La peste negra y la excepcionalidad europea

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En las últimas décadas la historiografía económica ha puesto su interés en la peste negra para responder una de las preguntas más complejas y apasionantes de la historia: ¿por qué Europa?

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La Gran Divergencia, es decir, la enorme diferencia tecnológica y económica entre Europa y el resto del mundo, se manifestó sobre todo a raíz de la Revolución Industrial, pero los orígenes de esta divergencia se han rastreado muchos siglos antes. La Ilustración, el mercantilismo, la revolución científica, el Renacimiento o el descubrimiento de América han sido clásicamente señalados como hitos o escalones fundamentales en la materialización de este desarrollo acelerado de una parte del mundo que, a priori, ni era la más rica, ni la mejor situada para protagonizarlo.

La peste negra y la excepcionalidad europea

Últimamente, no son pocos los investigadores que han puesto su atención en la pandemia por excelencia, la muerte negra del siglo XIV, a la que consideran uno de los motores fundamentales de la diferenciación económica entre Europa y Asia, que hasta que se produce la Gran Divergencia, era la parte del mundo que acumulaba, con enorme diferencia, la mayor riqueza.

La peste negra es probablemente la peor pandemia que ha sufrido la humanidad. Se produjo en Eurasia a lo largo del siglo XIV, teniendo su peor pico a mediados del siglo. Aunque es difícil calcular el número de fallecidos, es comúnmente aceptado que en Europa la epidemia acabó con un 35-40% de la población.

A pesar de la incuestionable catástrofe demográfica que supuso esta enfermedad, el análisis de los datos económicos de este periodo ha hecho que muchos estudiosos hayan visto en esta mortandad una explicación al ulterior desarrollo de Occidente.

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Lo que el análisis más elemental de los datos indica es que se produjo un importante aumento de los salarios en los años posteriores a la epidemia. Este aumento de los salarios parece lógico en un contexto en el que la mano de obra escaseaba, pero las tierras que había que labrar eran las mismas. Sin embargo, ni fue igual de cuantioso, ni se mantuvo en el tiempo de la misma manera en todas las regiones del continente euroasiático.

A grandes rasgos, este aumento de los ingresos de la clase trabajadora fue mayor en Europa y se mantuvo a lo largo de las siguientes décadas, hasta perpetuarse en determinadas zonas. Sin embargo, en China-la mayor economía de la época-, este fue un efecto menor y pasajero. Aunque el impacto demográfico fue también intenso en China, la existencia de un poderosos estado centralizado, con un impresionante cuerpo funcionarial que no varió su estatus o ganancias, además de una rápida recuperación demográfica posterior, absorbieron rápidamente este efecto.

En cambio, en Europa la recuperación demográfica fue más lenta, y la estabilidad política mucho menor. La existencia, en general, de monarquías o estados menos poderosos hizo que el shock demográfico se absorbiera de manera diferente y que afectara al sistema económico en mucho mayor alcance. En resumen, los sistemas asiáticos tuvieron mayor resiliencia que en Europa.

Los nuevos ingresos que la nueva situación trajo a la clase trabajadora europea se tradujeron en nuevas posibilidades para ellos: adquirir bienes normalmente fuera de su alcance o incluso emprender negocios u otro tipo de inversiones. Esto repercutió en una aceleración de la urbanización.

Por otro lado, la falta de mano de obra hizo que en muchos sitios la mujer se incorporara al trabajo en determinadas labores. Esto provocó un retraso en la edad del matrimonio y de la maternidad, y la consiguiente reducción de la natalidad. Además, la mortalidad siguió siendo alta, porque la inestabilidad política típica de Europa alentaba las guerras continuas, y porque  las ciudades europeas eran especialmente poco saludables, teniendo en cuenta que, como ya se ha indicado, en este periodo se produjo un importante crecimiento de la urbanización. Todo esto unido perpetuó los salarios altos y, para algunos estudiosos, en ese contexto económico se encuentra también la explicación del desarrollo de las innovaciones tecnológicas, pues existía el estímulo de hallar un mercado para ellas en ciudades cada vez más grandes y una clase media creciente.

Esta misma argumentación ha servido para que algunos estudiosos propongan la Peste Negra como uno de los motivos que expliquen lo que se ha denominado la “Pequeña Divergencia”. Frente a la Gran Divergencia, esta se refiere a la clara diferencia  en el desarrollo económico que, según avanza la modernidad, se fue poniendo de manifiesto entre diferentes zonas de Europa. Algunos de  los trabajos que han hallado argumentos en los datos económicos-crecimiento de los salarios o índices de urbanización, por ejemplo- para justificar la Gran Divergencia, también encuentran diferencias importantes entre los países del norte de Europa.  Estos países partían tras la epidemia de una situación de menor desarrollo económico, menor urbanización, o tenían monarquías menos poderosas y centralizadas que los países del sur de Europa, en los la mortandad tuvo un efecto más limitado en el tiempo en el alza de los salarios, pues, como ocurrió en China, aunque por mecanismos diferentes, el sistema pudo absorber los cambios sin alterarse.

Probablemente, la “excepcionalidad” o “milagro” europeos, que ambas denominaciones ha tenido, no pueda ser explicado por un único hecho, ni se encuentre en un momento concreto del pasado, sino que se deba, como todo en la historia, a un cúmulo de sucesos. Pero parece evidente con sólo entender la magnitud del acontecimiento, que la peste negra tuvo un impacto importante en el devenir de los hechos.

Autor: José María Maesa Márquez para revistadehistoria.es

Lee más sobre el autor en: http://insensateces-de-un-exiliado-cronico.blogspot.com

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Bibliografía:

  • Jedwab et al. 2016: Bones, Bacteria and Break Points: The Heterogeneous Spatial Effects of the Black Death and Long-Run Growth.
  • Voigtländer and Voth 2012: The Three Horsemen of Riches: Plague, War and Urbanization in Early Modern Europe.
  • Pamuk 2007: The Black Death and the origins of the ‘Great Divergence’ across Europe, 1300-1600.

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