Carlos V y la Jornada de Túnez
La Jornada de Túnez es como se conoce a la expedición que llevó a cabo Carlos I de España en junio de 1535 para recuperar Túnez de manos del pirata otomano Barbarroja.
La Jornada de Túnez
La reacción española
Carlos I convocó Cortes en Madrid y solicitó subsidios para recuperar Túnez. Inmediatamente la maquinaria imperial española se puso en marcha. Durante un año, se fueron concentrando en el puerto de Barcelona las escuadras del Cantábrico, de los Países Bajos y la portuguesa, al tiempo que numerosos nobles, entre los que estaba el Gran Duque de Alba, aportaban tropas y pertrechos.
Durante todo el invierno de 1534 a 1535, el emperador trajo adicionalmente hombres y barcos desde todos los puntos del Imperio español. Barcos desde Amberes, tropas desde España, Alemania e Italia, mientras que Andrea Doria acudía también con sus galeras de combate a Barcelona. El almirante de Castilla, Álvaro de Bazán, hacía lo propio en Málaga, mientras que los portugueses aportaban 23 carabelas y una carraca, y los caballeros de San Juan de Maltan ponían su gran carraca, la “Santa Ana”, al servicio del emperador.
Los recursos económicos movilizados fueron ingentes. El Papa financió un destacamento, y desde américa Francisco Pizarro aportó el oro conseguido por el rescate del inca Atahualpa, más de 1.200.000 ducados que se gastaron en pertrechar al ejército con galletas, agua, pólvora, caballos, cañones y arcabuces, construyéndose Carlos I un cuatrirreme especial con una carroza ricamente decorada, un dosel hecho de terciopelo rojo y dorado y banderas heráldicas ondeando en los mástiles, para comandar una flota combinada de 74 galeras y fustas, 300 naves de vela, 25 000 infantes y 2000 jinetes
El ataque
«avanzando con la lanza en la mano, corriendo el mismo riesgo que un pobre soldado raso».
La Jornada de Túnez fue celebrada por toda la Cristiandad, con carnavales en Venecia, fuegos artificiales en Malta y una recreación de la caída del pirata en Palma de Mallorca.
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