Tiro, la Ciudad Estado Fenicia

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Tiro es el nombre por el que conocemos a la ciudad fenicia de Sur-ry, que traducido viene a significar “Sur”, “La ciudad del sur”, teniendo en cuenta que esta era la principal ciudad-estado del Sur de Fenicia. Tiro estaba ubicada en el emplazamiento de la ciudad que hoy lleva el mismo nombre, al sur de Líbano. Antes que nada, cabe destacar que no se ha llevado excavaciones amplias de esta ciudad, por nos basamos principalmente en fuentes escritas para describirla.

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Entre los pocos estudios arqueológicos llevados a cabo, podemos destacar un sondeo estratigráfico de 150 m2 en 1973-1974, permitió contrastar los datos de documentación escrita con datos arqueológicos, registrando una secuencia de materiales, y también una cantidad considerable de cerámica. Los primeros poblamientos datan del Bronce Antiguo (2900-2500 a.C.), con un abandono en el Bronce Medio, entre el 2000 y el 1600 a.C. La ciudad vuelve a ser repoblada en el Bronce Reciente entre el 1650-1050 a.C., detectándose un auge de la industria de la purpura con el hallazgo de conchas, al final de este periodo se detecta un declive de la ciudad y su industria si pruebas de violencia.
Durante la Edad del Hierro se aprecia un aumento de las construcciones de la ciudad y de la producción cerámica entre el 850 y 800 a.C. Posteriormente, entre el 760 y el 740 a.C. se erigen grandes edificios monumentales. A partir del los estratos fechados en el 700 a.C. no se hallan restos al estar destruidos por construcciones romanas eliminando la información del hierro medio y reciente (725-550 al 550-330 a.C.).

Se ha encontrado gran cantidad de cerámica de varias épocas y de diferentes estilos, y también se han hallado en la zona continental un cierto número de necrópolis cerca de la costa, a la vez que algunos asentamientos más.

Tiro
Tiro, rutas comerciales fenicias, devBourrichonderivative work: Rodriguín

Tiro, Urbanismo

Inicialmente la ciudad estaba dividida en dos islotes, posteriormente unidos por Hiram I en el 1º milenio formando una única isla, pero actualmente se ha convertido en una península debido a la acumulación con el paso del tiempo de sedimentos en el dique construido por Alejandro magno.

La isla de Tiro era relativamente pequeña. Investigaciones recientes señalan a una superficie de unas 53 hectáreas.  Según Plinio tenía 4 km de diámetro, estaba amurallada con una posible altura de 45 metros, con grandes torres, con almenas o merlones, y dos grandes puertas con arcos. Había una gran densidad de población, aproximadamente 30000 personas, con calles relativamente estrechas y las casas muy juntas, de varios pisos de altura, se dice más altos que en Roma.

Tiro
Tiro

Poseía dos puertos uno natural al norte llamado Sidonio, y otro al sur construido artificialmente llamado Egipcio, ambos puertos estaban unidos por un canal que cruzaba la ciudad por el centro, y se encontraban rodeados de arrecifes para protegerlos de las mareas, los vientos y los ataques por mar.

Las excavaciones sitúan el asentamiento continental de Tiro llamado Ushu, a 5 km al sur de Tiro, donde se encontraban los astilleros y la necrópolis, y que le proporcionaba agua Tiro, ya que cerca desembocaba el rio Ras el-Ain, conectado a la ciudad por galerías subterráneas y posterior construcción de cisternas por el rey Hiram I (969-936), su reinado fue el de mayor apogeo de la ciudad y se le atribuyen las principales construcciones monumentales, principalmente edificios públicos, una gran plaza del mercado cerca del puerto, el templo al norte dedicado a Melkart, otros dos grandes templos dedicados a Astarté y Baal Shamem, un palacio situado al suroeste, todos construidos por Hiram I.

Tiro, Arte

En cuanto al arte, la mayor parte es una mezcla e influencia de otros estilos artísticos, principalmente egipcios, las pruebas indican que por lo menos los fenicios conocían este estilo desde la dinastía XII egipcia en adelante, uno de los ejemplos de la influencia egipcia se nota más en la representación de figuras humanas hieráticas con la utilización de la peluca egipcia o las cabezas de las esfinges y la inclusión de su escritura de forma decorativa, y de Mesopotamia no tan extendida como la egipcia, ejemplos son los cuerpos de esfinges aladas o los sellos cilindros y planos con algunas diferencias a los originales otra influencia proviene del Egeo con la cerámica policromada minoica y diseños en espiral estilo.

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Entre las manufacturas fenicias tenemos, tallas en marfil, cuencos metálicos, dos ejemplos encontrados en Italia uno de estilo egipcio y otro asiático, estatuillas de arcilla y metálicas de poca calidad artística, fabricación en serie y escultura en piedra, estelas de piedra.

Tiro, Religión e Instituciones

En Tiro hubo dos grandes instituciones políticas, el templo y el palacio, que fueron, respectivamente, la casa del dios y la casa del rey. En todo caso, como es propio del Próximo Oriente antiguo, las diferencias entre ambas fueron mínimas, llegando a complementarse e incluso a confundirse.

La institución monárquica en Tiro está presente desde el siglo XIX a.e. (principios del II milenio) hasta la conquista de Alejandro. Siguiendo el modelo oriental, el poder del monarca se expresó en el palacio real. La monarquía fenicia, en general, emplea la religión como un medio propagandístico. Es conocida la piedad de los reyes de Tiro, nada más observar las sucesivas reconstrucciones de los templos de la ciudad.

En el panteón fenicio parece reflejar unas ciudades cerradas en sí mismas, especialmente a principios del I milenio, lo que debió favorecer un proceso gradual hacia variantes religiosas estrictamente locales. En otras palabras, no se debe hablar de religión fenicia propiamente dicha, sino referirnos a la religión de cada ciudad.

Tiro, ruinas
Tiro, ruinas

La divinidad principal de Tiro fue Melqart, protector de la ciudad, símbolo de la institución monárquica y fundador de colonias, donde lo primero que se construía era un santuario en su honor. Debido a la propia naturaleza de la sociedad fenicia, es asociado especialmente con el mar, apareciendo en las monedas cabalgando sobre un hipocampo. Además, gran parte de las riquezas provenientes de las colonias acababa en su templo. Su culto no tiene antecedentes conocidos en el II milenio, documentándose a partir de la hegemonía de Tiro sobre las demás ciudades fenicias, con Hiram I. A este rey se le atribuye pues, la consagración o “invención” del culto a esta divinidad, siendo él quien construye el Templo de Melqart tras demoler el antiguo templo de la ciudad, dedicado a Baal Haad.

En segundo plano aparecen deidades como Astarté. Hacia el siglo VII a.e. aumenta la influencia de dioses como Baal Hammón y diosas como Tanit (equivalente de la anterior), que tendrá gran popularidad en las colonias de Occidente, junto con Melqart.

Cabe destacar que los dioses protectores de cada ciudad no solo tenían un significado religioso, sino también político, ya que eran el símbolo de su autonomía, su independencia y, sobre todo, su identidad. Es de destacar el relato de Arriano, cuando nos cuenta que Alejandro, durante el asedio de Tiro, quiso ofrecer un sacrificio en el Templo de Melqart, con propósitos claramente políticos, ya que se consideraba descendiente de Hércules (asociado a esta divinidad fenicia). Naturalmente, los tirios se opusieron categóricamente.

En Tiro, el sacerdocio del soberano y la sacralidad de la monarquía parecen haber sido más pronunciadas que en otras ciudades fenicias, acaso por la propia singularidad del dios Melqart (Baal fenicio), protector de la ciudad. La élite sacerdotal tenía mucho poder y sancionaba la autoridad del rey. Dicho de otro modo, el templo y el palacio detentaban un poder casi absoluto, máxime cuando los principales cargos religiosos estaban en manos del rey y su familia; esto recuerda la mitología, donde la hermana del rey Pigmalión, Dido (la fundadora de Cartago) estaba casada con el sumo sacerdote del Templo de Melqart.

Hiram I de Tiro
Hiram I de Tiro

Volviendo a la figura del monarca, la información que poseemos acerca de sus atribuciones y su alcance es limitada, ya que, a diferencia de otras monarquías, los reyes fenicios no se dedicaron, que se sepa, a contar sus hazañas y empresas políticas en inscripciones conmemorativas o relieves. Sin embargo, los estudios de documentos históricos referentes procedentes de otras civilizaciones nos aportan información valiosa al respecto, como veremos más adelante en alguno. Sabemos que las funciones sacerdotales eran inherentes a su cargo. Asimismo, resulta significativo el elemento divino que aparece en los nombres reales, como los sucesores de Hiram I, llamados Baal-Ezer (siervo de Baal) y Abdastart (siervo de Astarté). En algún caso, el rey de Tiro reivindica, además de su sacralidad, la naturaleza divina; ya no es “siervo” de nadie. De allí la indignación del profeta Ezequiel, cuando escribe las palabras del rey de Tiro, “[…] Soy un dios, sentado en el trono de los dioses […]” (Ez 28:2).

En materia de asuntos políticos y comerciales, los reyes de Tiro estaban asesorados por un Consejo de Ancianos (o jueces o sufetes), representantes de las familias más poderosas de la ciudad. Las referencias a esta institución podemos encontrarlas tanto en las cartas de Amarna como en el tratado entre el rey de Asarhadón de Asiria y el rey Baal de Tiro en el siglo VII a.e., donde el asirio se refiere al gobierno de la ciudad de la siguiente manera: “junto a ti [el rey], junto a los ancianos de tu país”. Por otro lado, ignoramos si las funciones de este órgano fueron meramente consultivas o si formaron parte directa del gobierno, aunque se sabe que durante el periodo neobabilónico (s. VI a.e.) Tiro estuvo gobernada por estos jueces representaban al rey de Babilonia o al mismo rey de Tiro, cautivo en Mesopotamia.

Cabe destacar la presencia de la figura del “gobernador” y del “comandante de los ejércitos”, que operan en paralelo al consejo de ancianos, rindiendo cuentas al rey directamente. Las evidencias sobre la existencia de esta jerarquía no las encontramos en Tiro, sino en una inscripción del sarcófago de Ahiram de Biblos, pero dado el estrecho contacto entre las ciudades fenicias no hay razón para descartar que la organización socio-política fuese similar, que de hecho lo fue.

Autor: Alejandro José Díaz Sosa para revistadehistoria.es

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