Roma, práctica y rito en la fundación de ciudades en el mundo antiguo
Ciudad y rito estaban estrechamente unidos en la mentalidad de los antiguos. Esta unión se hace patente a través de la importancia que estos hombres concedían a los ritos fundacionales, que quedarían recogidos en los libri rituales.
Desgraciadamente, no ha llegado a nosotros ninguna copia de estas obras, por lo que el investigador debe recurrir a descripciones fragmentarias para conocer cuáles eran estos ritos.
Roma, práctica y rito en la fundación de ciudades en el mundo antiguo
Si tenemos en cuenta el relato sobre la fundación de Roma, así como lo que conocemos sobre el ritus estruscus, podemos definir las partes que componían el ritual de fundación de una nueva ciudad, la inauguratio. Comenzaba con la plegaria, a través de la que el augur determinaba el tipo de signos que buscaba; después, en un proceso llamado conregio, trazaba sobre el suelo un diagrama al tiempo que recorría todo el espacio ante sí con la mirada (contemplatio), formando así el templum.
Este último término ha planteado muchas dudas entre los investigadores, y aquí seguiremos la línea planteada por Rykwert, entendiendo como templum «cualquier espacio segregado para determinadas funciones del estado y la religión». En este sentido, compartía con la ciudad otras características además de que ambos hubieran sido ritualmente cercados. La más relevante, es la división cuatripartita.
Una vez que el augur había consultado sobre el emplazamiento para la nueva ciudad y había interpretado los signos como favorables, los agrimensores comenzaban a planificar el trazado de la nueva ciudad. Para el autor, no cabe duda de que su aparición, acompañados de unos aparatos de apariencia misteriosa (el schiotherum y la groma) debía resultar casi mágica para quienes pudieran verles realizar su trabajo. Ahora, la división cuatripartita del templum se materializaba en el terreno a través del trazado del cardus y el decumanus, a partir del umbiliculus del lugar (el centro, «ombligo»). Poco a poco, los agrimensores establecían una cuadrícula, cuyas porciones de terreno se repartirían después mediante sorteo entre los nuevos habitantes.
El siguiente paso era el trazado por parte del fundador del sulcus primigenius, el primer surco, que determinaba los límites de la ciudad. Para llevar a cabo esta tarea, el fundador se servía de un arado de bronce, tirado por un toro y una novilla blancos, con el que comenzaba a surcar la tierra desde el extremo sudoccidental de la ciudad, en sentido contrario a las agujas del reloj. Cundo pasaba por el lugar destinado a cada una de las tres puertas de la ciudad, levantaba el arado para evitar que la tierra quedase marcada. Tanto el surco como el montón de tierra levantado con el arado se consideraban sagrados, en línea con la tradición etrusca que considera como tales los límites de la ciudad.
No solo la fundación de ciudades estaba cargada de un enorme peso ritual, sino que también la destrucción de las mismas lo tenía. A fin de cuentas, la ciudad tenía una existencia peculiar, por lo que no bastaba con arrasarla físicamente, sino que debía ritualizarse su destrucción. Es posible que para llevar a cabo estos ritos, se condujera un arado en el sentido de las agujas del reloj por los límites de la ciudad que acababa de ser arrasada.
Además de la fundación de la ciudad, era muy importante delimitar sus termina, mediante los que se delimitaba el espacio de la ciudad. La erección de un terminus se acompañaba de un complejo ritual, descrito por Sículo Flaco, que incluía la excavación de un hoyo para depositar un sacrificio. En general, este ritual recuerda al de la confección del mundus en el centro de la ciudad. En ambos casos se excavaba un hoyo en el que se vertía un sacrificio, que en el segundo consistía en una ofrenda de tierra procedente de la ciudad de origen de los fundadores.
Roma, práctica y rito en la fundación de ciudades en el mundo antiguo, ROMA QUADRATA
Con el término Roma quadrata nos estamos refiriendo al primitvo núcleo urbano que delimitó Rómulo con el arado. Poco sabemos a día de hoy sobre él, y las fuentes aumentan la confusión en este sentido: mientras autores como Varrón parecen sugerir que trazó un surco más o menos circular, Dionisio de Halicarnaso afirma que los límites primitivos de Roma tenían forma cuadrara. Al respecto, cabo señalar que las ciudades circulares son una rareza en el mundo antiguo, y quizás el único ejemplo claro de estas características sea el de Sam’al (Zinçirli), de época hitita.
Autor: Isabel Ilzarbe para revistadehistoria.es
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