Bellum Cantabricum et Asturicum, las guerras asturcántabras

Bellum Cantabricum et Asturicum, las guerras asturcántabras

La conquista de la Península Ibérica comenzó en el 218 a.n.e provocando la división de ésta en dos grandes provincias, pero dicha romanización se vio interrumpida a finales de la República por las guerras civiles en Roma. Quedaba por conquistar lo que se extiende del Duero al Cantábrico. Y Augusto lo conocía de primera mano. Una de las tareas de éste consistía en terminar la conquista al completo, lo que iba a suponer el sometimiento de poblaciones libres que quedaron en las fronteras naturales del Imperio, por lo que no es una acción aislada.

Su política se basaba en la consolidación de los territorios conquistados estableciendo el limes donde se ubicarían los ejércitos para su defensa. Lo que dicho de otra forma, suponía llevar el territorio hasta su frontera natural (Cantábrico), sin establecer un limes dentro de la Península.

Bellum Cantabricum et Asturicum, las guerras asturcántabras

Hay que tener en cuenta que realmente lo que pretendía Augusto con estas hazañas era consolidar el poder personal y, es por ello, que las victorias militares suponían para él un elemento propagandístico para atraerse a los sectores más reacios. Pero no solo consolidación del poder, sino también había causas económicas, en cuanto a que en esta zona se encontraban yacimientos de oro que van a provocar grandes ganancias a Roma. Se insiste así en la protección romana a los pueblos de la Meseta septentrional, concretamente los vacceos, turmogos y austrigones, contra las depredaciones y algaradas de cántabros y astures sobre sus territorios y propiedades. Pero la hipótesis más verosímil es la voluntad de un efectivo sometimiento de pacificación del ámbito provincial. Y por eso no es de extrañar que los autores contemporáneos inclinarán la balanza a un lado o a otro.

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