La batalla de Ceriñola

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La batalla de Ceriñola se inscribe en el contexto de las Guerras de Nápoles (1501-1504) que protagonizaron los ejércitos españoles y los franceses con la consiguiente victoria decisiva de los españoles.

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Los franceses habían ocupado Nápoles y ello motivó a los españoles a intervenir en ayuda del rey de Nápoles, siendo Don Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, el elegido para esta intervención. En efecto, pronto la táctica militar y el ingenio del Gran Capitán dieron la victoria, victorias más bien, a España que acabaría expulsando la presencia francesa de Italia (Pinilla, 2015).

La batalla de Ceriñola

En este sentido, a los españoles recluidos en Italia les llegó el bulo de que los franceses iban a atacar una posición fuerte, Ceriñola. Y el Gran Capitán se adelantó a los movimientos franceses.

La presencia francesa en Italia se explica por la inesperada ruptura de estos del Tratado de Granada, por el cual quedaba repartido el Reino de Nápoles entre Francia y España. Así, el duque de Nemours forzó a las huestes del Gran Capitán retirarse hacia la ciudad de Barletta, en 1502 (Esparza, 2017). Los españoles, mientras tanto, esperaban refuerzos. Su táctica se basó en lo que ya era una pesadilla para el enemigo, las encamisadas (salidas nocturnas de pequeños grupos de españoles hacia el campamento enemigo que consistía en degollar a unos cuantos y volver huir hacia su campamento). Esta táctica enfadaba a los franceses pues no estaban acostumbrados a este tipo de enfrentamientos (Villegas, 2014).  Durante este periodo, el Gran Capitán pudo reorganizarse mientras esperaba ya que llegaron lansquenetes alemanes, fundamentales para la ofensiva que se preparaba en 1503.

Como se ha vaticinado, llegaron rumores al campamento español en los que se afirmaba que los franceses habían reunido un gran ejército y avanzaban hacia la plaza de Ceriñola (Villegas, Op. Cit.). Ante esta situación, el Gran Capitán decidió apresurarse para ganar tiempo y ordenó que los infantes fueran transportados en las grupas de los caballos de cada caballero. Aquí, todos los expertos coinciden en que fue una decisión que no gustó a los infantes españoles ya que era vergonzante y deshonrosa, debido al sentido del honor que tenían en la época. Sin embargo y dando ejemplo, el Gran Capitán acalló las quejas de los soldados pues el mismo se subió a la grupa de  un caballo de un capitán (Villegas, Op. Cit.) Y ello motivó a los demás.

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Esta acción se explica por la falta de tiempo que había. Si el Gran Capitán enviaba a la caballería ligera para frenar a los franceses no sería suficiente ya que estos eran muy superiores y manejaban muy bien su caballería.  Por ello, decidió transportar a la infantería con la caballería. En este sentido, el Gran Capitán se presentó en Ceriñola antes que los franceses y pudo, de este modo, fortificar las posiciones (VV.AA, 2011).

Rápidamente, el Gran Capitán ordenó cavar un gran foso mientras que se levantaba un parapeto con la arena extraída del foso. Sobre el parapeto se afianzaron afiladas estacas. Cuando por el horizonte aparecen las tropas francesas de Luis de Armagnac, los españoles ya estaban preparados y con la estrategia dispuesta (Villegas, Op. cit.). Como dato curiosos, lo más llamativo de esta batalla es la rapidez con la se  produjo pues entre la primera carga francesa y su capitulación apenas había transcurrido una hora y los franceses dejaron 4000 bajas frente a las 100 de los españoles (Pinilla, Op. Cit.).

Cuando ambos ejércitos se divisaron, los franceses llevaban una tropa de unos 10000 hombres entre franceses y mercenarios suizos, siendo el grueso de este ejercito la caballería pesada con unos 2000 soldados. El resto se englobaba de la siguiente manera: 3000 piqueros, 3000 soldados de caballería ligera y unas 25 piezas de artillería, aparte de los 2000 soldados de la caballería pesada. Mientras que los españoles, parapetados en una colina, defendida por el foso y las estacas contaban con unos 9100 hombres y unas 13 piezas de artillería, repartidos en 2000 infantes, 1000 arcabuceros, unos 850 soldados de caballería pesada y otros tantos de caballería ligera, entre alemanes y españoles (VV.AA., Op. cit.).

Lo demás estaba hecho ya, solo había que esperar a que los franceses mordieran el anzuelo. Y así fue.

El ejército francés confiaba en su poder militar, en su formidable caballería pesada y en su potente artillera que combinada con los mercenarios suizos les hacía invencibles. Los franceses atacaron inmediatamente nada mas divisar las posiciones españolas. Se dividieron en dos grupos de caballería mientras avanzaban  y cargaban contra los españoles refugiados en aquella improvisada trinchera. Pero, de repente, el grueso de la caballería se paró en seco ante el foso previamente diseñado. Los jinetes caían del caballo ante las estacas preparadas y ante el foso, o en el foso directamente. Ese instante es aprovechado por los españoles que comienzan a cargar contra los franceses y a degollarlos.  Los caballeros franceses y los mercenarios suizos eran masacrados por los arcabuces españoles sin que nadie pudiera impedir tal escabechina (Villegas, Op. Cit.).

En este sentido, la infantería francesa comenzó a avanzar en un ápice por salvar a su caballería y el Gran Capitán ordenó la retirada de los arcabuceros españoles. Tras esta orden, inmediatamente ordenó avanzar a los lansquenetes alemanes que se enfrentarían a los suizos y franceses en un combate cerrado que ganaron finalmente. La infantería francesa sufrió muchísimas bajas mientras la caballería ligera española se lanzaba contra la caballería ligera francesa que huyo de manera desordenada. Y todavía quedó tiempo para que la caballería ligera española cargase contra la infantería francesa que huyó en perfecto símil como su caballería (VV.AA., Op.Cit.).

Ceriñola pone de manifiesto una gran e importantísima victoria española. Demuestra el ingenio militar del Gran Capitán y consolidó la posición española en Italia. Comienza a ser visible lo que treinta años después ya tendría nombre, los Tercios Españoles, es decir, el predominio de la infantería ordenada en cuadros disciplinados. En Ceriñola los españoles vencen por primera vez a la temida caballería francesa (Esparza, Op. Cit.), invencible hasta ese momento.

El Gran Capitán demostró que un ejército formado por unidades más pequeñas e independientes proporcionaba más flexibilidad táctica otorgándole mayor superioridad frente a ejércitos agrupados en bloques mayores, como el francés (VV.AA., Op. Cit.).

Tras ello, se desataron las envidias en la Corte española hacia el Gran Capitán que con el tiempo caería en desgracia, tras la muerte de la Reina Isabel I de Castilla. El gran Capitán entró en una serie de enfrentamientos con el rey Fernando de Aragón y fue expulsado del Gobierno Napolitano.

Por tanto, la infantería fue el instrumento de una esclarecida visión estratégica (Quatrefages, 2014) que se mantendría  predominante unos tres siglos en Europa. Ceriñola por tanto es la conclusión de una maduración gestada desde hacía tiempo (Op. Cit.).

Autor: Álvaro González Díaz para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

ESPARZA, JOSE J., Tercios, la esfera de los libros, 2017, Madrid, pp. 46-48

QUATREFAGES, R. “Los tercios durante el siglo XVI”, pp. 17-20; Desperta Ferro, Los Tercios en el siglo XVI, nº especial V, 2014, Madrid

ROJO PINILLA, JESUS A., Cuando éramos invencibles, el Gran Capitán, 2015, Madrid, pp. 29-31

VELAZQUEZ DE GUZMAN, S. (Arcabucero en Italia), “Ceriñola”, pp. 23-26; VILLEGAS GONZALEZ, A., Hiero y Plomo, Glyphos, 2014, Valladolid

VV.AA., Grandes batallas españolas, Tikal, 2011, Madrid, pp. 92-94