Los Feudos Imperiales y la Guerra de Sucesión

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La Guerra de Sucesión Española es uno de los acontecimientos más importantes y transcendentes de la historia moderna. No sólo representó en su época una especie de Guerra Mundial, sino que tuvo por consecuencia inmediata el cambio de dinastía en el trono español, con posesiones en los cuatro continentes que se contaban en la época ( Europa, Asia, África y América ) y la restructuración del equilibrio europeo en los Tratados de Utrecht y Rastatt, en 1713 y 1714.

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El conflicto bélico se desencadenó a la muerte del monarca español Carlos II el Hechizado, sin hijos ni herederos directos. Habiendo dejado un testamento, sobre cuya autenticidad existen hoy serias dudas ( véase Secretum, en la bibliografía), que nombraba como heredero a Felipe de Anjou, Felipe V para su partido, Borbón y nieto del rey francés Luis XIV, el supuesto o real heredero se dirigió con rapidez a Madrid y tomó posesión de la corona.

La reacción del emperador austriaco Leopoldo I  no se hizo esperar. Reclamó el trono para su hijo Carlos, Carlos III, basándose sobre todo en la idea de la continuidad dinástica y, antes incluso de haber completado con Inglaterra, Holanda y Portugal una formidable alianza anti-borbónica, decretó el secuestro de los feudos imperiales y ordenó al mejor de sus generales, el príncipe Eugenio de Saboya, aristócrata ítalo-francés al servicio de la Casa de Austria, que iniciase las hostilidades en Italia.

Los Feudos Imperiales y la Guerra de Sucesión

Los llamados Feudos Imperiales fueron una de las cuestiones más sobresalientes y complicadas de la Guerra de Sucesión Española. Comprendían dos extensos territorios, Flandes y Milán, y otros menores, como los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla, en el Norte de Italia, todos ellos hasta el extremo valiosos por sus riquezas naturales, densidad demográfica e importancia estratégica. Aunque Carlos V los había separado del Imperio y legado a su hijo Felipe II y a sus descendientes de la rama española de los Habsburgo, los juristas y expertos de la otra rama de la familia, la austriaca, interpretaban que el rey de España no era señor natural, de dichos territorios, sino que tan sólo los poseía en fideicomiso, como lugarteniente del emperador.

Por lo tanto, al ser proclamado como rey de España el llamado Felipe V y producirse el consiguiente cambio de dinastía, el emperador, como Titular último de dichos feudos, ordenaba su secuestro para que revirtiesen de inmediato al Imperio. Antes del fin de 1700, Eugenio de Saboya inició una brillantísima campaña, derrotó con rotundidad a los mejores comandantes borbónicos y consiguió sustituir a la Flor de Lis por el Águila Bicéfala en gran parte del Norte de Italia.

Como consecuencia de la firma del Tratado de la Gran Alianza un año después, entre Austria y las llamadas Potencias Marítimas ( Inglaterra y Holanda ), la Reina Ana de Inglaterra contribuyó a la defensa de los Feudos Imperiales con tropas regulares británicas y también con un excelente general, un igual en el arte militar a Eugenio de Saboya, el Duque de Marlborough. Este general, antepasado por cierto del gran Winston Churchill, mereció, por parte del mariscal Montgomery ( véase A History of Warfare, en bibliografía ) el encendido elogio de “gigante de su época, para el historiador militar” ( la traducción del inglés es nuestra ).

Uniendo sus fuerzas a las de Eugenio de Saboya, venció a los borbónicos en cuatro grandes y decisivas batallas ( Blenheim, Ramillies, Oudenarde y Malplaquet ). La acción coordinada de ambos generales salvó la amenaza que se cernía sobre los Países Bajos de una invasión desde Francia por parte de los ejércitos borbónicos y enfrentó otra, aún más terrible, sobre el propio corazón del Imperio austriaco, por tropas francesas con la colaboración de Baviera, cuyo príncipe elector había sido seducido, al parecer, por el oro borbónico.

En Viena, junto a la misma entrada principal de la Hoffburg, o palacio de invierno, se alza hoy la estatua ecuestre de Eugenio de Saboya. Así honra Austria a su gran general, Mariscal del Imperio, que de forma tan excelente sirvió a la Casa de Austria y a la dinastía Habsburgo.

Autor: Juan José Plasencia Peña para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

ALBAREDA SALVADO, J.: La Guerra de Sucesión de España ( 1700 – 1714 ). Editorial Crítica. Barcelona, 2012.

ELLIOTT, J. : Imperial Spain 1569 – 1716. Penguin Books. Londres, 2002.

FALKNER, J.: The War of the Spanish Succession 1701 – 1714. Pen and Sword  Ltd. Londres, 2015.

MONALDI, R. y SORTI, F.: Secretum. Salamandra. Barcelona, 2006.

MONTGOMERY, B. L.: A History of Warfare. Collins. Londres, 1968.