Viriato, héroe de Hispania, terror de Roma

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 Viriato fue el líder lusitano que se enfrentó a las legiones romanas que pretendían la conquista de Hispania. Se le consideró la “pesadilla de Roma”. La mayoría de las fuentes romanas, como las de Titio Livio, nos hablan de que Viriato fue pastor y cazador, y que se convirtió después a guerrero.

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Otras fuentes, en cambio, nos dicen que era un soldado que ocupaba los altos cargos lusitanos. Según Apiano, Viriato fue un líder nato; el de capacidad mayor para gobernar de entre los bárbaros.

Viriato, el origen de la pesadilla de Roma

Su nacimiento nos es desconocido, debido a la escasa información recibida. Algunos autores están convencidos de que nació en la Beturia, un territorio situado entre los cursos de agua del Guadiana y el Guadalquivir al suroeste de la Península.

También se ha hablado de que su origen pudo estar entre los ríos Ebro y Tajo como así dijo Anselmo Arenas López, historiador del siglo pasado, que lo relacionó erróneamente con la tribu de los lusones cuando en realidad habría que situarle con la tribu lusitana.

Adolf Schulten le situó en la Portugal actual, debido a la presencia de lugares que utilizó durante sus enfrentamientos contra el poder romano. Hay otros autores que lo han situado en Valencia, o incluso que no fuese lusitano, sino céltico.

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La rebeldía Lusitana

Las penurias sufridas por la tribu lusitana ante la tiranía de Galba, provocaron la cólera de Viriato, que se alzó en armas hacia Turdetania. Allí, fueron acorralados por el pretor Vertilio, que les ofreció firmar la paz.  Las tropas lusitanos escaparon, y consiguieron causar miles de bajas, incluso la muerte del pretor en el río Barbesuda.

Posteriormente saquearon la Carpetania venciendo a las tropas de Gayo Plaucio, nutriéndose de víveres que escaseaban en el pueblo lusitano por el yugo de Roma. Viriato continuó sus ataques, venciendo a los ejércitos romanos de Claudio Unimano, gobernador de la Citerior.

En el año 144 a.C. Fabio Máximo, cónsul romano, obligó a que las tropas lusitanas se retirasen. Frontino escribió lo siguiente:

“Viriato, que de ser un bandido se convirtió en líder de los celtíberos, en una ocasión, mientras pretendía retirarse frente a la caballería enemiga, les condujo a un lugar plagado de huecos en el suelo. Allí, mientras él cabalgaba siguiendo un camino que conocía bien, los romanos, desconocedores del terreno, se hundieron en la ciénaga y murieron.”

Viriato
Viriato

Viriato no se rindió y organizó nuevos ataques en los que conquistó la ciudad de Tucci y la región de Bastetania. Los lusitanos y los vetones fueron ayudados por arévacos, bellos y tittos. La alianza con los pueblos hispánicos desencadenó la tercera guerra celtíbera.

Guerreros Íberos acechando a los romanos
Guerreros Íberos acechando a los romanos

En una de sus batallas en las que resultó victorioso contra Claudio Unimano cerca de Ourique, Viriato cogió estandartes romanos y los colocó en las montañas. Un hecho que para él fue trofeo de guerra, pero para Roma era un insulto en toda regla. Los lusitanos pasaron a controlar gran parte de la Ulterior y todo el sur de la Citerior.

El poder de Roma

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Pero la suerte de Viriato se volvió en su contra cuando Roma acabó su guerra contra Cartago. Ahora podían mandar más tropas para combatir en Hispania. Fabio Máximo Emiliano fue el encargado de sustituir al derrotado Cayo Plaucio por sus constantes derrotas militares.

Se instaló en la ciudad de Orsona para dirigir sus estrategias de ataque. La llegada de Quinto Fabio Máximo Serviliano, junto a miles de soldados de infantería y caballería romana, a las que se añadieron tropas provenientes de Cartago como jinetes y elefantes, provocó la reconquista de Tucci y la huida de Viriato hacia Lusitania.

Pero en Erisana, Viriato cercó a las tropas de Serviliano, al que obligó a firmar la paz en el 140 a.C. y a reconocer la dependencia lusitana. Los romanos accedieron y le reconocieron como dux (jefe) del pueblo lusitano. También le otorgaron el título de “amigo del pueblo romano”. Aquel pacto lo llamaron el foedus. Pero en Roma el foedus no estuvo bien visto por algunos generales, que lo consideraron una ofensa a su poder.

Caballería de la época
Caballería de la época

Serviliano fue sustituido por su hermano Quinto Servilio Cepión. Con el permiso del senado reanudó la guerra con la intención de poner fin a la rebeldía de Viriato y sus pueblos aliados. Viriato se vio obligado a abandonar Erisana hacia la Carpetania, pero las constantes guerras contra los generales romanos le obligaron a un nuevo intento de pacto para firmar la paz con Cepión en el 139 a.C, pero el senado romano no quiso ratificarlo.

La muerte a traición de Viriato
La muerte a traición de Viriato

La traición

Apiano nos cuenta que Cepión prometió riquezas, tierras y poder a tres de los hombres de Viriato, a cambio de dar muerte a su líder. Según cuenta la leyenda, Áudax, Minuros y Ditalcos, asesinaron a Viriato mientras dormía, clavándole un puñal en la garganta. Murió en el 139 a.C.

Los asesinos volvieron al campamento romano de Cepión, dispuestos a cobrar su recompensa. Sin embargo la respuesta de Cepión fue tajante y contundente:

«Roma traditoribus non praemiat» «(Roma no paga a traidores)»

No obstante los historiadores posteriores aseguran que aquella frase pudo añadirse más tarde, con el fin de mostrar que los romanos no habrían permitido que su rival hubiese muerto a manos de sus propios hombres y mucho menos pagasen por ello.

Viriato recibió un digno funeral. Su muerte fue el fin de resistencia lusitana en Hispania. Su sucesor, Táutalo, firmó la paz con Cepión tras sus intentos sofocados de querer conquistar Sagunto y el valle del Betis.

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