Taccola: el ingeniero precursor de Leonardo da Vinci

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Se llamaba en realidad Mariano di Giacopo, pero todos le llamaban “il Taccola” (el cuervo), no se sabe si por ir vestido siempre de negro o porque ése fuera el apodo de su padre.

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Mariano  nació en la república de  Siena en el año de 1381. Setenta años más tarde, en 1452,  nacería Leonard da Vinci en la república de Florencia.

Taccola: el ingeniero precursor de Leonardo da Vinci

Para  entonces las ideas y dibujos de Taccola eran conocidos por todos  los estudiosos  del arte y la ingeniería. Siena y Florencia se  disputaban ser la cuna del Renacimiento, mientras que  Florencia se decantaba de una forma esplendorosa por el arte y las letras, Siena era conocida sobretodo por  importancia de sus banqueros y por sus conocimientos en ingeniería y arquitectura.

En realidad  las dos ciudades  habían sido rivales desde los tiempos en que cada una de ellas apoyara a  güelfos o  gibelinos. Los güelfos eran partidarios del Pontificado y Florencia se puso de su parte, Siena se unió a los gibelinos que  apoyaban al Sacro Imperio Romano Germánico, pero muchas veces esta elección se debía  simplemente a apoyar justo lo contrario de lo que tu vecino hubiera elegido. La  guerra desencadenada entre ambos bandos fue cruel y muchos partidarios de uno y otro bando murieron, creando enconados odios entre ambas ciudades

Taccola era un verdadero hombre del renacimiento: dominaba la pintura, la  escultura y la ingeniería. Fue notario y camarlengo de la Casa della Sapiencia y su primer trabajo como artista fue participar en la decoración del coro del Duomo, donde trabajó como escultor durante treinta años.

Pero   se sentía más  atraído por  la ingeniería y la arquitectura que por el arte en sí, le gustaba desarrollar nuevas máquinas que ayudaran  en las magnas obras que se construían,  Siena quería superar Florencia en esplendor, pero para ello debía solucionar primero el problema del abastecimiento del agua y a este trabajo se aplicó como ingeniero hidráulico.

Pero tampoco Taccola inventó cuanto luego plasmó en sus libros. Su conocimiento del latín hizo que pudiera leer los escritos del famoso arquitecto Vitrubio,  que estuvo  al servicio de Julio César y  que escribió el tratado   más antiguo de arquitectura que se conoce. En su ultimo libro Vitrubio describe la rueda hidráulica y también numerosos inventos bélicos, como catapultas, tortugas y ballestas.

También conocía los inventos del gran ingeniero Herón de Alejandría, que inventó la primera máquina  a vapor, aunque esta máquina, la Aeolípila, que consistía en una bola  conectada a una caldera  y que giraba rápidamente por el vapor producido, sólo fue exhibida en los templos como una novedad ingeniosa.

Herón también escribió el primer libro de robótica de la historia y el funcionamiento del teodolito y el odómetro ( medidor de distancias recorridas). Taccola solía llevar consigo una pequeña libreta donde apuntaba las ideas que se le ocurrían para desarrollarlas más tarde, eran dibujos a tinta negra sobre papel blanco, donde añadía a mano sus explicaciones sobre la maquina dibujada.

A los 37 años pensó en hacer un libro plasmando todas sus ideas. En realidad hizo dos: el primero se llamó De Ingeneis ( sobre motores). El segundo se llamó De Machinis  (sobre motores) que acabo a los 57 años. Los ingenieros de la época se interesaron por sus ideas geniales y le llamaron El Arquímedes de Siena, su fama hizo que muchos vinieran a consultarle sobre cómo mejorar el rendimiento de sus maquinas.

Porque Taccola era un hombre sencillo y humilde, que no tenia el menor inconveniente  en compartir sus inventos, entre los que están  la máquina voladora, un dispositivo para rescatar barcos hundidos, un equipo para respirar bajo el agua, primitivos tanques y ametralladoras, bombas hidráulicas, bombas de succión, ruedas balanceadas, engranajes reversibles, sistemas de transmisión en cadena y manivelas compuestas con biela, así como dispositivos para alzar grandes pesos.

Cuando Brunelleschi heredó la ingente tarea de acabar la catedral de Florencia que Arnoldo di Cambio había dejado inconclusa, tuvo que enfrentarse al tremendo desafío de su cúpula, que medía nada menos que 45 metros de diámetro y cuyo tambor no podía soportar  el peso de una cúpula semiesférica.

Consultó con todos los arquitectos e ingenieros de Florencia, pero nadie fue capaz de resolver el problema, porque  a la magnitud de la obra se añadía el problema de subir los materiales a tan gran altura. Sólo un arquitecto podía ayudarle: Taccola.

Pero había un problema: Taccola era de Siena, la eterna enemiga de Florencia. A pesar de todo  fue a verle y se hicieron tan buenos amigos que permaneció varios meses en Siena intercambiando ideas. Al final Brunelleschi  decidió con su consejo construir dos bóvedas esquifadas octogonales hechas de ladrillo, una interior y otra exterior a modo de gajos de naranja, que siempre guardan entre ellas una  distancia constante y que aún hoy en día se considera una  obra maestra de ingeniería. Su colaboración continuó creando poleas y maquinaria para subir los materiales hasta la gran altura del tambor.

Pero Brunelleschi se quedó horrorizado de la ingenuidad de Taccola, que mostraba sus dibujos a todos los que quisieran verlos y le exhortó a tener cuidado.

“ Es peligroso dejar en manos de cualquier ignorante nuestro trabajo, porque podría robar nuestras ideas, debéis protegeros, Mariano.”

Le aconsejó que nunca hiciera una descripción exacta  de sus maquinas, que las dibujara mal adrede o que incluso no dibujara algunas partes, de forma que aunque alguien le robara la idea, la maquina no llegara a funcionar. Taccola hizo caso de su amigo y aunque fue el primero en conocer la perspectiva lineal que Brunelleschi, que él mismo le enseño, no la usó jamás en sus dibujos: era demasiado buena.

Taccola trabajó unos años para el emperador Segismundo  de Luxemburgo, que dio a conocer sus inventos al sultan de Constantinopla. Un año antes de morir Taccola, nació Leonardo da Vinci. Leonardo no tuvo la misma formación científica que Taccola, entre otras cosas, jamás aprendió latín, pero era un artista extraordinario y también aprendió a proteger sus ideas escribiendo de forma especular.

Para cuando Leonardo llegó a su plenitud artística, los tratados de Taccola eran ampliamente conocidos por todos los artistas e ingenieros de la época y por supuesto Leonardo las conocía: casi todas su invenciones están descritas en los libros de Taccola, incluso el famoso Hombre de Vitruvio, aunque el dibujo de Leonardo sea incomparablemente más bello.

Sin embargo ,y de forma inexplicable, su nombre cayó en el más absoluto olvido durante décadas y muchos inventos  suyos fueron atribuidos a Leonardo, o se los atribuyó él mismo. Quizás ésa fuera la victoria final de Florencia sobre Siena.

Autor: Níssim de Alonso para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

1-LORENA FERNANDEZ CORREAS. MARIANO DI JACOPO LLAMADO IL TACCOLA: ENTRE LA INGENIERIA TARDOMEDIEVAL Y LAS BASES DEL RENACIMIENTO.

2-TASCHEN BOOKS.  LEONAEDO DA VINCI: CURIOSIDAD E IMAGINACIÓN.

3- XIOMARA LEON. LOS ALUCINANTES INVENTOS DE HERON DE HALICARNASO.

4- MASDEARTE. BRUNELLESCHI Y SU CUPULA SOBRE EL CIELO DE FLORENCIA.

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