Fernando el Católico y su inteligente política internacional

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Fernando el Católico había ido gestando relaciones diplomáticas en los años de 1487 a 1489: el tratado con Inglaterra de 1488 de alianza contra Francia (relaciones comerciales y alianza matrimonial de su hija Catalina con el príncipe de Gales Arturo), la firma en Medina del Campo (en 1489) entre los Reyes y los embajadores ingleses de veinticuatro artículos relacionados principalmente contra Francia, incluyendo la alianza matrimonial. Fernando el Católico, como rey de Castilla y Aragón, se preocupaba por los asuntos internacionales.

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Su estrategia consistía en aislar a Francia mediante tratados de amistad con Inglaterra y Borgoña para que Francia no interviniera en los territorios italianos del reino de Aragón ni invadiera el territorio catalán ni Navarra.

Fernando el Católico y su inteligente política internacional

Fernando el Católico demostró ante el mundo, no solamente en la península ibérica, sino en toda Europa, su capacidad militar y política, hechos que son reconocidos por todos. La pacificación de Castilla con la derrota de los rebeldes y el ejército portugués, y la guerra de Granada que dio fin a ocho siglos de reconquista contra el poder y la dominación musulmana fueron claras muestras para que su prestigio fuese reconocido, dando lugar a que los reinos vecinos mostraran un gran respeto hacia la figura de Fernando el Católico como líder del mundo cristiano.

Fernando aprovechó para formar alianzas con los vecinos más potentes con el propósito de encerrar a Francia, que era el enemigo que más molestaba a los intereses de Aragón. Consiguió con relativa facilidad ese pacto con Inglaterra y el Imperio borgoñón, situándose junto al papa. Sin embargo, no mostró demasiado interés en el Nuevo Mundo recientemente descubierto por el súbdito Colón ya que su mente y su preocupación estaban en los territorios mediterráneos y en Italia, por lo que el nuevo continente parecía algo lejano y fantasioso. Como hombre práctico y realista se concentraba en los asuntos que directamente afectaban a los intereses inmediatos que España necesitaba solucionar.

El asunto del reino de Nápoles y de los territorios catalanes del Rosellón y de la Cerdaña le interesaba mucho ya que desde sus antepasados siempre habían existido disputas con Francia. La táctica de Fernando el Católico fue siempre la diplomacia antes que la fuerza, algo que le enseñaron desde su infancia. No quería malgastar recursos militares ni materiales ya que la guerra siempre lo desgasta todo y no la consideraba conveniente para poder reinar con estabilidad. Aprendió con la experiencia de la guerra de Granada y de la pacificación de Castilla.

En 1492, una vez terminada la guerra de Granada, tras unos meses de estancia en Barcelona (donde gracias a unas cadenas que llevaba al cuello salvó la vida cuando fue atacado por un loco), prosigue su política internacional y formaliza un tratado de amistad con Carlos VIII de Francia hacia final de año, firmando en enero de 1493 entre ambos países una alianza en la que aceptaban que ninguno de los dos prestaría ayuda militar a un posible enemigo, excepción hecha del papa. Además, los matrimonios de los hijos de Fernando e Isabel se harían con el permiso de Francia. Esta devolvía el Rosellón y la Cerdaña a España. Mientras tanto, en Nápoles, donde reinaba el sobrino de Fernando el Católico, Ferrante, había tensiones porque Francia intentaba invadir Nápoles utilizando el apoyo del duque de Milán, Ludovico Sforza.

El papa Alejandro VI mantenía la amistad con Carlos VIII de Francia presionado por el duque de Milán, cuyo hijo se casa con la hija del pontífice. El expansionismo francés se desata y Carlos VIII entra cruzando los Alpes italianos en septiembre de 1494 con la tranquilidad de la no-intervención de Fernando, ya que le había entregado el Rosellón y la Cerdaña, como estipulaba el tratado de amistad firmado con España. Francia invade Roma en diciembre de 1494 y rompe relaciones con el pontífice. Fernando el Católico espera acontecimientos sin intervenir en el conflicto. Los países vecinos dan la alarma sobre la invasión francesa. No era un conflicto entre Francia y España, sino una agresión unilateral de Francia contra Nápoles. Se forma una alianza entre el pontífice, Inglaterra, el Imperio, Flandes y España contra la hegemonía francesa para crear un equilibrio, no solo para Italia, sino para Europa. La situación favorece a Fernando para intervenir en los asuntos de Nápoles. El papa solicita a los Reyes Católicos ayuda para expulsar a los ejércitos franceses de Nápoles y comienza la guerra de la Liga Santa contra Francia.

Mientras tanto, el enviado de Fernando el Católico, Francisco de Rojas, consigue la capitulación matrimonial de los hijos de los Reyes (Juana la Loca y Juan) con los respectivos príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico (Felipe el Hermoso y Margarita) en enero de 1495. Fernando participa en la guerra de Nápoles considerando que la causa del apoyo al papa dejaba libre su intervención ya que el Tratado de Barcelona expresaba claramente este punto. De todas formas, desde el punto de vista de Francia el Tratado está roto y estalla la guerra en dos zonas, en Nápoles y en el Rosellón.

El ejército invencible francés iba perdiendo fuerza ante la hábil táctica y las maniobras del ejército español comandado por el famoso Gran Capitán, Fernández de Córdoba. Finalmente, Francia tiene que ceder y firma la paz retirándose de Nápoles. El supuestamente invencible ejército francés fue derrotado en Calabria en el verano de 1496. Se celebran los esponsales de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en Malinas, y de Juan y Margarita en Valladolid en 1495, aunque los matrimonios no se realizarán hasta octubre de 1496 y 1497 respectivamente.

Después de los enlaces matrimoniales de los hijos de los Reyes las cosas empiezan a torcerse. La Liga Santa se frustra como consecuencia de las ambiciones de Felipe el Hermoso a la muerte del príncipe heredero de los Reyes, Juan. Francia aprovecha la situación y se apodera de Milán. Felipe el Hermoso aparece como el sucesor de la corona de España y del Sacro Imperio Romano Germánico, acordando con Francia asuntos que no le correspondían. Felipe jura un tratado de paz con Francia en agosto de 1498 sin el permiso de su padre, el emperador Maximiliano de Austria, ni de sus suegros Fernando e Isabel, prestando incluso vasallaje a Luis XII de Francia por ser Borgoña un condado perteneciente a Francia. Este comportamiento siniestro de su yerno generará un gran disgusto en Fernando e Isabel. Felipe el Hermoso seguirá creando graves problemas a los Reyes hasta su muerte.

Las relaciones hispano-flamencas llegan al punto más bajo durante 1498-1499, mientras que las hispano-inglesas mejoran con los preparativos de la boda de la hija de Fernando el Católico, Catalina, con el príncipe inglés Arturo. Este tenía otras pretendientes, como la hermana viuda de Felipe, Margarita de Austria, o una princesa por parte de Luis XII de Francia. Felipe el Hermoso visita a Enrique VII de Inglaterra en Calais en junio de 1500 para tratar del posible enlace de su hermana, quizá con la intención de impedir la boda de su cuñada Catalina con el príncipe inglés. Mientras, la hija menor de los Reyes, María, se casa con el rey de Portugal, Manuel. En 1501 por fin envía Fernando el Católico a Catalina a Inglaterra desde Granada, donde residía. Tardará muchos meses en llegar, razón por la cual la boda no se celebra hasta el 14 de noviembre de 1501.

En octubre de 1500 se firma el Tratado de Granada con Francia, por el cual se acuerda el reparto de Nápoles entre los dos países. El resultado fue un fracaso ya que era demasiado difícil el mantenimiento del reparto de un reino entre dos naciones: comienza la segunda guerra de Nápoles en 1502 en la zona del conflicto. Se presenta en 1503 una crisis con varios frentes abiertos: la guerra con Francia y la muerte del príncipe Arturo Tudor. Y en noviembre de 1504, la muerte de su esposa Isabel. En 1503 el Gran Capitán lidera la victoria fulminante contra Francia en varias localidades de Nápoles. En la península ibérica, sin embargo, en la corte de los Reyes se producían acontecimientos poco agradables.  Juana vuelve con su marido Felipe el Hermoso a Castilla para ser jurados en las Cortes de Toledo como príncipes herederos. En el camino de vuelta atraviesan Francia, donde fueron recibidos por Luis XII. Felipe da muestras de fidelidad al rey francés, mientras que Juana rechaza tal gesto porque ella es hija de los Reyes Católicos y no tiene por qué ser tratada como súbdito del rey de Francia. Discrepan el marido y su mujer en el terreno diplomático, pero acuerdan el futuro matrimonio de su hijo primogénito Carlos con la hija del rey francés, Claudia. Por fin llegan a Toledo y se encuentran con los Reyes.

Fernando el Católico se muestra como si fuera el propio padre de Felipe, pero la relación entre suegro y yerno no cuaja debido a la falta de educación de este último. Felipe deseaba volver a Flandes lo antes posible ya que el ambiente familiar y cortesano de Castilla no le gustaba demasiado.  La sobriedad y rigidez de la vida castellana chocaba de manera negativa comparada con la de Flandes, donde era mucho más ostentosa y lujosa, y se desarrollaba en un ambiente más liberal. Ese cambio era demasiado brusco y no lo soportaba el joven príncipe. A pesar de las recomendaciones de sus suegros, Felipe decide marchar a Bruselas antes de tiempo dejando en Castilla a su mujer Juana, que estaba embarazada de pocos meses. Este nuevo comportamiento hará que los Reyes se preocupen por el futuro del reinado de los príncipes herederos. En marzo de 1503 Juana da a luz a su segundo hijo, Fernando, en Alcalá de Henares. El niño se queda en Castilla y recibe una educación castellana, aunque después se hará emperador de la monarquía austrohúngara.

Juana la Loca se pone cada vez más nerviosa por estar sola sin su marido y desea volver a Flandes para estar con él. Mientras tanto, fallece el príncipe inglés Arturo, dejando viuda a Catalina y creando la incertidumbre sobre el futuro de las relaciones entre España e Inglaterra.  Juana, contrariando sobremanera a sus padres, se marcha a Bruselas en 1504, un año antes de la muerte de su madre. En Inglaterra, tres años después de la muerte del príncipe Arturo, mientras el estatus de Catalina era precario ya que la dote entregada era difícil de recuperar y no sabía si volvería a España ni qué iba a ser de ella, los diplomáticos llegaron a formalizar su matrimonio con Enrique, el hermano que sucedió al príncipe Arturo. Catalina se quedará en Inglaterra como reina consorte de Enrique VIII. Corría el año 1504, unos meses antes de la muerte de su madre. Estos años son de infelicidad para los Reyes.

Llega la muerte de Isabel en Medina del Campo en noviembre de 1504. En su testamento deja a su hija Juana como heredera de la corona junto con su marido Felipe, aunque dando a entender que en caso de incapacidad de Juana para gobernar, su padre será el regente hasta que Carlos, su nieto, cumpla la mayoría de edad. Con este testamento la posición de Fernando como rey de Castilla queda en entredicho, ya que la nobleza castellana quiere que los príncipes sean directamente los reyes de Castilla y no que Fernando el Católico actúe como regente.

Comienzan los levantamientos de los antifernandinos inmediatamente después de la muerte de Isabel. Los nobles más destacados que intentaron terminar con el reinado de Fernando el Católico fueron Juan Manuel, señor de Belmonte, el duque de Nájera, el conde de Benavente, el duque de Béjar, el marqués de Villena y el duque de Medinasidonia (partido antifernandino). Felipe el Hermoso, antes de regresar a Castilla, consigue firmar un tratado (Blois, 1505) con el rey francés y con el emperador Maximiliano (su padre) para demostrar su poder ante la nobleza castellana, conseguir el trono y que Fernando no pueda continuar en Castilla como regente. Fernando, para contrarrestar la estrategia de su yerno, prepara su matrimonio con la sobrina del rey francés, Germana de Foix. Francia accede a tal propuesta firmando la paz y la boda tiene lugar en octubre de 1505.

Autor: Yutaka Suzuki para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Yutaka Suzuki. Personajes del siglo xv, Orígenes del Imperio español. ISBN 9788460690399. 2015.

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