A mediados de siglo VI y apenas 75 años después de la caída del Imperio Romano de Occidente, el emperador bizantino Justiniano emprendió una serie de campañas militares que intentaron restaurar el poder romano en occidente.
Bizancio en Spania
Con el gruedo de las tropas bizantinas combatiendo a los ostrogodos en Italia, Justiniano vio la oportunidad de volver a la antigua provincia de Hispania aprovechándose de los problemas internos de los visigodos, siguiendo el principio que había regido siempre la política del imperio romano de “divide y vencerás”.
Así, según cuenta el historiador Isidoro de Sevilla, el líder Atanagildo enfadado con el rey visigodo Águila, solicitó ayuda a Bizancio para coronarse como rey de la nación Goda:
“Como Atanagildo con anterioridad hubiera tomado la tiranía y se esforzara en privar del reino a Ágila, solicitó el Emperador Justiniano tropas que le auxiliasen, las cuales, fortificadas, no pudo después alejar de las fronteras del reino. Con ellas hasta hoy se está en conflicto: antes con frecuentes combates mortales, pero ahora con muchas incursiones y escaramuzas.”
Bizancio en Spania
Así pues Justiniano envió una pequeña fuerza expedicionaria al mando de Liberio, un general que al haber sido prefecto de Teodorico en la Galia Narbonense, conocía las peculiaridades de los visigodos, desembarcando en Carthago Nova.
Bizancio en Spania
En ese momento, las ciudades del sur de la Cartaginense y muy especialmente las de la Bética aún mantenían las costumbres civilizadas y romanas, pues apenas hacía setenta y cinco años de la caída del imperio, y aunque habían sufrido mucho con el paso de los vándalos por Hispania, éstos lo único que hicieron aparentemente fue saquear y destruir, sin influir en las costumbres de las poblaciones locales. Además, especialmente en la Bética, ciudades como Corduba o Hispalis eran prácticamente independientes de los visigodos.
En este contexto, el pequeño ejército expedicionario bizantino fue recibido con agrado por una población que aún hablaba latín, que despreciaba a los visigodos, los cuales practicaban una doble justicia (los visigodos eran juzgados por sus propias leyes mientras que los romanos estaban discriminados y limitados en los cargos públicos) y que ansiaban alcanzar la paz volviendo a formar parte de una unidad imperial mas grande que permitiese la expansión comercial de sus puertos.
Bizancio en Spania, Justiniano
Atanagildo se dio cuenta de su error cuando ya era tarde, Justiniano proclamó la nueva provincia de Spania y rápidamente se establecieron prósperas relaciones comerciales entre las ciudades de Spania y Bizancio y durante casi cien años el mediterráneo volvió a ser un lago romano.
Bizancio en Spania, soldados bizantinos
Sin embargo, tras la muerte de Justiniano, los problemas en Italia y en los balcanes impidieron la llegada de nuevos refuerzos a Hispania, por lo que los bizantinos se atrincheraron tras los muros de las ciudades, especialmente en la costa, dejando el campo abierto a los visigodos.
El rey visigodo Sisebuto en la gran campaña de 620 o 621 logra conquistar Carthago Spartaria, la capital bizantina, a la que los bizantinos denominaban Justina, la ciudad más importante de toda la provincia, ordenando la destrucción de las murallas y de todas las defensas de la ciudad, a las que siguieron Malaca y el resto de siudades costeras bajo su sucesor Visigodo, Suintila, dando por finalizado el período bizantino en Spania. (Se puede ampliar información leyendo el artículo relacionado Suintila, el unificador de la Península Ibérica)
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