Libertalia: el sueño de una fundación (II Parte)

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Acabadas las cuestiones respecto del gobierno del Victoire (leer Parte I), el capitán Misson puso rumbo a aguas españolas, capturando en el camino a una balandra mercante de procedencia inglesa y a otra jamaicana con patente de corso, a las que permitió marchar sin sustraerle la carga, y batalló con dos mercantes holandeses artillados, resultando de la contienda uno capturado y otro enviado a las profundidades.

Tras estos encuentros, el Victoire empleó su bandera francesa y el nombre del difunto capitán Fourbin, para adentrarse en Cartagena de Indias, plaza fuerte española considerada llave del imperio de Indias. Allí entraría el Victoire con el navío holandés recientemente apresado y sus riquezas a bordo (sedas, munición, oro y plata…), con las que comerciaría en la dársena a cambio de una gran fortuna. Acto seguido, y dado que el gobernador español le había encomendado la protección de un navío de Portobello, el San José,  Misson intentó interceptarlo antes de que éste llegara a La Habana, no sin ofrecer a sus hombres que se replanteasen la nueva deriva en la que se había tornado su vida, ofreciéndoles una liberación amistosa que todos rechazaron.

Dado que no hallaron en la ruta al San José, los de Misson costearon por el norte de Cuba y recalaron en una bahía fuera de las rutas más concurridas. Allí, mientras la tripulación limpiaba el casco del Victoire, la oficialidad debatió sin éxito sobre la próxima ruta a cubrir, que pasaba por la idea de Misson y Caraccioli de marchar al Golfo africano de Guinea, o bien por la del resto de oficiales, partidarios de acosar las colonias inglesas de Nueva Inglaterra. Tras someter la disputa al juicio de toda la tripulación, las tesis del capitán resultaron reforzadas y el Victoire puso proa al vasto Atlántico.

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Libertalia: el sueño de una fundación

Tras una larga travesía el Victoire arribó a las aguas de África occidental, y tras hacer una presa holandesa, se dirigió al sur en busca de perpetuar su fortuna. Frente a las costas de Angola, hicieron una segunda presa holandesa, a la que hundieron tras adueñarse de los voluntarios, las municiones y las provisiones necesarias para asegurar el bien común. Tras esto, la embarcación de Misson alcanzó la punta sur de África, y antes de atravesar el Cabo de Buena Esperanza, buscaron sosiego, víveres y mercadeo nativo en la bahía de Saldanha.

Días después, mientras salían de la bahía, los del Victoire se encontraron con un impávido navío inglés de 40 cañones que corrió presto a interceptarlos. La batalla fue cruel, pues se cobró treinta almas, pero finalmente, a base de abordajes sostenidos, las fuerzas de Misson consiguieron capturar al inglés. Ésta nueva embarcación, que recaería en el mando de Caraccioli, pasaría a integrarse a la flotilla de Misson con el nombre de Bijoux.

Con su flotilla, compuesta por dos potentes navíos de 40 cañones, hombres leales y buenos suministros, el comodoro Misson rebasó el Cabo de Buena Esperanza y arribó a las costas del sur de Madagascar. Dado que la ruta comercial más importante recorre el extremo occidental de la isla, Misson la circunnavegó hasta llegar a las Comoras, al noroeste de Madagascar, un enclave esencial en las escalas comerciales europeas hacia las Indias Orientales.

Cuando arribaron a la ínsula de Johanna (Anjouan), fueron gratamente recibidos por la realeza isleña que, a poco tardar, manifestó a los navegantes la necesidad de su auxilio, pues la monarquía de la isla vecina del oeste, Mohilla (Moeli), los amenazaba con una inminente injerencia armada. Caraccioli y Misson debatieron sobre esta posibilidad y, dado que podían sacar gran beneficio del arbitrio entre estos reyezuelos, aceptaron intervenir a favor de Johanna, donde se establecieron y disfrutaron de entretenimiento, comodidad e incluso relaciones matrimoniales.

Estaban descentrados con estos menesteres, cuando llegó la incursión de 500 hombres de Mohilla. Misson, junto a sus hombres y a los johanianos que decidieron secundarle, marcharon por tierra para dar caza al enemigo desembarcado. Por su parte, Caraccioli y el hermano de la reina de Johanna a la cabeza de otros tantos johanianos, partieron en los botes con el mismo fin. Cuando la fuerza de Misson se encontró con el enemigo, cayó fulminante sobre él y, tras varias descargas rápidas de fusilería, lo puso en huida. Ésta batida en retirada, única solución para los muy inferiores mohillianos, fue cortada por la fuerza de Caraccioli, que los habían flanqueado. Contando 113 prisioneros y 387 muertos entre sus filas, la fuerza expedicionaria de Mohilla había fracasado.

Pese a que Misson mandó a los prisioneros de vuelta a su tierra en señal de buena voluntad y pacífica pretensión, el rey de Mohilla decidió perpetuar la guerra, lo que forzó a Misson a invadir su isla junto a las fuerzas de Johanna. Cuando arribaron a su costa, el Victoire y el Bijoux observaron que una colérica turbamulta se había adueñado de la playa, impidiéndoles desembarcar, pero los rebencazos desde los barcos barrieron la costa de enemigos. Cuando el rugido de los humeantes cañones hubo cesado, la tropa de Misson desembarcó plácidamente, pero en cuestión de minutos varios cientos de Mohillianos los cercaron con sus armas. Al crujido seco de la fusilería, siguió el lanzamiento de unas doscientas granadas, lo que valió la dispersión del enemigo que, confuso y aterrorizado, se replegó velozmente hacia el corazón de la isla, que poco tiempo después era arrasado hasta los cimientos por los europeos.

Consciente de su superioridad, y de haber infligido un daño del que los mohillianos tardarían en recuperarse, los europeos volvieron al mar. Para entonces, el corazón y la mente de Misson, que a estas alturas era apodado “el buen capitán”, lo ocupaba otro asunto nuclear en sus aspiraciones. Al parecer, el capitán había pasado su estancia en Johanna deliberando sobre la posibilidad de asentarse en tierra, no en una isla foránea o en un reducto recientemente conquistado, sino en un lugar propio que pudieran llamar suyo y en la que levantarían el sueño de una república libre tan largamente meditado.

Fin de la Parte II

Autor: Manuel Ruiz Isac para revistadehistoria.es

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Bibliografía

“Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas” Daniel Defoe, 2007

“Libertalia: Una utopía pirata en el Índico”, Teresa Sopeña Biarge, 2011

“La isla del tesoro”, R. L. Stevenson, 1970

“Life Under the Jolly Roger: Reflections on Golden Age Piracy” Gabriel Kuhn, 2010

“Treasure Neverland: Real and Imaginary Pirates” Neil Rennie, 2013

Hemeroteca

“Los piratas de Libertalia”, Xavier Moret (El País), 2005

Filmografía:

Poscast de Histocast nº 131 “Piratas del Caribe” Ivoox

Serie “Blacksails”, Starz, 2014

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