Un anfiteatro en Barcino

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Juan Pablo Canals, Barón de la Vall-Roja (1730-1786), señalaba tradiciones de un anfiteatro en Barcino en las cercanías de la calle de la Boqueria de Barcelona. Durante dos siglos no se había encontrado ninguna evidencias. Pero en el año 2009, se ha identificado una huella muy clara de un anfiteatro en Barcino fosilizada en el trazado viario, en el área sugerida por Canals.

En una vista cenital, la calle del Cardenal Casañas aparece como un segmento de una elipse de unos 80 metros de longitud. Simétricamente, enfrente, un segundo segmento elíptico de apenas de 50 metros queda definido por la calle dels Cecs de la Boqueria y por fachadas en la plaza de Sant Josep Oriol. 
Sobre una foto aérea, es muy preciso el ajuste con la trama urbana de una elipse geométrica generada por ordenador.

Esta huella fosilizada coincide con las proporciones y las dimensiones de otros anfiteatros romanos. Los diseños de planta elíptica son muy raros. Tanta concordancia no puede proceder del azar.

Un anfiteatro en Barcino

La silueta ocupa una reducida plataforma lateral al oeste del Mons Taber, a unos 6 metros sobre el nivel del mar. Es un espacio extra muros idóneo, casi único, para ubicar a un anfiteatro en este promontorio, a salvo de riadas, muy cercano al forum y a una puerta de la muralla. Esta posición, junto a la entrada de la ciudad, es frecuente en ciudades romanas; Astorga, Arlés, Bourges, León, Lucques, Lugo, Mérida(leer artículo relacionado), Metz, Nimes, Rouen, Sagunto, Segóbriga (leer artículo relacionado), Sevilla, Tarragona y Verona entre otras.

Un anfiteatro en Barcino
Un anfiteatro en Barcino

El recinto amurallado de Barcino sorprende por su escasa superficie (10 hectáreas). Así se ha interpretado por muchos, – erróneamente según se puede ver ahora -, que Barcino era muy pequeña (1500 a 3000 habitantes intra muros). Sin tener en cuenta que la inusual fortaleza de las murallas y sus torres, las dimensiones de su templo, del foro, de los acueductos, tal anfiteatro, la riqueza en inscripciones epigráficas y de elementos escultóricos, nos hablan de una demografía (intra y extra muros) importante. Barcino era una colonia de ciudadanos romanos (en Hispania solo había cerca de dos docenas en el siglo I d.C.), un puerto muy activo y con un territorium que ahora se reconoce muy poblado. Existirían suburbios muy considerables.

Desde su fundación en el siglo I a.C., las murallas de Barcino quedaron limitadas por las 10 hectáreas disponibles sobre el Mons Taber,

Probablemente el anfiteatro de Barcino fuese erigido a finales del siglo I d.C. en paralelo con los anfiteatros de otras ciudades provinciales. Una fecha coherente con la cronología de la vía y necrópolis que rodea por la calle dels Cecs de la Boquería la silueta fosilizada. Datadas en la plaza de la Vila de Madrid, desde el siglo I d.C a fines del III.

Golvin y Landes observaron que, tras las incursiones de francos y alamanes y los desórdenes de fines del siglo III d.C. las áreas demasiado próximas a las murallas fueron despejadas de aquellas edificaciones que pudieran servir de refugio para unos asaltantes. Esta circunstancia afectó a diversos anfiteatros como los de Rouen, Bourges y Metz, donde se reaprovecharon sus materiales constructivos para en el refuerzo de las murallas. También Puig y Rodà han considerado esta posibilidad en el caso de Barcelona. En Tours parte del anfiteatro se incorporó al circuito de las murallas. En Nîmes se ha conservado la mayor parte del anfiteatro, integrado en la muralla. Bajo las mismas amenazas de fines del siglo III, Verona construyo un nuevo tramo de la muralla para introducir al anfiteatro intra muros.

Los sondeos arqueológicos de los alrededores de la muralla y del anfiteatro, evidencian gran actividad urbana hasta el siglo IV, cuando

decae bruscamente. Los trabajos de Belmonte, Busquets, Espejo, Triay, Ravotto, Moreno y Pastor muestran que durante el siglo IV, se procedió a la eliminación sistemática de las construcciones en el exterior más inmediato de Barcino. Lógicamente recuperándose sus materiales en el refuerzo de la muralla.

En el año 2007 en una cata en el noreste de la iglesia del Pi, a escasos centímetros bajo su pavimento, apareció un corto fragmento de una bóveda de piedra amortizada y apoyada en la cimentación de los contrafuertes de la iglesia. Solo pudo fecharse entonces como anterior al siglo XIV. De considerarse la posibilidad de un anfiteatro esta bóveda de piedra (UE 103 en la excavación) resulta interesante, Su orientación coincide con la de las bóvedas y muros radiales que soportan la cavea en otros anfiteatros.

Admitiendo que tal bóveda cubriese un espacio transitable, el nivel de circulación original estaría en el nivel de la vía romana que rodea al supuesto anfiteatro y que pasaba entonces por la cercana plaza de la Vila de Madrid. En 1956, durante su excavación, pudo estimarse que esta vía romana estaba a unos 3 metros bajo el nivel actual del suelo.

En el 2009 se intervino en un área que topográficamente correspondería a las arenas centrales del anfiteatro. Resalta una hilera de tres gruesos pilares rectangulares que coinciden con la orientación del eje menor de la elipse fosilizada, relacionándolos así directamente con la hipótesis del anfiteatro. Su datación sería concordante con el anfiteatro.

El cuerpo de los pilares es de argamasa, pero la superficie superior de los pilares es plana y está formada por una hilada de sillares de piedra (usada para aislar la madera de la humedad del suelo). Los paralelos hallados con otros anfiteatros respecto a la posición de estos pilares, su morfología y sus materiales constructivos, sugieren que estos pilares pudieran ser el soporte de la usual tarima de madera que cubría todas las fossae bestiariae en los anfiteatros.

En Barcelona se conocen dos topónimos directamente relacionados con unas “arenas” (sinónimo de anfiteatro muy usado)

La plaza Arenaria, que estuvo hasta el siglo XIV al sur de la iglesia del Pi, junto a la muralla.

En tradiciones, santa Maria de les Arenes era el monasterio e iglesia martirial de Santa Eulàlia (documentada como domus Sanctae Mariae), que el estudio reciente de muchos topónimos y su distribución topográfica señalan en la actual Santa Maria del Pi.

Autor: Luis Conde Moragues para revistadehistoria.es

Más información en el libro del Autor Las huellas de las arenas de Barcino”

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Bibliografía:

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