Los primeros años de Juana la Loca

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Juana era la segunda hija de los Reyes Católicos, nace el 6 de noviembre de 1479 en Toledo. Su nombre viene de su abuela paterna Juana Enríquez. Sus padres Fernando e Isabel acaban de terminar la guerra de Sucesión contra la nobleza partidaria de la causa de Juana la Beltraneja, la hija de Enrique IV casada con Alfonso V de Portugal, que reclamaba la sucesión del reino de Castilla como heredera legítima de su padre el difunto rey.

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El año 1479 fue importante para el futuro de España ya que se firmó el Tratado de Alcazobas, por el que se establecía la paz entre los dos reinos de Castilla y Portugal, se ponía fin a la guerra que duraba desde 1475 y se consolidaba definitivamente la posición de Isabel como reina de Castilla. También el mismo año, tras la muerte de su padre, Juan II de Aragón, Fernando se proclama rey de Aragón, alcanzando así la unidad de los dos reinos más importantes de la península ibérica: Castilla y Aragón. El nacimiento de Juana coincide con ese año tan significativo para los Reyes Católicos.

Juana la Loca: infancia y adolescencia hasta 1495

Su vida transcurre de un lugar a otro, como era normal en la Castilla medieval de Cortes itinerantes. Sus padres pronto se trasladan de Toledo a Sevilla, a Córdoba y a Jaén una vez iniciada la guerra de Granada, aunque de vez en cuando viajan por el norte de Castilla y también por Aragón y Cataluña. Su madre la reina Isabel se encargó de la educación de Juana y para ello se sirvió de su amiga y maestra Beatriz Galindo, experta en latinidad. El dominico Andrés de Miranda se hizo cargo de la enseñanza general de Juana desde 1485 a 1496. La educación que recibió fue de alto nivel y pronto llegó a dominar el latín, el francés, el arte y la danza, además del manejo de instrumentos musicales. En 1482 y 1485 nacieron sus hermanas María y Catalina.

Durante la guerra de Granada se supone que convivió con todos sus hermanos, aunque su hermana Isabel, nueve años mayor, no jugaría con ella por la diferencia de edad, y su hermano Juan, aunque solo tenía un año más, recibió otro tipo de educación por ser el primogénito y heredero. Quizá sus hermanas pequeñas María y Catalina, que nacieron tres y cinco años más tarde que ella, sí estuvieron más cerca de Juana. Su infancia se supone que fue tranquila ya que la familia estaba unida a pesar de la difícil guerra que sus padres arrostraban al frente del ejército contra los moros del reino de Granada. En 1490 se casa su hermana mayor Isabel con el príncipe Alfonso de Portugal, hijo de Juan II y nieto de Alfonso V. Empieza la política matrimonial de los Reyes Católicos como estrategia para que la posición de España como potencia europea se consolide frente a su enemigo, Francia.

Al finalizar la guerra de Granada en 1492, sus padres salen muy reforzados en Europa, no solamente por la conclusión exitosa de la Reconquista, aplaudida por el papa y toda la cristiandad, sino también por el descubrimiento del Nuevo Mundo. En la mente de su padre se perfilaba el mapa estratégico de la política europea de España y pronto conseguirá su objetivo: la política matrimonial para aislar a la poderosa Francia, que amenazaba continuamente las fronteras aragonesas en Nápoles y en Cataluña. Asuntos vitales a los que Fernando no pudo dedicar el tiempo necesario mientras duró la guerra de Granada. Una vez conseguido el matrimonio de su hija mayor Isabel con el príncipe Alfonso de Portugal para asegurar la paz duradera en la Península, Fernando inicia la negociación con el emperador Maximiliano: propone el doble matrimonio de sus hijos Juan y Juana con Margarita y Felipe, hijos del emperador del Sacro Imperio, de manera que toda la frontera norte de Francia quede cerrada por el Imperio aliado austrohúngaro.

El otro matrimonio que tenía el padre de Juana en la mente era con Inglaterra: el del príncipe Arturo, hijo de Enrique VII, con su hija Catalina. Pero la vida familiar y la tranquilidad de que gozó Juana en su infancia estaba a punto de terminar. Aunque al menos durante esta etapa Juana fue la hija mejor considerada por su inteligencia, comportamiento, formación y carácter, además de cumplir con la mayoría de los requisitos que debía atesorar una princesa, a pesar de que ella no estaba en la primera línea para ser heredera. Durante este tiempo no presentó síntoma alguno de la esquizofrenia que más tarde apareció. Residió con su familia en la recién conquistada Alhambra de Granada hasta 1496. El destino de Juana era casarse con el archiduque Felipe de Borgoña, boda marcada por la política matrimonial de sus padres, por lo que se marcha a Flandes el 21 de agosto de 1496, zarpando del puerto de Laredo, en Cantabria. Su madre y sus hermanos fueron con ella hasta el puerto para despedirse, y su madre pasa la última noche con Juana, a solas, para darle los últimos consejos. El almirante de Castilla Fadrique Enríquez la acompaña en su viaje con un séquito de 4500 personas, damas y caballeros de la casa de la infanta, embarcados en un total de veintidós navíos. Juana tenía entonces 16 años. Tardaron dieciocho días en llegar a Rotterdam, donde desembarcaron el 8 de septiembre. Felipe el Hermoso no fue a recibirla, lo hizo su hermana Margarita. Después de un mes y doce días de espera se produce el primer encuentro de los novios.

Matrimonio con Felipe el Hermoso (1496-1506)

Durante el primer año de estancia en Flandes el matrimonio con Felipe fue totalmente feliz según consta en las crónicas. A los dos años de la boda nace su primera hija, Leonor, en Lovaina, el 24 de noviembre de 1498. El 24 de febrero de 1500 da a luz a su segundo hijo, Carlos, en Gante. Seguidamente nace su tercera hija, Isabel, en Bruselas. Ya entonces comienzan a aparecer unos celos patológicos: vigilaba a su esposo de manera permanente. Las relaciones con su marido se deterioran por el comportamiento celoso de Juana. A pesar de todo, como demuestran los nacimientos de otros tres hijos hasta la muerte de su marido, la vida conyugal se mantuvo. En los diez años de matrimonio con Felipe nacieron seis hijos de forma prácticamente continuada: Leonor en 1498, Carlos en 1500, Isabel en 1501, Fernando en 1503, María en 1505 y Catalina en 1507.

Todos ellos llegaron a ser personajes de primer orden: Leonor, reina de Portugal y de Francia; Carlos, emperador del Sacro Imperio y rey de España; Isabel, reina de Dinamarca; Fernando, emperador alemán; María, reina de Hungría, y Catalina, reina de Portugal. Mientras Juana sufría en Flandes debido a la falta de cariño y de atención por parte de su marido, que ya no la quería como en los primeros años de matrimonio, sucedían graves acontecimientos en España. En 1497 su hermano, el príncipe heredero Juan, fallecía a poco de comenzar su vida matrimonial con su cuñada Margarita, hermana de Felipe el Hermoso. Fue un golpe terrible para sus padres ya que Juan era el único hijo varón y tenían toda la esperanza depositada en él para la continuidad de la corona de los Reyes Católicos. La tragedia no termina con la muerte de su hermano.

Isabel, la hija mayor de los Reyes, fue llamada a España para ser jurada como heredera de la corona, pero en 1498, después de dar a luz a su hijo Miguel, fallece. Justo ese año nació la primera hija de Juana, Leonor. A continuación, en 1500, fallece también Miguel, hijo de Isabel, el mismo año del nacimiento del hijo de Juana, Carlos. Como se dice vulgarmente, la vida de la reina Isabel dio muchas vueltas: su infancia fue más bien triste e incierta, aunque no penosa; su juventud después del matrimonio con Fernando fue muy feliz y llegó a reinar en Castilla con todo su esplendor; pero después del gran triunfo de la guerra de Granada y del descubrimiento del nuevo continente (acontecimientos históricos de primer orden mundial), la mala suerte aparece y convive con ella el resto de su vida, convirtiéndose en rutina con las sucesivas muertes de los seres queridos y la desavenencia entre sus hijas. Juana la Loca recibe las noticias con retraso y parece no sentir demasiada pena por la muerte de sus hermanos, quizá porque la preocupación diaria por su vida matrimonial con Felipe ocupaba toda su mente y las cosas de España le parecían algo muy lejano y ajeno. Su padre el rey Fernando comunica a Felipe la muerte del último sucesor a la corona, Miguel, informándole de que Juana es la nueva reina y que tienen que venir a España para ser jurados como herederos de la corona. En 1501 Juana y Felipe salen para España atravesando Francia.

Felipe el Hermoso era francófilo porque su condado de Borgoña tenía vínculo de vasallaje con el reino de Francia y mantenía buenas relaciones con Luis XII. Juana y Felipe fueron recibidos por los reyes en la corte francesa con fiestas y banquetes durante su estancia. Juana demostró ser la hija de los Reyes Católicos manteniendo su posición de igualdad ante los monarcas franceses, mientras que su marido fue tratado como invitado vasallo del soberano francés: aceptó la famosa moneda que el rey entregaba a sus huéspedes simbolizando su autoridad frente a sus vasallos. Juana rechazó la moneda ante el embarazoso gesto de su marido. Luis XII se sorprendió ante la postura firme de Juana, quien demostraba así la dignidad que le correspondía por ser la infanta del reino de España, no considerándose vasalla de Francia.

Esta postura de Juana la exime en ese tiempo de la esquizofrenia que se le declaró más tarde. Sabía muy bien quién era ella como descendiente de los Reyes Católicos y que sus padres estaban al mismo nivel que Luis XII, si no eran más importantes que el propio rey de Francia.  El 3 de marzo de 1502 por fin llegan a Fuenterrabía después de pasar los caminos de la montaña pirenaica con mucha dificultad. Prosiguen por Tolosa, Medina y Madrid y llegan a Toledo el 7 de mayo. El 22 del mismo mes fueron jurados en las Cortes de Toledo como príncipes herederos, y el 27 de octubre, en Zaragoza, las Cortes de Aragón también les juraron, pero con la condición de que si Fernando tuviese un hijo varón, la Corona de Aragón pasaría a este. El 27 de febrero de 1503 Felipe se marcha a Flandes sin Juana, a pesar de la insistencia de los Reyes de que esperase por lo menos unos meses hasta que Juana diese a luz, ya que estaba embarazada y no podía viajar. Felipe demostró ser un joven poco respetuoso y ligero de carácter. Los Reyes trataron de ser amables, pero él no quería tener mucho trato familiar con sus padres políticos, además de que demostraba ser amigo de Francia y «poco amigo» de España. Isabel y Fernando estaban disgustados con su yerno, si bien no era responsabilidad de Juana porque ese matrimonio había sido pergeñado por ellos mismos. A partir de entonces Juana empieza a tener un comportamiento rebelde, desobediente e histérico, reacciones violentas que sin ser indicio de locura podían dar esa sensación.

Se ha hablado de la enajenación mental de Juana, pero desde el punto de vista psicológico esa actitud agresiva se puede interpretar como su propia defensa ante la imposibilidad de marcharse para reunirse con su marido. No podía hacer otra cosa que dar problemas para que la dejaran ir porque Juana se sentía una víctima al ver que sus padres parecían más interesados en los asuntos del reino que en la vida de su hija. Juana sabía lo que tenía que hacer para proteger su matrimonio, pero no podía actuar por sí sola y sus nervios y su paciencia se desataban por momentos, aunque se mostraba indiferente a lo que la gente pudiese pensar sobre su alterado comportamiento.  Para Juana era más importante el amor que sentía estando al lado de Felipe que los asuntos del reino de sus padres. Estaba totalmente loca por Felipe y de ninguna manera soportaba dejarle solo, ya que intuía que en su ausencia Felipe se divertía con las damas de la corte flamenca. Se comprende bien su reacción si se considera que era una persona muy sincera y recta que no toleraba ciertas cosas que afectaban directamente a su principios. Cuando se encontraba en una situación desesperada se producía el tipo de actitud que la gente consideraba locura. No obstante, para ella era una forma de reacción espontánea que a veces duraba más tiempo de lo habitual. Pero después volvía a ser una persona normal.

El 10 de marzo de 1503 da a luz a su segundo varón, Fernando, en Alcalá de Henares. Se traslada después a Segovia y a Medina del Campo, desde donde intenta salir a pie en pleno invierno para reunirse con su marido Felipe. Por orden de su madre la fortaleza del castillo de Mota se cierra por completo para que Juana no pueda escapar. La reacción de ella fue tremenda, permaneciendo fuera del edificio a una temperatura bajo cero sin comer ni dormir. La reina, a pesar de estar enferma, sale de Segovia y visita a su hija para que se calme, pero no solo no la obedece, sino que la insulta. Con gran disgusto y dolor la reina la deja viajar a Flandes cuando el tiempo mejore. En marzo de 1504 por fin se marcha a Flandes desde Laredo para reunirse con su marido. El mismo año, el 26 de noviembre, muere la reina Isabel en Medina del Campo. Ya estaba muy débil y enferma tras tantos disgustos y fatalidades que hubo de pasar en la última etapa de su reinado. En 1505 las Cortes de Castilla nombran a Fernando regente y se firma la Concordia de Salamanca el 24 de noviembre con el acuerdo de que gobernarán juntos Fernando, Felipe y Juana. Felipe y Juana se encontraban en Flandes, por lo que fueron sus representantes los que firmaron la Concordia con Fernando. El 15 de septiembre Juana da a luz a su tercera hija, María, en Bruselas. Felipe el Hermoso prepara el desembarco en España para enfrentarse con su suegro y quedarse con la corona de Castilla, mientras que Fernando, para contrarrestar la maniobra de su yerno, negocia con Francia su matrimonio con la sobrina del rey, Germana de Foix, el mismo año 1505.

La reacción de la nobleza castellana ante tal matrimonio fue totalmente negativa y de rechazo por considerarlo poco respetuoso con la persona de la reina que acababa de fallecer. La mayoría de los nobles, indignados, deciden apoyar a su hija Juana la Loca y a su marido Felipe como nuevos reyes de Castilla. En enero de 1506 Felipe y Juana salen de Flandes, esta vez por vía marítima. Embarcan en Zelandia con dirección a España. Durante el trayecto sufren mal tiempo y hacen escala en Inglaterra. Enrique VII de Inglaterra les recibe en Windsor con honores de jefes de estado, celebrando banquetes y fiestas. Allí estaba la hermana de Juana, Catalina, de veinte años, que había casado con el príncipe Arturo en 1501, aunque poco después había quedado viuda. Enrique VII más adelante pedirá a Fernando el matrimonio con Juana la Loca, una vez fallecido Felipe el Hermoso.

Tal vez la belleza de Juana había quedado grabada en su memoria, además del interés por su inmensa herencia como hija heredera de los Reyes Católicos y como viuda del archiduque del Sacro Imperio. El 26 de abril de 1506 llegan a La Coruña, en lugar de Laredo o algún otro puerto de Cantabria más cercano. Los consejeros de Felipe le recomendaron no encontrarse pronto con Fernando porque estaban consiguiendo un mayor número de nobles que apoyaran a Felipe, razón por la que buscaron un puerto más lejano con el fin de preparar también su ejército y poder organizarlo con la ayuda de la nobleza castellana favorable a Felipe, en previsión de un posible enfrentamiento bélico con las fuerzas de Fernando. El 20 de junio de 1506 por fin se reúnen Felipe y Fernando en Remesal, una localidad de Zamora. Felipe, que iba al frente de un ejército de miles de soldados flamencos y castellanos bien armados y listos para la guerra, se acerca a Fernando, que iba desarmado, tan solo acompañado por unos pocos nobles de confianza y sin ningún preparativo bélico. Ambos, yerno y suegro, se entrevistan en un lugar solitario, en un ambiente de intimidad, y pactan la Concordia de Villafáfila el 27 de junio de 1506. Fernando se retira de Castilla dejando a Felipe como rey. Se declara la incapacidad de Juana como gobernante, aunque Fernando no pudo ver personalmente a su hija porque Felipe no le dejó. Si Juana hubiera estado en la reunión con su padre y su marido no se habría firmado tal Concordia, ya que no habría consentido que su padre se retirase de Castilla.

Felipe el Hermoso lo sabía y por eso no quiso que se vieran padre e hija en este encuentro. Fernando se marcha como hombre derrotado de una Castilla hostil donde la mayoría de sus nobles, que le habían sido fieles hasta hacía poco, se habían vuelto en su contra. Solo le seguían apoyando el duque de Alba, el almirante de Castilla (por vinculación familiar) y el duque del Infantado, además de algún que otro personaje de la nobleza aragonesa. Cisneros, arzobispo de Toledo y confesor de la reina Isabel, tenía poder de mediador entre la nobleza partidaria de Felipe y los fernandinos, pero se puso al servicio de Felipe el Hermoso sin oponerse directamente a su antiguo jefe, el rey Fernando. Fernando comprendió enseguida que Castilla ya no le quería y decide volver a su reino de Aragón, mejor dicho, al reino de Nápoles. Fue un retiro agridulce porque por un lado se sentía derrotado, pero por otro estaba alegre porque le acompañaba su nueva esposa Germana, de 18 años, treinta y cinco años más joven que él. Iban a pasar el viaje de novios en el soñado Nápoles, olvidando los últimos años de disgusto en Castilla. El 25 de septiembre de 1506 Felipe el Hermoso muere en Burgos, en plena celebración de su recién estrenado reinado con sus nobles. Existe la teoría de que fue envenenado, pero no hay prueba médica que confirme este extremo. Felipe estaba muy tranquilo después de la marcha pacífica de su suegro y contento porque estaba rodeado de la nobleza flamenca y castellana, que le apoyaban como nuevo monarca de Castilla.

Cisneros estaba a su servicio para coordinar y mediar por si hacía falta su intervención.  Daba la sensación de que Juana ya no estaba apartada de la gente, sino que participaba en la fiesta. De repente cayó enfermo su marido y durante todos los días hasta el de su muerte estará al lado de Felipe cuidándole como si fuese su madre, demostrándole una vez más su intenso amor con sus constantes cuidados. Fueron días felices para la pareja, a pesar de la gravedad de la enfermedad que padecía Felipe. Al fallecer Felipe, Juana no llega a creer que ha muerto y piensa que está dormido.

El gran dolor que sentía fue tan fuerte que le hizo perder el juicio. Los problemas empiezan a surgir con los nobles flamencos y castellanos, que reclamaban privilegios, derechos y propiedades que Felipe les había prometido antes de su muerte y venían a reivindicarlos ante Juana. Esta revoca todas las mercedes otorgadas y no firma documento alguno para no comprometerse con los nobles. Los nobles protestaron y algunos se marcharon a Flandes desesperados.

Autor: Yutaka Suzuki para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

Yutaka Suzuki. Personajes del siglo xv, Orígenes del Imperio español. ISBN 9788460690399. 2015

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