Las brujas de Zugarramurdi
En el año 1610, el pueblo navarro de Zugarramurdi presenció cómo una treintena de personas eran enjuiciadas por la Inquisición acusadas de brujería. No todas fueron condenadas a morir en la hoguera, pero fue tal la envergadura del proceso que este acontecimiento ha quedado marcado en la Historia de la España de época moderna.
Las brujas de Zugarramurdi, la cueva de Zugarramurdi, lugar de los aquelarres
Zugarramurdi es en la actualidad un municipio perteneciente a Navarra. Está ubicado en la comarca del Baztán, cerca del pueblo francés de Sara, y cuenta con poco más de 200 habitantes. En Zugarramudi, el arroyo Orabidea creó un sistema de cuevas de 120 metros de largo y 12 de alto con el nombre de Sorginen Leizea (Cueva de las brujas), cuya galería principal se llama Infernuko Erreka (Arroyo del Infierno). Es en esta cueva, que por lo demás no presenta signos de haber sido ocupada durante tiempos prehistóricos ni posteriores, donde tenían lugar los aquelarres que dieron pie al proceso inquisitorial.
Las brujas de Zugarramurdi, la brujería vasca en época moderna
El espacio geográfico actualmente ocupado por el País Vasco, Navarra y el País Vasco francés fue una de las zonas del occidente europeo donde más tardó en calar el cristianismo. Debido quizás a sus antiguas raíces, durante mucho tiempo la celebración de los ritos cristianos compartió espacio y fieles con la de las religiones paganas antiguas, cultos relacionados en su mayor parte con la veneración a la tierra y a las fuerzas de la naturaleza. Al practicante de esos cultos se lo denominaba sorgino/sorgina, palabra del euskera que actualmente se traduce al castellano como brujo/bruja.

Con anterioridad al proceso de Zugarramurdi, existen otras noticias que nos hablan sobre la brujería en la zona. Hacia el año 1500 se abrieron varios procesos contra brujas y brujos acusados de adorar al diablo en forma de macho cabrío en la sierra de Anboto (Bizkaia), lugar que la mitología vasca identifica con el hogar de la “Dama de Anboto”.
Un cuarto de siglo después, dos niñas se declararon brujas en Pamplona, comenzando una investigación que contó con más de 150 acusados. A estos procesos siguieron otros muchos, pero el que realmente supone un antecedente a los hechos de Zugarramurdi es el celebrado en Labourd en 1609.
La persecución de la brujería en Labourd (País Vasco francés) fue llevada a cabo por el juez Pierre de Lancre, quien años más tarde publicó varios libros al respecto. El proceso, durante el cual el magistrado tuvo que contar con un traductor, ya que muchos de los acusados solamente hablaban euskera, se saldó con 80 condenados a la hoguera y más de 3000 personas sospechosas de practicar la brujería.
Pero lo relevante para lo que ocurriría un año más tarde es que las pesquisas de Lancre llevaron a distintas personas, que o bien practicaban la brujería o creían que podían ser acusadas de ello, a huir hacia Navarra, y concretamente hacia Zugarramurdi.
Las brujas de Zugarramurdi, el proceso de Zugarramurdi
Hacia 1608 o 1609 volvió a Zugarramurdi una mujer joven que durante cierto tiempo había estado trabajando en Labourd. Durante su estancia allí, se había unido a un grupo de personas que practicaban la brujería, entre las que, según ella, se encontraba una vecina de Zugarramurdi de nombre María de Jureteguía.

Ésta, que en un principio negó los hechos, acabó por confesar pertenecer a una estirpe familiar de brujas, y no sólo eso, sino que señaló a más personas del pueblo que también practicaban la brujería. Si bien el pueblo decidió perdonarlos a todos, la noticia llegó hasta el tribunal que el Santo Oficio tenía en Logroño, desde donde se envió a dos inquisidores que en pocos días consiguieron que cuatro mujeres confesasen ser brujas.
Las confesoras habían dado otros muchos nombres, por lo que se pidió permiso al Consejo de la Suprema Inquisición madrileño para comenzar un proceso en Zugarramurdi.

Tras meses de pesquisas e interrogatorios, en junio de 1610 los inquisidores enviados por el tribunal de Logroño declararon como culpables de brujería a 29 acusados -posteriormente uno de los miembros del tribunal, Alonso de Salazar, se arrepentiría de la sentencia y plasmaría sus sentimientos en una carta.
Al Auto de Fe, celebrado el 7 de noviembre de 1610, asistieron miles de personas llegadas desde distintos puntos de la geografía peninsular y de Francia. La ceremonia se inició con la correspondiente procesión, a cuya cabeza iba el pendón del Santo Oficio, seguido de familiares y comisarios inquisitoriales.

Un inquisidor dominico fue el encargado de hacer públicas las sentencias de los condenados, en una lectura que duró tanto que hubo que alargar el auto hasta el día siguiente.
De los veintinueve acusados, dieciocho confesaron sus culpas, rogaron misericordia, se convirtieron al cristianismo y fuero por ello reconciliadas. Cinco fueron quemadas en efigie porque en el momento en el que las condenaron ya habían fallecido. Cuatro mujeres y dos hombres fueron condenados a morir en la hoguera por brujería.

Pero los procesos contra las brujería en la zona no acabaron en Zugarramurdi. Un año después, Alonso de Salazar era enviado a recorrer Navarra, Gipuzkoa y Bizkaia con un edicto de gracia mediante el cual se prometía perdonar a todos aquellos brujos que confesasen sus pecados.
En 1613 Salazar, quien además no creía en la brujería como tal sino que pensaba que se trataba de creencias de personas incultas a las que había que hacer llegar el cristianismo, había redactado dos informes sobre sus viajes. En ellos señalaba haber absuelto a más de 1300 niños y 41 adultos y haber reconciliado a 290 personas.

Un fenómeno que en Zugarramurdi no ha caído en el olvido, y que es rememorado todos los agostos mediante la festividad del Día de las Brujas.
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