El imperio inca fue, al menos en extensión, el mås grande de la América precolombina.
El Tahuantinsuyo (el territorio que ocupaba el imperio) llegĂł a abarcar mĂĄs de dos millones de kilĂłmetros cuadrados, con catorce millones de habitantes, e incluĂa territorios de los actuales Colombia, Ecuador, PerĂș, Bolivia, Chile y Argentina.
El imperio tocĂł a su fin en 1533, tras la conquista de los españoles y la muerte de su emperador Atahualpa, aunque dicha conquista no habrĂa sido posible de no concurrir diversas causas que ya tenĂan al imperio tocado de muerte.

Sin embargo, poblaciones incas rebeldes continuaron rebelĂĄndose contra España dirigidos por cuatro monarcas sucesores de Atahualpa, conocidos como los Incas de Vilcabamba (el tĂ©rmino âincaâ denota aquĂ al soberano del estado incaico).
Bravos hasta el final, estos rebeldes se hicieron fuertes en las poblaciones de la regiĂłn de Vilcabamba, especialmente en su ciudad mĂĄs importante, Choquequirao, hasta que el Ășltimo de ellos, TĂșpac Amaru I, fue apresado y decapitado en 1572.
Choquequirao. El imperio inca de Huayna

Precisamente esta era una de las debilidades del imperio incaico: cruentas conquistas y pueblos tiranizados. Los incas sometĂan y dominaban y, debido a la rĂĄpida expansiĂłn del imperio (que en total durĂł sĂłlo cien años), los pueblos conquistados no llegaron a integrarse en la cultura inca, que simplemente les era impuesta.
Choquequirao. La llegada de los españoles
La primera de estas causas, como ya he comentado mĂĄs arriba, tenĂa su origen en la expansiĂłn del imperio y la dominaciĂłn que ejercĂa sobre los pueblos sometidos. Cuando los españoles llegaron, diez millones de indĂgenas sometidos por los incas estaban deseosos de prestarles apoyo para vencer al inca dominante.
La segunda causa era que el imperio se hallaba inmerso en una guerra civil justo en el momento de la llegada de los españoles.
Choquequirao. La Guerra de SucesiĂłn Inca
Ya he dicho que el reinado de Huayna fue un periodo de expansión del Tahuantinsuyo. Y fue precisamente durante una campaña militar en el norte para aumentar el territorio del imperio cuando Huayna murió.
Algunos de sus hijos le acompañaban en la campaña. Su primogĂ©nito Ninan Cuyuchi, al que Huayna ya habĂa nombrado sucesor, y Atahualpa se encontraban en el frente, en Tumipampa (actual ciudad de Cuenca, Ecuador), mientras que el propio Huayna y otro de sus hijos, HuĂĄscar, estaban en Quito.
Y fue precisamente en esa Ă©poca cuando una epidemia, traĂda por los españoles y desconocida hasta entonces en AmĂ©rica (probablemente sarampiĂłn o viruela), azotĂł la regiĂłn. Tanto Huayna como su sucesor, Ninan, murieron de la enfermedad.
HuĂĄscar, conocedor de la noticia, viajĂł rĂĄpidamente de Quito a Cuzco y, aprovechando el vacĂo de poder y la ausencia de los lĂderes militares (que eran leales a Atahualpa), fue nombrado inca con el apoyo de los nobles cuzqueños.
La situación se mantuvo asà durante un corto periodo de paz tensa que duró cinco años. Sin embargo la guerra civil era inevitable, ya que los generales y las tropas mås experimentadas en las campañas de Huayna apoyaban a Atahualpa. La posición de Huåscar, aunque apoyado por los nobles, se debilitaba por momentos.
Y la guerra llegĂł. Aunque hay diversas versiones en cuanto al desarrollo de la misma de unos cronistas a otros, lo que es indudable es que fue una guerra cruenta. Finalmente, Atahualpa fue vencedor y sus tropas apresaron a HuĂĄscar.

Choquequirao. El fin del imperio
Fue precisamente hacia el final de la guerra cuando los mensajeros empezaron a llegar con noticias de unos âextraños hombres barbudosâ que habĂan llegado a Cajamarca. AsĂ que allĂ se dirigiĂł Atahualpa, con la guerra reciĂ©n terminada y HuĂĄscar apresado, a ver a estos extraños hombres.
Choquequirao. Apresamiento y muerte de Atahualpa
Y mejor no hubiera ido. Los españoles le instaron a convertirse al cristianismo, pero Atahualpa arrojĂł la biblia que le ofrecĂan. So pretexto de la herejĂa las tropas de Pizarron atacaron a los incas en Cajamarca.
Asà que hubo batalla y, tras matar a cinco mil incas, los españoles capturaron a Atahualpa. Y quedó preso en un palacio de Cajamarca desde donde se le permitió seguir administrando el imperio (fue desde allà que ordenó la muerte de Huåscar) y, a fuerza de tratarse de igual a igual, acabó trabando amistad con Francisco Pizarro.
En cierto momento, Atahualpa ofreció dos habitaciones llenas de plata y una de oro como rescate a cambio de su liberación. Oro y plata, palabras mågicas para los conquistadores españoles.
El marquĂ©s [tĂtulo que ostentaba Francisco Pizarro] le preguntĂł quĂ© tanto oro y plata darĂa. Atahualpa dijo que henchirĂa un aposento donde el marquĂ©s estaba, de oro, y el galpĂłn grande que tengo dicho, donde los españoles se recogieron, le henchirĂa dos veces de plata, por su rescate.
Pedro Pizarro
RelaciĂłn del descubrimiento y conquista del PerĂș
Y claro, aceptaron. Atahualpa mandó orden a lo largo de todo el imperio de que se trajera plata y oro a Cajamarca, y pagó su rescate. Sin embargo, lejos de ser liberado, los capitanes españoles presionaron a Pizarro para que lo ejecutase.
Apenado y lloroso por el final del que ya era su amigo, Pizarro no vio otra salida que ordenar su ejecuciĂłn pese lo prometido al inca.
Yo vide llorar al marqués de pesar por no podelle dar la vida
Para evitar la muerte en la hoguera Atahualpa accediĂł a ser bautizado antes de su ejecuciĂłn. MuriĂł con el nombre de Francisco de Atahualpa. Fue enterrado en una iglesia de Cajamarca, pero su cuerpo desapareciĂł de allĂ dos dĂas despuĂ©s. Sus hombres se lo llevaron para que pudiera descansar junto a sus antepasados.