Acero y pólvora: Juan de Salcedo y Martín de Goiti en la defensa de Manila contra los piratas de Lin Feng

Acero y pólvora: Juan de Salcedo y Martín de Goiti en la defensa de Manila contra los piratas de Lin Feng

En la efervescente Manila de 1574, los vientos del azar y la fortuna confluyeron en una cruenta lucha entre soldados, conquistadores y piratas. Juan de Salcedo, Martín de Goiti y Lin Feng, más conocido como Limahon, cruzaron sus caminos en un enfrentamiento que marcaría el devenir del archipiélago filipino y las páginas de la historia.

El siglo XVI fue una época de osadía, intriga y ambición desmedida en el sudeste asiático. Los imperios europeos, en su afán de extender sus dominios, exploraban y conquistaban tierras lejanas en busca de recursos, rutas comerciales y nuevos territorios. España, por supuesto, no era la excepción.

Acero y pólvora: Juan de Salcedo y Martín de Goiti en la defensa de Manila contra los piratas de Lin Feng

  A la sombra del majestuoso Galeón de Manila, buques de guerra y naos de comercio surcaban las aguas, y con ellas, los intereses y las ambiciones de sus capitanes y tripulantes. Y entre esos hombres de fortuna, Juan de Salcedo y Martín de Goiti sobresalían por su valentía, astucia y determinación.

Nieto del adelantado Miguel López de Legazpi, Juan de Salcedo había sido testigo del temprano proceso de colonización de las islas Filipinas. Con apenas dieciocho años, este joven aventurero y soldado desembarcó en Cebú en 1567, acompañando a su abuelo en la expedición que establecería el dominio español en el archipiélago. En los años siguientes, su ímpetu y audacia le llevaron a liderar conquistas y pacificaciones en la región, siendo nombrado capitán por el propio Legazpi.

  Por otro lado, Martín de Goiti, un experimentado soldado y navegante vasco, había llegado a las Filipinas en 1569, después de haber pasado años luchando en la guerra de Flandes y en las campañas de Italia. Hombre de acción y resolución, su experiencia y habilidades militares pronto le valieron el título de Maestre de Campo, el segundo al mando de las fuerzas españolas en el archipiélago.

Mientras tanto, en las turbulentas aguas del Mar de China Meridional, Lin Feng, apodado Limahon, había forjado una reputación de astucia y ferocidad que lo convertía en el terror de los navegantes. Este pirata chino, originario de Fujian, había comenzado su vida como un humilde pescador antes de convertirse en el líder de una flota de juncos armados. Sus hazañas y pillajes le habían ganado el respeto y el temor de sus enemigos, y su nombre era conocido y pronunciado con recelo en toda la región.

Fue en este escenario de tensiones y ambiciones que el destino hizo que las vidas de estos tres hombres se cruzaran, en un enfrentamiento que aún hoy resuena en la memoria histórica de Filipinas.

Limahon, en su afán de expandir su dominio y saquear las riquezas de las colonias españolas, decidió atacar la ciudad de Manila en noviembre de 1574. Con una flota de más de sesenta juncos y miles de hombres bajo su mando, el pirata chino arribó a la bahía, dispuesto a arrasar con todo lo que se interpusiera en su camino. La ciudad, gobernada en aquel entonces por el recién designado adelantado Guido de Lavezaris, era un objetivo apetecible y vulnerable.

La noticia del inminente ataque pirata llegó a oídos de Martín de Goiti, quien se encontraba en la ciudad de Pampanga, a unos cien kilómetros al norte de Manila. Sin pensarlo dos veces, el Maestre de Campo decidió actuar y acudió en ayuda de la amenazada colonia. Convocó a sus tropas y, al mando de una pequeña flotilla, surcó las aguas del río Pampanga en dirección a la desembocadura del río Pasig, donde se encontraba la ciudad de Manila.

La llegada de Goiti a la ciudad fue providencial, pues sus tropas, aunque escasas, reforzaron la guarnición local y aportaron experiencia y disciplina en la defensa de la plaza. Al mismo tiempo, Juan de Salcedo se encontraba en la región de Ilocos, en el extremo noroeste de la isla de Luzón, donde había llevado a cabo una serie de conquistas y exploraciones. Al enterarse del peligro que acechaba a Manila, también se puso en marcha con sus hombres y se unió a las fuerzas de Goiti.

Fue así como, en una serie de escaramuzas y combates cuerpo a cuerpo, los españoles y sus aliados filipinos lograron repeler el asedio de Limahon. La lucha fue intensa y cruenta, y en ella se pusieron a prueba la astucia y la valentía de todos los contendientes. Pero al final, la unión de las fuerzas de Goiti y Salcedo, junto con el apoyo de los guerreros filipinos, resultó ser un factor determinante para hacer frente a la amenaza pirata.

El pirata Lin Feng, conocedor de que la victoria se le había escapado de entre los dedos, optó por retirarse de Manila y buscar refugio en las costas de Pangasinan, en el golfo de Lingayen. Sin embargo, su retirada no fue el final de la historia, pues Salcedo y Goiti, decididos a no dejar cabos sueltos, le siguieron en su huida.

Los enfrentamientos continuaron durante meses, y los españoles, apoyados por sus aliados locales, lograron finalmente cercar a Limahon y a sus hombres en una fortaleza improvisada en las costas de Pangasinan. Allí, en un último intento por mantener la posición, los piratas resistieron el asedio español hasta que, finalmente, la situación se volvió insostenible.

Lin Feng, consciente de que la derrota era inevitable, decidió escapar en la oscuridad de la noche, dejando atrás a sus hombres y sus sueños de dominación. Con la huida de Limahon, el capítulo del enfrentamiento entre el pirata chino y los conquistadores españoles llegaba a su fin.

La victoria de Salcedo y Goiti fue un episodio crucial enla consolidación del dominio español en las Filipinas. Gracias a su astucia, valentía y la colaboración de sus aliados locales, lograron mantener a raya las amenazas de saqueo y pillaje que acechaban a la colonia.

El encuentro entre estos tres personajes emblemáticos dejó huella en la memoria colectiva de la región, y con el paso de los años, sus hazañas y desafíos se convirtieron en leyenda. Las historias sobre las batallas y las intrigas de aquellos días se transmitieron de generación en generación, y se mezclaron con el mito y la fantasía en un crisol de leyendas y tradiciones.

El triunfo de Juan de Salcedo y Martín de Goiti en su enfrentamiento con Limahon no solo fue un logro militar, sino también un reflejo de la habilidad de los españoles para adaptarse y forjar alianzas en un entorno desconocido y hostil. La capacidad de establecer relaciones de colaboración y entendimiento con los líderes y las comunidades locales fue fundamental para el éxito de la empresa colonizadora.

Por otro lado, la figura de Lin Feng, el temible pirata Limahon, adquirió con el tiempo un matiz de romanticismo y aventura, como suele suceder con los personajes que desafían al poder establecido y luchan por sus ideales, aunque estos sean tan controvertidos como el saqueo y la violencia. Su audacia y determinación lo convirtieron en un símbolo de rebeldía y resistencia frente a la colonización, y su nombre sigue siendo recordado en el imaginario popular.

  La historia del enfrentamiento entre Juan de Salcedo, Martín de Goiti y Lin Feng nos recuerda que la realidad, a menudo, supera a la ficción. Sus vidas y sus luchas fueron el resultado de una compleja trama de intereses, ambiciones y circunstancias que, en última instancia, reflejan la diversidad y la riqueza de la historia del sudeste asiático en el siglo XVI.

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