Una guerra simbólica, representación de osos y leones en la Edad Media

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El león es, durante gran parte de la Edad Media europea, la figura zoomórfica más representada de toda la iconografía medieval. Sin embargo, este fue un animal extinto en el continente desde aproximadamente V-IV milenio a.C. Entonces, ¿por qué gozó de tanta popularidad una especie alógena al continente europeo durante la Edad Media?

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El pueblo romano durante la celebración de los ludi se sentía atraído y maravillado por los animales exóticos que traían desde los puntos más remotos del Imperio e incluso de más allá. Uno de esos animales que causaban furor en la lucha gladiatoria con fieras era el león, traído desde el norte de África o Asia Menor. La desestructuración del imperio romano de Occidente trajo consigo también un retroceso en la representación gráfica de leones, siendo, por el contrario, más frecuente las representaciones de jabalíes, cuervos y, por supuesto, osos.

Una guerra simbólica, representación de osos y leones en la Edad Media

Durante la Edad Media, como bien afirma M. Pastoureau en su obra Una historia simbólica de la Edad Media occidental, la de los leones era la representación zoomórfica con mayor presencia en todo el Occidente europeo. El león, desde un punto de vista simbólico, fue asociado a la imagen del monarca pues este representaba el valor, el coraje, la valentía, la justicia… en otras palabras, el monarca a través de la representación del león pretendía promocionarse con una serie de virtudes que caracterizaban al buen gobernante. No obstante, el león es un animal con una doble naturaleza simbólica de un lado, como ya hemos visto, el león posee una naturaleza benigna; del otro, una naturaleza maligna, la que curiosamente tuvo, al menos en un principio, mayor representación.

Un detalle a tener en cuenta es la propia configuración de la compleja mentalidad cristiana occidental, pues somos el resultado grosso modo del sincretismo entre las culturas grecolatina, semítica y céltica-germánica. Es importante no obviar este detalle porque durante estos siglos de la Alta Edad Media se sucederá una lucha simbólica por la imposición de nuevas representaciones gráficas del poder sobre las viejas. Los celtas no representaron jamás al león, para ellos el rey de los bosques era el oso.

Algunos autores eclesiásticos como Rabano Mauro advirtieron en la naturaleza del león cualidades cristológicas, de esta forma el león quedaba ligado a la figura de Cristo y asociado paralelamente a la figura del monarca. Aún quedaba un problema por resolver ¿Qué hacer con la naturaleza maligna del león? La opción escogida fue la de convertir la simbología maligna del león en un nuevo animal, el leopardo, que adquiere una connotación peyorativa por ser el antagonista del león, y, en definitiva, también de Dios.

Es con la llegada del feudalismo cuando el león se asienta definitivamente como rey absoluto de la simbología medieval en detrimento del oso. En la Europa mediterránea, a excepción de al-Ándalus, el león ya había sido integrado como símbolo regio. Sin embargo, en la Europa septentrional la penetración fue más lenta, pues el oso era el símbolo regio por antonomasia entre las culturas germánicas. El oso es el arquetipo de jefe guerrero, es un animal poderoso y temido. Además, poseyó una enorme huella cultural en la vida cotidiana de estos pueblos.

El oso gozó de una enorme popularidad a lo largo de toda la Edad Media y hasta que Darwin en el siglo XIX publicara la Teoría de las Especies el oso fue considerado el animal más cercano a la naturaleza humana, por su capacidad de usar las zarpas delanteras para asir objetos o por su capacidad para erguirse. Para los normandos acabar con la vida de un oso era una señal de un futuro prometedor. Durante la Primera Cruzada de forma simbólica Godofredo de Bouillon tuvo que enfrentar a un enorme oso antes de conquistar Nicea y ser coronado rey. Yvain, el caballero león de Chétrien de Troyes, se enfrenta a un gigante cubierto con una piel de oso. El propio rey Arturo en su nombre evoca la fiereza del oso pues la silaba “Arth” significa oso en gaélico.

Pastoureau afirma que no son pocas las ocasiones en las que se ha utilizado al oso como metáfora de la desnudez femenina, por lo que un prohibitivo clero no podía permitir que al oso se le continuase rindiendo culto. El oso es un animal que a lo largo de la historia ha poseído una fuerte vinculación simbólica con el sexo. De hecho, este es el principal pecado que se achaca al oso, su perversión, su debilidad hacia la carne e incluso llega a sentirse atraído por las mujeres a las que rapta y viola.

Fue entonces cuando la Iglesia decidió modificar la concepción del oso al cual se comenzó a identificar con una mala bestia que reina en los bosques, que durante la Edad Media este también estaría considerado como un lugar peligroso cubil de bestias asesinas y un lugar donde desaparecen los transeúntes. El oso es grande y poderoso, por ello también peligroso y violento. Para destronar al oso y eliminarlo de la iconografía medieval la Iglesia siguió tres pasos fundamentales: convertirlo en demonio, adiestrarlo y humillarlo, por ello era común ver osos disfrazados haciendo acrobacias en ferias para entretenimiento de la gente.

El oso que otrora fuese rey de las bestias quedó reducido simplemente a una mera atracción de feria. En el tránsito del siglo XII y XIII, Europa en sus cuatro puntos cardinales reconocerá la autoridad de un único rey simbólico: el león.

Autor: Fernando Manuel Torres Lara para revistadehistoria.es

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Bibliografía

Pastoureau, M., Una historia simbólica de la Edad Media Occidental, Katz, Buenos Aires, Argentina, 2006.

El oso. Historia de un rey destronado, Paidós, Barcelona, 2008.

Rodríguez Alcaide, I., “El oso en la Edad Media: Historia de un guerrero otoñal” en Coloquio de los perros. Publicación: 16/10/2016. Consulta: 23/03/2018.

Ruiz, R., “El poder seductor de los animales” en El País. Publicación: 30 de agosto de 2008. Consulta: 23/03/2018.