Sevilla en el siglo XVI era una enorme ciudad que estaba llena de oportunidades y picaresca, asà como de trampas mortales para los fracasados y los miserables. Las ingentes riquezas de los grandes comerciantes convivÃan con la informe y desmesurada masa de pobres, mendigos y pÃcaros, que reptaban por el subsuelo de la abundancia para recoger las migajas que se escabullÃan de las manos llenas de los exitosos.
El nacimiento de la picaresca
Hay algo que nació de aquel choque entre el lodo y la plata. Maleantes, lupanares, buscavidas, asesinos y contrabandistas constituÃan el hampa sevillano que acosaba a los portadores de la plata, que husmeaba las riquezas que desde el puerto llegaban a la Casa de la Contratación, y desde las Gradas de la Catedral, punto de encuentro de comerciantes y lugar de acuerdos e intercambios económicos, se distribuÃan por todo el mundo. Como si fuera el Chicago o el Nueva York de los años 20, Sevilla bullÃa con los ricos y los que querÃan coger las migajas de los ricos. Y al igual que lo más profundo y decadente de las ciudades norteamericanas de la primera mitad del siglo XX inspiró todo un género, el cine negro, Sevilla inspiró su propio género negro: la novela picaresca. Dos de los libros fundacionales de este género tan hispano surgieron directamente de la ciudad hispalense: la Novela Ejemplar Rinconete y Cortadillo, de Cervantes, y el Guzmán de Alfarache de Mateo Alemán.
Estos dos autores, obstinados literatos además de otras cosas menos nobles, tuvieron la oportunidad de conocer muy bien Sevilla, y lo hicieron especialmente bien en sus aspectos más deleznables. Sevilla cayó sobre ellos cual estupenda maldición y los manipuló como destacados y equivalentes alfiles en su tablero del Siglo de Oro, imponiéndoles recorridos deslumbrantemente oblicuos y sorprendentemente similares. Mateo Alemán nació y se formó en parte en Sevilla, Miguel de Cervantes llegó más tarde, pero ambos habÃan visto la luz en el año 1547, supongo que reclamados por la grandeza de Sevilla que debÃa andar en proceso de búsqueda de algún escritor que hiciera algo revolucionario. Lo halló por partida doble.
¿Y cómo se las ingenió la ciudad para conseguirlo? El movimiento táctico consistió en agarrar a los dos incautos novelistas, Cervantes y Alemán, darles un vulgar trabajo de recaudadores de impuestos –oficio muy socorrido de la época, pero lleno de trampas- y provocarles deudas. De esta forma los tuvo a su merced para arrojarlos a un pozo brutal e inspirador. Los dos genios acabaron en prisión, la Cárcel Real de Sevilla, un lugar en el que, en palabras del propio Cervantes, toda incomodidad tiene su asiento y donde todo triste ruido hace su habitación. Allà asegura el autor de las Novelas Ejemplares que se engendró el Quijote, y sin duda que lo que allà vio Mateo Alemán inspiró el Guzmán.
Autor: José MarÃa Maesa Márquez para revistadehistoria.es desde http://insensateces-de-un-exiliado-cronico.blogspot.com.es/
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Referencias:
Sevilla en tiempos de Cervantes. José Manuel Caballero Bonald.
Orto y ocaso de Sevilla. Antonio DomÃnguez Ortiz.