Belisario: El Héroe Militar de Bizancio
Belisario fue uno de los más destacados generales bizantinos del siglo VI, y su figura es especialmente conocida por su lealtad y habilidades militares al servicio del emperador Justiniano I.
Nacido en Germania, una región de Tracia (actual Bulgaria) alrededor del año 500, Belisario se convirtió en un símbolo de la expansión y restauración del Imperio romano de Oriente.
Belisario: El Héroe Militar de Bizancio
Belisario comenzó su carrera militar en el ejército bizantino en la década de 520, y pronto demostró ser un líder y estratega excepcional. Uno de sus primeros éxitos militares tuvo lugar en 527, cuando, al mando de un destacamento de caballería, derrotó a un ejército sasánida mucho más numeroso cerca de la ciudad de Dara. Esta victoria lo convirtió en un personaje clave en el gobierno de Justiniano I, y su relación con el emperador fue fundamental en sus futuros éxitos militares.
En 533, Belisario fue designado por Justiniano I para liderar la campaña en África contra el Reino vándalo. La rapidez y eficacia con la que Belisario y su ejército lograron derrotar a los vándalos sorprendió a propios y extraños. Después de desembarcar en África en junio de 533, Belisario se encontró con las fuerzas vándalas lideradas por el rey Gelimer en la batalla de Ad Decimum en septiembre del mismo año. En esta batalla, las tropas bizantinas, a pesar de ser inferiores en número, lograron romper las líneas enemigas y forzar la retirada de Gelimer y sus fuerzas.
La victoria en Ad Decimum fue seguida por la toma de Cartago, la capital del Reino vándalo, donde Belisario fue recibido con júbilo por la población local. Sin embargo, Gelimer reorganizó sus tropas y lanzó un contraataque en diciembre de 533 en la batalla de Tricamarum. A pesar de la desventaja numérica, Belisario y sus fuerzas lograron una victoria decisiva, capturando a Gelimer y poniendo fin al Reino vándalo. Esta campaña estableció a Belisario como uno de los generales más exitosos y respetados del Imperio bizantino.
Tras su regreso a Constantinopla, Belisario fue recibido con honores por Justiniano I y la población de la capital. Sin embargo, su éxito en África no pasó inadvertido a los ojos de sus enemigos, y en 541, el Imperio sasánida, aprovechando la ausencia de Belisario en la región, lanzó una invasión en el este del Imperio bizantino. Como respuesta, Justiniano I envió a Belisario a detener el avance persa. Aunque no logró una victoria decisiva, Belisario consiguió retrasar y contener la invasión sasánida hasta que Justiniano I pudo negociar un acuerdo de paz en 545.
Entre 535 y 540, Belisario lideró las fuerzas bizantinas en la guerra gótica contra el Reino ostrogodo en Italia, en un intento de Justiniano I de restaurar el control romano sobre la península italiana. Belisario desembarcó en Sicilia en 535 y, utilizando tácticas de guerra de asedio y maniobras rápidas, consiguió conquistar la isla en poco tiempo. A continuación, cruzó a la península italiana y tomó Nápoles en 536, lo que le permitió establecer una base de operaciones en Italia.
Belisario continuó avanzando hacia el norte, capturando Roma en 536 tras un breve asedio. Sin embargo, la captura de Roma no fue suficiente para poner fin al Reino ostrogodo, ya que los godos aún controlaban Rávena y gran parte del norte de Italia. En 538, Belisario puso sitio a la ciudad de Rávena, pero las dificultades logísticas y la resistencia ostrogoda dificultaron la toma de la ciudad.
Durante el asedio de Rávena, Belisario tuvo que enfrentarse no solo a los ostrogodos, sino también a la política interna bizantina. A pesar de sus éxitos en Italia, Belisario fue víctima de intrigas palaciegas en Constantinopla, y algunos de sus rivales en la corte buscaban socavar su posición ante Justiniano I. En 539, Belisario fue llamado de vuelta a Constantinopla, dejando a su lugarteniente Narsés a cargo de las operaciones en Italia.
A pesar de su ausencia en Italia, Belisario no perdió el favor de Justiniano I, y en 541 fue enviado de nuevo al frente oriental para enfrentarse a una nueva invasión sasánida. Durante esta campaña, Belisario luchó en numerosas batallas y asedios, pero no logró una victoria decisiva contra los persas. Aun así, consiguió detener el avance persa y mantener la integridad territorial del Imperio bizantino.
En 544, Belisario fue llamado de nuevo a Italia para retomar la lucha contra los ostrogodos, que habían resurgido bajo el liderazgo del rey Totila. A pesar de sus esfuerzos, Belisario no pudo replicar sus éxitos anteriores, y su campaña en Italia se vio obstaculizada por la falta de refuerzos y suministros. En 548, Belisario fue retirado del frente italiano y regresó a Constantinopla en desgracia.
El último episodio en la carrera militar de Belisario tuvo lugar en 559, cuando una invasión de eslavos y búlgaros amenazó Constantinopla. A pesar de su avanzada edad y de haber sido retirado del servicio activo, Belisario organizó la defensa de la ciudad y logró repeler la invasión. Este último acto de valentía y habilidad militar ayudó a restaurar su reputación en la corte bizantina.
Belisario falleció en 565, y aunque en vida fue objeto de intrigas y rivalidades políticas, su legado como uno de los más grandes generales de la historia del Imperio romano de Oriente perduró. Además de sus logros militares, Belisario también fue un innovador en cuanto a tácticas y organización del ejército. Introdujo reformas en la caballería bizantina, aumentando su movilidad y eficacia en combate. También fue un pionero en el uso de tropas especializadas, como arqueros a caballo y unidades de infantería pesada, que se convirtieron en componentes esenciales del ejército bizantino. Su vida y logros han sido narrados en obras como «Historia Secreta» de Procopio de Cesarea, quien fue secretario personal de Belisario y acompañó al general en varias de sus campañas.
¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí