual. Concluyo este lacónico ensayo parafraseando a la crítica literaria cubana Nara Araujo: es tan significativa la influencia francesa en las Antillas que merece ser estudiada a profundidad. Esta loable labor, sin duda, enriquecería por mucho el saber histórico que se tiene de la región.

Autor: Alan Job Montellano Jiménez para revistadehistoria.es

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Bibliografía

Depetris, C. (2007). La escritura de los viajes. En La escritura de los viajes: del diario cartográfico a la literatura, Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales, Universidad Nacional Autónoma de México.

Gonzales, C. (2005). Concepción del viaje durante el siglo XVIII. En Viajeros franceses en Canarias del siglo XVIII. Servicios de publicaciones Universidad de la Laguna.

Márquez, R. (2008). La emigración gallega a Cuba y su inserción en el comercio habanero.  Ubi Sunt? Revista de historia, (23), 13-21.

Schmieder, U. (2007a). Literatura de viaje y relaciones de género. Viajeros franceses en Cuba, 1800-1868. En Viajeros y migrantes franceses en la América española y portuguesa durante el siglo XIX, Colegio de Michoacán.

Schmieder, U. (2007b). Los franceses en Cuba a finales del siglo XVIII y durante el siglo XIX. En Viajeros y migrantes franceses en la América española y portuguesa durante el siglo XIX, Colegio de Michoacán.

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