Cambios de nombre de las calles, un viejo juego
Cambios de nombre de las calles, un viejo juego
Todavía, en el transcurso de la guerra, aún habría cambios coyunturales poco significativos, aunque, vistos en la distancia, curiosos. Sea como fuere, lo cierto fue que, a la entrada de los franquistas en la capital, últimos días de marzo de 1939, una de sus prioridades fue el borrar –a veces de manera física, y de forma feroz- aquellas placas que les traían a la memoria nombres odiados por ellos hasta el frenesí. En ese destrozo y ese cambio compulsivo de nombres, cayeron “rojos” de peso pero también otros que no merecían aquél desmoche (ni que los incluyeran entre los más radicales). Unidos en la desgracia, he aquí una lista de nombres a destrozar –siquiera fuese en placa-, aproximativa e incompleta, de los que se encontraron los ocupantes, con su nomenclatura clásica o anterior:
“Milicias Marxistas Unificadas“, antes Antonio Maura.
“La Unión Proletaria”, Recoletos-Castellana.
“Buenaventura Durruti”, Miguel Ángel.
“18 de Julio”, Príncipe de Vergara.
“María Silva la Libertaria”, Santa Isabel.
“Javier Bueno”, Divino Pastor.
“Teniente Castillo”, Augusto Figueroa.
“Francisco Maciá”, Príncipe.
“Mateo Morral”, Mayor.
“Leopoldo Alas”, Conde de Romanones.
“Lina Odena”, San Cosme.
“Plaza de la Liberación”, Santa Cruz.
“Juanita Rico”, Cardenal Cisneros.
“Francisco Ferrer”, Felipe II.
“Luis Sirval”, Beata María Ana de Jesús.
“Mario Roso de Luna”, Buen Suceso.
“Paseo de Rosario Acuña”, de los Jesuitas.
“Reforma Agraria”, Alfonso XII y Niceto Alcalá-Zamora, sucesivamente.
Anotar que, dentro de la relativa “objetividad” del listado anterior, en algún momento álgido los concejales madrileños decidieron homenajearse a sí mismos (algunos eran sindicalistas) y, en esos mismos momentos, hubo nuevos “bailes” en el callejero, estos un poco forzados, la verdad: así, la calle de Sagasta pasó a ser de la “CNT”; la de Génova, de la “UGT”; y la plaza de Alonso Martínez, de la “Alianza Obrera”. Ignoradas por ahora algunas vías principales por ya conocidas, habrá que insistir en ello de manera que el lector se sitúe y conozca casi todas las variantes de aquel barullo parecía que inacabable.
Porque todo empezó –ya declaradas las hostilidades- con la emblemática Gran Vía, que sustituyó dos de sus tres nombres tradicionales. Así, la avenida del Conde de Peñalver fue oficialmente “avenida de Rusia” –en algún momento, “de la Unión Soviética”- (aunque también los madrileños la rebautizaron, junto a la de Pi y Margall, y por su cuenta, como “avenida del 15 y medio”, por el calibre de los cañones que la bombardeaban desde la Casa de Campo); la avenida de Eduardo Dato fue dedicada a la República amiga “de México”, y el segunda tramo quedó con el nombre original: de “Pi y Margall”.
Autor: José María López Ruiz para revistadehistoria.es
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Bibliografía:
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Lo que tuvo y retuvo Madrid. Libro de amena y curiosa historia. Antonio Velasco Zazo. Librería General de Victoriano Suárez. 248 págs.
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Historillas de Madrid y cosas en su punto. Tomás Borrás. Madrid 1968. 416 págs.
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