El naufragio más cruento de la Historia: la agonía del Wilhelm Gustloff

El naufragio más cruento de la Historia: la agonía del Wilhelm Gustloff

Todos y todas conocemos el naufragio del Titanic, pese a haber transcurrido más de cien años de su hundimiento. No obstante, como en la vida en general, por muy terrible que nos parezca la situación en la que estemos, siempre encontramos casos más cruentos a nuestro alrededor.

A este último grupo pertenece el acontecimiento que os presento: el hundimiento del Wilhelm Gustloff.

El naufragio más cruento de la Historia: la agonía del Wilhelm Gustloff.

Este buque de origen alemán fue botado en 1938 como parte del programa nazi conocido como “Fuerza por la Alegría”, destinado a ofrecer viajes asequibles a los obreros alemanes, fortaleciendo así su adhesión al régimen. No obstante, su faceta de buque civil se vio reducida a un laxo de tiempo muy pequeño, entre 1938 y 1939. En este periodo, se encargó de repatriar la Legión Cóndor tras el fin de la Guerra Civil Española (1938-1939). Con posterioridad desempeñó diversos roles: buque hospital entre 1939 y 1940; y buque nodriza para tripulaciones de submarinos entre 1940 y 1943, quedando amarrado en el puerto polaco de Gothenhafen. Allí se encontraba en el momento en que aconteció el suceso que os voy a narrar.

A la altura de principios de 1945, con el ejército soviético avanzando imparable por Prusia Oriental, la situación del régimen nazi era poco menos que precaria. Por ello, era necesario organizar la evacuación de cientos de miles de civiles, personal militar y prisioneros de guerra que se encontraban atrapados entre los soviéticos y la costa, sin escapatoria posible. Para ello, el almirante supremo de la Kriegsmarine (Marina de Guerra alemana) por aquel entonces, Karl Dönitz, ordenó la ejecución de un ambicioso plan de evacuación, la conocida como Operación Aníbal, movilizando todos los buques de superficie disponibles, desde grandes cruceros pesados hasta pesqueros y otras embarcaciones de pequeño tamaño, que serían las encargadas de evacuar a la mayor cantidad posible de personas. Contaron con la protección de los buques de guerra que aún se encontraban operativos, que con su capacidad ofensiva mantenían a raya a la infantería y a los submarinos soviéticos, además de diversas unidades del Ejército alemán, que con su resistencia permitieron que más de dos millones de personas pudieran ser evacuadas satisfactoriamente a lo largo del transcurso de la citada operación.

En el gélido mes de enero de 1945, en el citado puerto de Gothenhafen, el Wilhelm Gustloff, junto a otras embarcaciones, se preparaba para zarpar, transportando en sus entrañas cientos de miles de refugiados y personal militar. El Gustloff portaba más de 10000 personas, entre civiles, un millar de cadetes submarinistas y casi cuatrocientas enfermeras de la Kriegsmarine. La dirección del buque era ostentada por dos capitanes: Friedrich Petersen el mando civil; Wilhelm Zahn el mando militar. Finalmente, el 30 de enero se hizo a la mar sin escolta. Ambos discutieron largamente qué ruta tomar, decidiéndose al final por tomar una ruta larga, con el objetivo de reunirse con un convoy que les esperaba en alta mar. Mientras tanto, la voz de Hitler resonaba por todos los recovecos del barco, en su último discurso con motivo del 12º aniversario del Partido Nazi. Ante el peligro de chocar con otros barcos, Petersen ordenó encender todas las luces del buque.

Su destino quedaba así sellado, ya que el submarino soviético S-13, al mando del capitán Alexander Marinesko, detectó enseguida al Gustloff, ordenando rápidamente colocarse en posición de ataque, lanzando seguidamente tres torpedos contra el indefenso buque. Los tres hicieron blanco. Uno en la proa. Otro en la piscina interior donde se situaban las enfermeras, muriendo al instante la práctica totalidad de ellas. El último en la popa, inutilizando los generadores, lo que dejó el barco en completa oscuridad. El Gustloff comenzó a escorarse con rapidez, lo que impidió organizar su correcta evacuación. Esto, unido a que la mayor parte de los botes salvavidas habían quedado inutilizados, y a la excesiva cantidad de personas presentes a bordo, hizo que cundiera el caos y el descontrol. Cientos de miles de ellos se lanzaron desesperadamente a las gélidas aguas del Báltico, mientras otras luchaban por salir de barco por todos los medios. Mientras se hundía, el Gustloff se levantó de nuevo, lo que permitió contar con algunos botes salvavidas más. El buque tardó poco más de cuarenta minutos en hundirse. Con todo y con eso, la posibilidad de supervivencia de aquellos que quedaban flotando en las frías aguas del mar Báltico, con temperaturas que rondaban los 20ºC bajo cero, eran bastante reducidas debido a la hipotermia. Esta fue la principal causa de muerte entre los supervivientes del hundimiento.

La presencia de buques alemanes en las cercanías del agonizante Gustloff permitió que la catástrofe no fuera a mayores. Aproximadamente 1200 personas pudieron ser rescatadas. Esto arrojó unas cifras de víctimas dantescas: en torno a 9400, lo que lo convierte en la mayor tragedia marítima de la historia de la navegación. Los restos del pecio quedaron depositados a 45 metros de profundidad, siendo posteriormente dinamitados por los soviéticos, en un intento de borrar las pruebas de lo acontecido aquella madrugada. No obstante, no lograron su objetivo, quedando el buque partido en tres partes. Alexander Marinesko, capitán del submarino que hundió al Gustloff, justificó esta acción en que no pudo identificar indicios de que transportase civiles y heridos, por lo que aplicó las técnicas de torpedeamiento que había aprendido en la Academia Naval Soviética. Asimismo, no recibió el reconocimiento de “Héroe de la Unión Soviética” de parte de sus superiores debido a su mala conducta, lo que hizo que fuera relevado del mando de submarinos, siendo recolocado en un puesto en tierra firme. Paradójicamente, en 1990 sí que recibió esta denominación como parte de la conmemoración del 50º aniversario de la Gran Guerra Patria. El hundimiento del Wilhelm Gustloff no fue la única catástrofe marítima acontecida en los albores de la Segunda Guerra Mundial. Hubo otros hundimientos similares, como los del Cap Arcona, con 4500 víctimas; el General Von Steuben, con 3500 (hundido por Marinesko pocos días después del Gustloff); o el Thielbek, con 2800.

Autor: Adrián Fernández Megías para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Ignacio Jáuregui-Lobera (2020): Navegación e historia de la ciencia: El hundimiento del Gustloff (Derecho de la Guerra), JONNPR, 5 (5), 554-565. Recuperado de: https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S2529-850X2020000500007

Ricardo García Bernal (2015). Unas tragedias marítimas prácticamente desconocidas. Pañol de la historia, fascículo nº 57. Recuperado de: https://issuu.com/panoldelahistoria/docs/panol_57 

Francisco José Sequeiro Leira (2017). Báltico, 1945. Operación Hannibal. Recuperado de: https://armada.defensa.gob.es/archivo/rgm/2017/04/rgmnov042017cap01.pdf

Ángel Sevillano Maldonado (2013). Análisis de los hundimientos de buques de carga y pasaje durante la Segunda Guerra Mundial. Trabajo de Fin de Carrera, Universidad Politécnica de Cataluña. Recuperado de: https://upcommons.upc.edu/bitstream/handle/2099.1/17199/TFC%20Angel%20Sevillano.pdf;jsessionid=B7A36BCBD818A8AC767FA5424C555DF2?sequence=1

Webgrafía:

https://www.wilhelmgustloffmuseum.com/wreck_artifacts

Partes foto de Portada:

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bundesarchiv_Bild_183-27992,_Lazarettschiff_%22Wilhelm_Gustloff%22_in_Danzig.jpg

https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Bundesarchiv_Bild_146-1976-127-06A,_Karl_D%C3%B6nitz.jpg

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