Flowers for Katharine (una española en la corte del rey Enrique)

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Cada año, a finales de enero, se celebra en la localidad inglesa de Peterborough el “Katharine of Aragon Festival”, homenaje a Catalina de Aragón, hija menor de los Reyes Católicos. En su catedral, niños ataviados a la usanza del siglo XVI, depositan flores y granadas en su tumba, adornada con la inscripción “KATHARINE QUEEN OF ENGLAND” en grandes letras doradas.

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Durante el festival se programan diversas actividades culturales: conciertos, conferencias, visitas guiadas… También se oficia una misa (católica por supuesto) en su memoria.

Flowers for Katharine (una española en la corte del rey Enrique)

Nacida el 16 de diciembre de 1485, a la tierna edad de cuatro años se concertó su matrimonio con Arturo, príncipe de Gales y primogénito del monarca inglés Enrique VII.

Este alto destino exigía una esmerada preparación. Su excelente formación hará que Catalina sea considerada por intelectuales de la época como un “milagro de erudición femenina”.

Pasó gran parte de su infancia con la corte itinerante de los Reyes Católicos por el sur peninsular, viviendo de cerca la guerra de Granada hasta su conquista a los nazaríes de Boabdil, el 2 de enero de 1492. Los felices años de juventud en su querida Granada la harán adoptar el icono de esta fruta en su escudo de armas.

A los quince años abandonó su luminosa Granada, para no regresar jamás, hacia un nuevo hogar entre las brumas inglesas. Los ingleses le brindaron una cálida acogida. Sin ser especialmente bella, su tez blanquecina, ojos claros y cabello rojizo le daban cierto aire de dama inglesa, bien apreciado por los rudos isleños.

El 14 de noviembre del mismo año se celebraron las bodas entre Catalina y el príncipe de Gales. Siendo Arturo de constitución débil, a los pocos meses contrajo el “mal del sudor”, muriendo el 2 de abril de 1502. En estos meses de matrimonio, dada la inmadurez y fragilidad de Arturo, ¿se llegó a consumar el matrimonio? Esta cuestión será clave en el desarrollo de futuros acontecimientos.

La joven viuda Catalina quedó marginada de todo poder de decisión mientras otros negociaban su futuro en clave política. En 1503 se firmó un nuevo tratado matrimonial, siendo esta vez Enrique, hermano menor del difunto Arturo, el futuro marido. El acuerdo exigía la dispensa papal, por el enlace previo con Arturo, consecuencia de un mandato del Levítico:

“El que casa con la mujer de su hermano, hace una cosa ilícita, mancha el honor de su hermano: quedarán sin hijos”.

La dispensa certificaba que el matrimonio de Catalina con el enfermizo Arturo era nulo, ya que no se había llegado a consumar.

A pesar de este nuevo tratado, pasó siete largos años recluida en Londres, marginada y abandonada, padeciendo serias estrecheces económicas. Los sufrimientos de estos años de desamparo, tanto material como afectivo, forjaron su carácter. Aprendió a mantener la dignidad frente a las humillaciones, a defender lo que consideraba justo hasta las últimas consecuencias.

Con la muerte de Enrique VII en 1509, la situación de Catalina cambió drásticamente. Enrique VIII impulsó decididamente las gestiones de la boda, que se celebraría sólo un par de meses después de la muerte de Enrique VII. El matrimonio marchaba bien al principio, Catalina era dichosa. En 1511 dio a luz un hijo, Enrique, que, para desolación de la corte, sólo sobrevivió 52 días.

En 1513, aprovechando la ausencia de Enrique, Jacobo IV, rey de Escocia, invadió Inglaterra al frente de su ejército. En este crítico episodio Catalina supo demostrar su capacidad en el desempeñó de la regencia, derrotando a los escoceses en la batalla de Flodden.

Catalina, profundamente religiosa, también se interesó vivamente por sus súbditos más desfavorecidos. Sus obras de caridad, a las que destinaba gran parte de su tiempo, le hicieron ganar el afecto del pueblo inglés.

Tras sucesivos embarazos y partos frustrados, en 1516, Catalina dio a luz a una niña sana, María, futura reina María I Tudor. Pasaban los años y Catalina se iba agostando entre abortos y niños mortinatos o fallecidos tras el parto, persiguiendo infructuosamente el heredero continuador del linaje real. La incapacidad para cumplir su deber dinástico la hacía presa de una profunda frustración.

El rijoso Enrique fijó sus ojos en una morenita de diecinueve años, Ana Bolena, que no se conformaba con ser una amante más. Le exigía ser la única mujer en su vida. Cada día más encelado, ansiaba el divorcio para casarse legalmente con Ana. Para esto era necesario que el papa Clemente VII declarara la nulidad de su matrimonio con Catalina, impuro, según el Levítico, por haberse casado con la mujer de su hermano.

Para la anulación, era necesario acreditar que el matrimonio entre Arturo y Catalina se había consumado. Convencer a Catalina para que aceptara la nulidad matrimonial facilitaría la dispensa papal. Pero Catalina, renunciando a un futuro acomodado, resistió con entereza presiones y chantajes, manteniéndose firme en la defensa de la legitimidad de su matrimonio. Enrique, encolerizado, ordenó su traslado fuera de palacio, prohibiéndole todo contacto con su hija María.

El esperado dictamen de Roma declarando la legitimidad del matrimonio de Enrique y Catalina llegó demasiado tarde: Enrique ya se había casado en secreto con Ana Bolena en enero de 1533.

En 1534 el parlamento inglés aprobó la Ley de Supremacía, por la que la Iglesia Anglicana se separaba de Roma y el rey era nombrado su jefe supremo. El escritor Francis Hackett acierta al afirmar que, de la pasión de Enrique por Ana Bolena

“nacieron dos nuevos hijos, más o menos legítimos: la reina Isabel y la Iglesia Anglicana”.

En este largo  litigio, el pueblo inglés siempre apoyó a Catalina, su querida reina que, tras numerosos traslados, murió en el castillo de Kimbolton en 1536. Siempre digna, mostró  su generosidad hasta el final: en su última carta perdonó a Enrique, deseándole la clemencia divina.

Enterrada como Princesa Viuda de Gales en la catedral de Peterborough, ahora es reconocida como reina, en grandes letras doradas:

“KATHARINE QUEEN OF ENGLAND”.

El pueblo inglés, cinco siglos después,  le sigue rindiendo homenaje.

Autor: Enrique Aparicio Hernández para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

RODRIGUEZ SANCHEZ, ANGEL; MARTIN, JOSE LUIS: La España de los Reyes Católicos. Historia de España Vol. 5. Espasa Calpe, S.A. Madrid, 2004.

HACKETT, FRANCIS: Enrique VIII y sus seis mujeres. Juventud. Barcelona, 1976

ULARGUI, LUIS: Catalina de Aragón. Plaza & Janés. Barcelona, 2004

MATTINGLY, GARRET: Catalina de Aragón. Ediciones Palabra. Madrid. 1998

RIBOT, LUIS: La Edad Moderna (siglos XV-XVIII). Marcial Pons, Ediciones de Historia. Madrid, 2018

Fuentes electrónicas:

Katharine of Aragon Festival Calendar 2019. Recuperado el 10 de mayo de 2019 de:

https://www.themomentmagazine.com/history/katharine-aragon-festival-calendar-2019/

The Katharine of Aragon Festival 2019 | The Aragon Connection. Recuperado el 10 de mayo de 2019 de:

https://www.themomentmagazine.com/history/the-aragon-connection/