La batalla de Rocroi: El Crepúsculo de los Tercios

La batalla de Rocroi: El Crepúsculo de los Tercios

Francisco de Melo

Francisco de Melo fue un noble, diplomático y militar portugués que sirvió en la corte española durante el siglo XVII. Nació en Lisboa, Portugal, en 1597 y murió en Madrid, España, en 1651. De Melo es más conocido por su papel como gobernador de los Países Bajos españoles y como comandante del ejército español durante la Guerra de los Treinta Años. Durante su mandato como gobernador, de Melo intentó reprimir la revuelta en los Países Bajos y luchar contra las fuerzas francesas y holandesas.

En 1643, de Melo lideró el ejército español en la Batalla de Rocroi, uno de los enfrentamientos más importantes de la Guerra de los Treinta Años. Después de la Batalla, de Melo fue relevado de su cargo y regresó a España. Pasó los últimos años de su vida en Madrid, donde murió en 1651. A pesar de Rocroi, de Melo es recordado como un líder militar capaz y un servidor leal de la corona española.

Duque de Enghien

Luis II de Borbón-Condé, también conocido como el Gran Condé. Nacido el 8 de septiembre de 1621, Luis II de Borbón-Condé fue un prominente general y estadista francés durante el reinado de Luis XIV.

Enghien es quizás más conocido por su papel en la Batalla de Rocroi en 1643, donde lideró al ejército francés. A pesar de tener solo 22 años en el momento de la batalla, demostró una habilidad táctica y un liderazgo excepcionales. Después de Rocroi, Enghien continuó teniendo una carrera militar exitosa, obteniendo victorias en las batallas de Freiburg, Nördlingen y Lens. Sin embargo, su relación con la corte real se volvió tensa y fue arrestado por conspiración en 1650. Fue liberado en 1651 y se reconcilió con Luis XIV, pero se retiró de la vida militar y política. Enghien murió el 11 de noviembre de 1686. A pesar de sus conflictos con la corte real, es recordado como uno de los grandes generales de la historia de Francia.

El contexto antes de la batalla

En el contexto de la Guerra de los Treinta Años, el ejército español, bajo el mando de Francisco de Melo, invadió el norte de Francia con el objetivo de aliviar la presión sobre el Franco Condado y Cataluña. Situaron su objetivo en la villa de Rocroi, cerca de la frontera con Bélgica, y comenzaron a concentrar tropas para su asalto.

Al enterarse de las intenciones españolas, el joven Luis II de Borbón-Condé, Duque de Enghien y líder del ejército francés, se dirigió hacia Rocroi con el propósito de romper el cerco español y enfrentarse a ellos en campo abierto.

Enghien contaba con un ejército de 23,000 hombres, compuesto por 17,000 infantes, 6,000 jinetes y 14 piezas de artillería. Por otro lado, Melo disponía de 22,000 hombres y 24 cañones, y esperaba el refuerzo de Jean de Beck, que vigilaba la frontera con 3,000 infantes y 1,000 jinetes.

Ambos ejércitos se desplegaron con dos líneas de infantería en el centro, escuadras de caballería en cada flanco y una línea de artillería en el frente. En el ejército francés, La Ferté mandaba el flanco izquierdo, L’Hôpital el centro, y Gassion la derecha. El marqués de Sirot estaba a cargo de la retaguardia.

Por su parte, el ejército español formó de manera similar, con los tercios españoles en vanguardia, los tercios italianos más resguardados y los tercios alemanes y valones formando en la retaguardia. La caballería imperial estaba situada en ambos flancos, y la artillería iba por delante de todos ellos.

Dificultades francesas

La batalla comenzó al amanecer del 19 de mayo de 1643. Los primeros movimientos de la batalla no fueron favorables para los franceses. La caballería francesa, que había sido enviada a atacar a los jinetes españoles en ambos flancos, sufrió fuertes pérdidas en las primeras cargas. Los jinetes españoles, experimentados y bien armados, lograron rechazar a la caballería francesa, causando un gran número de bajas y desorganizando sus filas.

En el flanco derecho francés, la caballería de Gassion fue rechazada por la caballería española bajo el mando de Beck, mientras que en el flanco izquierdo, la caballería de La Ferté también fue rechazada por las fuerzas de Melo. Este revés inicial parecía presagiar una victoria española, ya que la caballería era un componente crucial en las batallas de la época.

Sin embargo, el joven comandante francés, el Duque de Enghien, demostró su habilidad táctica y su liderazgo en este momento crítico. A pesar de los reveses iniciales, logró reorganizar la caballería francesa y lanzar una serie de contraataques efectivos. Enghien, al ver que la infantería española aún no se había movido, decidió concentrar sus esfuerzos en derrotar a la caballería española antes de que la infantería pudiera intervenir. Esta decisión resultó ser crucial para el resultado de la batalla.

Los franceses se recuperan

El Duque de Enghien, tras reorganizar su caballería, tomó una decisión audaz que cambiaría el curso de la batalla. En lugar de continuar con los ataques frontales contra la caballería española, decidió llevar a la mayor parte de su caballería a través del centro del ejército español.

Este movimiento sorprendió a las fuerzas españolas. Enghien logró separar a la veterana infantería española, los tercios, de los tercios italianos, alemanes y valones. Esta maniobra dejó a la infantería española aislada y vulnerable.

Después de atravesar el centro del ejército español, Enghien lanzó un ataque por la retaguardia contra la caballería española. Este ataque sorpresa resultó ser extremadamente efectivo. La caballería española, ya agotada por los combates anteriores y tomada por sorpresa, fue derrotada y puesta en retirada.

Este giro de los acontecimientos dejó a la infantería española aislada y rodeada por las fuerzas francesas. A pesar de su reputación de invencibilidad, los tercios españoles se encontraban ahora en una situación extremadamente precaria.

Resistencia final y rendición de los tercios españoles

A pesar de la situación desesperada, los tercios españoles no se rindieron fácilmente. Los veteranos soldados españoles, conocidos por su disciplina y coraje, formaron un gran rectángulo, una formación defensiva tradicional que les permitía resistir los ataques de la caballería y la infantería enemigas.

La resistencia de los tercios fue feroz. A pesar de estar rodeados y superados en número, resistieron varias cargas de la caballería francesa. Sin embargo, la situación se volvió cada vez más insostenible. La infantería francesa se estaba acercando y los cañones que habían recuperado los franceses comenzaron a abrir fuego contra la formación española.

Finalmente, después de horas de resistencia, los tercios españoles aceptaron una rendición honrosa. Según los términos de la rendición, se les permitió retirarse con sus banderas desplegadas y conservando sus armas. A pesar de la derrota, los tercios españoles mantuvieron su honor y demostraron su valentía y disciplina hasta el final.

Este final de la batalla marcó el fin de la invencibilidad de los tercios españoles, una de las unidades militares más temidas y respetadas de la época. A pesar de su resistencia, no pudieron superar la superioridad táctica y numérica del ejército francés.

Después de la batalla

La Batalla de Rocroi tuvo un impacto significativo en la Guerra de los Treinta Años y en la historia militar de Europa. La victoria francesa marcó el inicio del fin de la hegemonía militar de España en Europa, que había durado más de un siglo.

Los tercios españoles, que habían sido considerados invencibles, sufrieron una derrota decisiva. Aunque continuaron siendo una fuerza efectiva en las campañas posteriores, nunca volvieron a alcanzar su antiguo esplendor. La batalla también marcó el ascenso de Francia como la principal potencia militar en Europa, un papel que mantendría durante los siguientes siglos.

Además, la batalla tuvo importantes repercusiones políticas. En España, la derrota en Rocroi agravó la crisis política y económica que estaba sufriendo el país. En Francia, la victoria reforzó la posición del joven rey Luis XIV y su ministro, el Cardenal Mazarino.

Finalmente, la Batalla de Rocroi también tuvo un impacto en la evolución de la táctica y la estrategia militares. La victoria de Enghien demostró la eficacia de las tácticas flexibles y la importancia de la iniciativa y la maniobrabilidad en el campo de batalla. Estas lecciones serían incorporadas por los ejércitos europeos en las décadas y siglos siguientes.

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí

Publicaciones Similares

Deja una respuesta