Las colonias fenicias en la Península Ibérica
La tradición histórica atribuye a los fenicios viajes hasta el sur de la Península durante el siglo XII y sitúa alrededor del 1100 a.e. la fundación de su base en Gadir (Cádiz) según admiten ciertos autores, siendo llevada a cabo por una flota procedente de Tiro y dejando claro un posible monopolio marítimo de aproximadamente 500 años.
Las colonias fenicias en la Península Ibérica
En segundo lugar destacaría, a nivel global, el patrón de asentamiento, pues la topografía y distribución de los asentamientos del litoral que se extienden entre Malaka y Abdera traducen un patrón de asentamiento definido y muy homogéneo, con la característica común que tienen todos estos establecimientos de ubicarse en un promontorio costero poco elevado y situado en una pequeña península en la desembocadura de un río para acceder a materias primas o como punto estratégico de rutas marítimas (en parte consecuencia inevitable de las rutas practicables y de las redes preexistentes, en parte causa de su consolidación o alteración), evocando todo esto al modelo de asentamiento fenicio más antiguo que se nombra por Tucídides en la Sicilia pre-colonial (con gran número de enclaves en islotes y promontorios costeros con fines comerciales).
Otro rasgo del patrón de asentamiento fenicio a destacar es el emplazamiento elegido para construir las necrópolis. Pese a que solo conocemos cuatro de ellas, todas responden a un mismo modelo topográfico: se sitúan al otro lado del río y a escasa distancia del sitio de ocupación.
En tercer y último lugar, para concluir este punto, recordemos que todos y cada uno de los establecimientos fenicios de Andalucía oriental reúnen condiciones favorables parar hacer las veces de fondeaderos, dada su ubicación en bahías y ensenadas bien protegidas contra vientos y corrientes, y teniendo también en cuenta que los fenicios (buenos conocedores del mar) sabían dónde fijar sus instalaciones permanentes. Pero además la ventaja de una instalación insular frente a tierra firme establece una seguridad ante posibles peligros procedentes del continente o del mar. Sugiere, por tanto, cautela y prudencia por parte de unos colonos expuestos a los rigores o a las amenazas de una costa desconocida, ya que por lo general una isla suele constituir una eventual cabeza de puente con vistas a una ulterior ocupación de tierra firme. Por lo demás, la instalación en cabos y promontorios garantiza no sólo una defensa natural, sino también una buena visibilidad para la navegación, proporcionando un buen abrigo y una playa protegida con facilidades de carga y descarga.
Por lo tanto, parece evidente como ya se ha demostrado con anterioridad que lo que caracteriza a un emplazamiento fenicio arcaico en una zona es su situación en un delta fluvial, por lo que el establecimiento en la desembocadura de un río implica la posibilidad de remontarlo y, si es posible, como el de Vélez, navegarlo. Esto se debe a que el río constituye en la Antigüedad la vía de comunicación más común en la medida en que se accede a nuevos territorios y recursos del interior del continente en cuestión, y a su posterior intercambio comercial con otros individuos o grupos autóctonos. Un ejemplo bien claro es el Próximo Oriente, donde el término empleado para designar tanto al mercado como al comerciante (karum) también se emplea para hablar de muelle fluvial.
Autor: Alejandro José Díaz Sosa para revistadehistoria.es
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