Así perdió el bando Austriacista la Guerra de sucesión española: cinco razones para una derrota

A principios del siglo XVIII tuvo lugar uno de los acontecimientos que más profunda huella han dejado en la historia de nuestro país: la llamada Guerra de sucesión española, que enfrentó a aquellos sectores de la sociedad hispánica  favorables a los Borbones y el consiguiente cambio de dinastía, con aquellos otros que permanecieron fieles a la tradicional monarquía austro-española de la dinastía Habsburgo.

Más de tres siglos después, la historiografía se plantea cuáles fueron los motivos que llevaron al bando llamado Austriacista, es decir, partidario de la familia Habsburgo o Casa de Austria, a perder el trono español. A continuación voy a exponer y explicar con brevedad hasta cinco de ellos que, al parecer, resultaron fundamentales en el transcurso de la contienda.


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Así perdió el bando Austriacista la Guerra de Sucesión Española: cinco razones para una derrota

1º, Apatía diplomática. Durante los últimos años del monarca español Carlos II el Hechizado, y sobre todo desde que quedó claro que moriría sin hijos ni herederos directos, el conflicto diplomático entre Viena y París y, en la propia corte española, entre austriacistas y borbónicos había precedido al ruido de las armas. Tanto el emperador austriaco Leopoldo I como su partido  en Madrid mostraron siempre una cierta apatía, que contrasta con la actitud decidida y activa de los borbónicos. Tampoco supieron sacar provecho de   la posición de la segunda esposa de Carlos II, la austriaca Mariana de Neoburgo, que se mostraba dispuesta a ayudarles. Y, si es cierta la tesis de Rita Monaldi y Francesco Solti ( véase bibliografía ), ni siquiera fueron capaces de evitar dos acciones más que decisivas por parte de los agentes de la Flor de Lis: la falsificación del testamento de Carlos II, con el fin de que un Borbón, aclamado por sus fieles como Felipe V, figurase en ese mismo testamento como su designado heredero, y el envenenamiento del príncipe José Fernando de Baviera, uno de los más firmes pretendientes Habsburgo a la corona de España.

2º, una alianza anti-natural. El pacto de la Gran Alianza, firmado en 1702 entre Austria y las llamadas Potencias Marítimas ( Inglaterra y Holanda ), aunque creaba una formidable coalición anti-borbónica, también alineaba al emperador católico junto a dos naciones protestantes y desde siempre enemigas de España, cosas ambas que se esforzó en resaltar, al máximo, la hábil propaganda de los partidarios del Borbón.

3º, Unos apoyos contraproducentes. El partido austriacista consiguió granjearse la simpatía y hasta el entusiasmo entre los habitantes de los reinos de la corona de Aragón ( catalanes, valencianos, aragoneses y de la Islas Baleares ), así como la incorporación de Portugal a su causa, pero ello implicó la antipatía y el descontento de gran parte de la población de Castilla. Madrid nunca aceptaría a un rey como Carlos de Austria, que llegó por dos veces a su capital escoltado por catalanes, valencianos y portugueses, como había advertido Juan Tomás Enríquez de Cabrera, Gran Almirante de Castilla y uno de los principales valedores de la opción pro-austriaca.

4º, Heterogeneidad entre las tropas y en el mando. Los ejércitos austriacistas en la Península estaban compuestos por un conglomerado de voluntarios españoles y tropas regulares portuguesas, austriacas y británicas, mandadas además por generales y oficiales de estas varias nacionalidades. Ello no sólo fue siempre causa de discusiones y malentendidos casi continuos entre los altos mandos, como en el enfrentamiento que se produjo entre el general austriaco Príncipe de Hesse-Darmstadt y el almirante británico Rooke, a propósito de la ocupación de Gibraltar, en Agosto de 1704, e incluso hizo perder batallas decisivas, como la de Almansa en Abril de 1707. Otro ejemplo de esto mismo: la falta de coordinación entre dos generales, en este caso el austriaco von Starhemberg y el inglés Stanhope, fue la causa principal de las severas derrotas  de Brihuega y Villaviciosa, en Diciembre de 1710.

5º, por último, el cambio en la coyuntura diplomática internacional que se produjo como consecuencia de la repentina muerte del emperador José I en Abril de 1711. Con su desaparición, su hermano menor, reconocido como rey legítimo de España con el nombre de Carlos III por quienes formaban su partido, se encontró de pronto también emperador. Ante esta nueva e inesperada situación, Inglaterra y Holanda se apartaron de la alianza austriaca con la mayor rapidez posible,  por el temor de una reconstrucción del viejo Imperio de Carlos V, pues no les interesaba que Carlos VI fuese a la vez emperador y rey de España.

Cinco motivos poderosos que, sin duda, contribuyeron a la derrota en la Guerra de Sucesión y, por ende, a hacer fracasar la continuidad de la dinastía austriaca Habsburgo en el trono de España.

Autor: Juan José Plasencia Peña para revistadehistoria.es

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