Septimio Severo y la última gran ofensiva romana en Britania

Septimio Severo y la última gran ofensiva romana en Britania

Las islas británicas siempre ocuparon un lugar singular dentro del mundo romano. Situadas en el extremo noroccidental del Imperio, representaban tanto una frontera militar como un desafío político permanente. Desde la invasión ordenada por Claudio en el año 43 d. C., las legiones habían logrado controlar gran parte del territorio, pero el norte seguía siendo un espacio inestable. Más allá del muro de Adriano se extendían las tierras de los pueblos caledonios, guerreros acostumbrados a combatir en bosques, montañas y pantanos donde la maquinaria militar romana perdía parte de su eficacia.

A comienzos del siglo III, el emperador Septimio Severo decidió afrontar personalmente aquella amenaza. Anciano y enfermo, pero todavía decidido a consolidar su autoridad, viajó a Britania acompañado de sus hijos Caracalla y Geta. Lo que comenzó como una campaña destinada a someter definitivamente el norte de la isla terminó convirtiéndose en una de las operaciones militares más duras de toda la historia romana en Britania.

La Campaña de Septimio Severo en Britania

Cuando Septimio Severo llegó a Britania en el año 208 d. C., el Imperio atravesaba una etapa de relativa estabilidad tras décadas de guerras civiles y conflictos internos. El emperador había consolidado su posición después de derrotar a numerosos rivales y había fortalecido el poder imperial apoyándose especialmente en el ejército. La dinastía severa necesitaba prestigio militar para reforzar su legitimidad, y las campañas victoriosas seguían siendo uno de los instrumentos políticos más eficaces de Roma.

Britania ofrecía una oportunidad ideal. Las tribus del norte habían intensificado sus incursiones sobre los territorios controlados por Roma y existían informes sobre ataques contra fortalezas y asentamientos cercanos al muro de Adriano. Las fuentes romanas mencionan especialmente a los caledonios y a los maeatae, pueblos que habitaban las actuales tierras de Escocia.

La situación no era nueva. Décadas antes, el gobernador Cneo Julio Agrícola había avanzado profundamente hacia el norte y había derrotado a los caledonios en la batalla del monte Graupio. Sin embargo, Roma jamás consiguió mantener un dominio permanente sobre aquellas regiones. El muro de Antonino, construido más al norte que el de Adriano, terminó siendo abandonado y la frontera volvió a fijarse en la línea más meridional.

Septimio Severo decidió actuar con una magnitud pocas veces vista en Britania. No envió simplemente refuerzos: se trasladó personalmente a la provincia imperial junto a una enorme fuerza militar. Se calcula que reunió alrededor de 40.000 o incluso 50.000 soldados, incluyendo las tres legiones estacionadas en Britania y numerosas unidades auxiliares llegadas desde otras partes del Imperio.

La presencia del emperador transformó completamente la provincia. York, conocida por los romanos como Eboracum, se convirtió en el centro político y militar de las operaciones. Desde allí se organizaron suministros, reparaciones de caminos y movimientos de tropas. La ciudad pasó a desempeñar temporalmente el papel de capital imperial en Occidente.

El despliegue logístico fue inmenso. Las campañas romanas dependían de una compleja red de abastecimiento, especialmente en territorios difíciles. Los ingenieros militares restauraron carreteras, reforzaron fortalezas y ampliaron depósitos de víveres. El ejército romano no avanzaba únicamente con espadas y lanzas: avanzaba con puentes, almacenes, topógrafos y convoyes de suministros.

Roma frente al norte salvaje

Las tierras situadas más allá del muro de Adriano representaban uno de los escenarios más hostiles a los que podía enfrentarse el ejército romano. El clima húmedo, las lluvias constantes y el terreno irregular dificultaban enormemente las operaciones. Los bosques espesos y los pantanos reducían la efectividad de las formaciones legionarias tradicionales.

Los caledonios comprendían perfectamente aquellas ventajas. Evitaban las batallas campales y recurrían a tácticas de desgaste, emboscadas y ataques rápidos. El historiador romano Casio Dión describe a los guerreros del norte moviéndose con gran rapidez por zonas pantanosas y soportando condiciones extremas. Según las fuentes, apenas llevaban equipamiento pesado y estaban acostumbrados a sobrevivir en ambientes muy duros.

Para los romanos, aquello suponía una guerra distinta a las campañas desarrolladas en Oriente o en las regiones mediterráneas. Las legiones estaban preparadas para construir campamentos, mantener líneas de batalla disciplinadas y enfrentarse a enemigos visibles. En Britania, el enemigo aparecía y desaparecía constantemente entre montañas y nieblas.

Septimio Severo comprendió que no bastaba con defender el muro. Decidió lanzar una ofensiva a gran escala hacia el norte. Las tropas avanzaron profundamente en territorio caledonio, probablemente siguiendo rutas ya utilizadas durante campañas anteriores.

A medida que progresaban, los romanos construían campamentos fortificados temporales para asegurar las comunicaciones. Muchos de esos recintos todavía pueden identificarse arqueológicamente en Escocia. Su tamaño demuestra la magnitud del ejército desplazado por Severo.

La campaña fue extremadamente costosa. Casio Dión afirma que los romanos sufrieron enormes pérdidas sin llegar a combatir grandes batallas decisivas. El desgaste provenía del clima, las enfermedades, las emboscadas y la dificultad de mantener abastecida una fuerza tan numerosa.

Las fuentes hablan incluso de decenas de miles de bajas romanas, aunque probablemente las cifras estén exageradas. Aun así, todo indica que la campaña resultó brutal para ambos bandos. Los romanos aplicaron tácticas de devastación sistemática: destrucción de cosechas, incendios de aldeas y eliminación de recursos destinados a quebrar la resistencia de las tribus del norte.

La estrategia seguía una lógica habitual en Roma. Cuando el enemigo evitaba el combate directo, el ejército imperial buscaba destruir su capacidad de supervivencia. El objetivo no era únicamente derrotar guerreros, sino impedir que las comunidades pudieran sostener una resistencia prolongada.

Caracalla y Geta en la sombra del emperador

La campaña britana también tenía una dimensión dinástica. Septimio Severo era consciente de su avanzada edad y deseaba garantizar una transición estable para sus hijos, Caracalla y Geta. Ambos acompañaron al emperador en Britania y participaron en la administración de la provincia.

Sin embargo, la relación entre los dos hermanos era pésima. Las tensiones dentro de la familia imperial eran conocidas en la corte y terminarían desembocando en una tragedia pocos años después. La estancia en Britania sirvió además para que Caracalla adquiriera experiencia militar y reforzara su imagen ante el ejército.

Caracalla poseía una personalidad agresiva y autoritaria. Las fuentes antiguas lo describen como impulsivo y violento. Septimio Severo parecía confiar más en él que en Geta, aunque intentó mantener cierto equilibrio entre ambos.

Mientras el emperador dirigía las operaciones, la corte imperial instalada en Eboracum reproducía las intrigas habituales de Roma. Britania, pese a su lejanía geográfica, se convirtió temporalmente en el centro político del Imperio.

La salud de Septimio Severo empeoraba progresivamente. Sufría gota y otras enfermedades que limitaban su movilidad. Algunas fuentes mencionan que tuvo que desplazarse en litera durante parte de la campaña. Aun así, continuó supervisando las operaciones militares.

El emperador mostraba una determinación extraordinaria. Para un gobernante romano, la autoridad militar constituía el núcleo del poder. Retirarse sin actuar habría sido interpretado como una muestra de debilidad. La campaña britana se convirtió así en una cuestión de prestigio personal y dinástico.

En torno al año 210 d. C., los romanos lograron imponer temporalmente acuerdos de paz a varios pueblos del norte. Sin embargo, la situación volvió a deteriorarse rápidamente. Las tribus retomaron la resistencia y Severo ordenó nuevas operaciones punitivas.

Casio Dión atribuye al emperador órdenes extremadamente severas. Según el historiador, Severo buscaba prácticamente el exterminio de las poblaciones rebeldes. Aunque las fuentes romanas suelen exagerar para resaltar la dureza imperial, resulta evidente que la campaña alcanzó niveles de violencia muy elevados.

El norte de Britania quedó devastado tras aquellas operaciones. La arqueología ha identificado señales de destrucción y abandono en diversos asentamientos de la época. El impacto sobre las comunidades indígenas debió de ser enorme.

Sin embargo, pese a los esfuerzos romanos, el control permanente seguía siendo casi imposible. La geografía y la resistencia local hacían extremadamente difícil mantener una ocupación estable más allá de ciertas líneas defensivas.

La muerte de Septimio Severo en Eboracum

El 4 de febrero del año 211 d. C., Septimio Severo murió en Eboracum. Su fallecimiento puso fin a una de las últimas grandes campañas de conquista emprendidas personalmente por un emperador romano.

Las fuentes antiguas conservan una frase atribuida a Severo poco antes de morir: “He sido todo, y nada aprovecha”. También se le atribuyen consejos dirigidos a sus hijos: mantener la concordia entre ellos, enriquecer a los soldados y despreciar al resto de los hombres. Más allá de la exactitud literal de esas palabras, reflejan bastante bien la realidad política del Imperio romano en aquella época.

La muerte del emperador cambió completamente la situación en Britania. Caracalla no tenía interés en continuar una guerra larga y costosa en el norte. Poco después negoció acuerdos con las tribus y retiró gran parte de las fuerzas hacia el muro de Adriano.

Roma abandonó definitivamente cualquier intento serio de conquistar de forma permanente las tierras de la actual Escocia. A partir de entonces, la política imperial se centró principalmente en la contención defensiva.

El muro de Adriano volvió a convertirse en el principal eje fronterizo de Britania romana. Aunque las incursiones continuaron durante décadas, Roma prefirió mantener una estrategia basada en fortificaciones y control limitado del territorio.

La campaña de Septimio Severo representó, en cierto modo, el último gran esfuerzo expansionista romano en la isla. Las energías del Imperio comenzarían pronto a dirigirse hacia otros problemas mucho más graves: presiones fronterizas en el Rin y el Danubio, conflictos internos y crecientes dificultades económicas.

“Con Septimio Severo, Roma realizó su último gran intento de expandirse en Britania antes de que nuevas crisis amenazaran al Imperio.”

Britania continuó formando parte del Imperio durante casi dos siglos más, pero el sueño de dominar completamente el extremo norte quedó definitivamente atrás.

La figura de Septimio Severo quedó profundamente vinculada a Britania. Su muerte en York convirtió a la ciudad en uno de los lugares más simbólicos de la historia imperial romana. Pocos emperadores habían viajado tan lejos para dirigir personalmente una campaña militar.

La arqueología moderna ha permitido reconstruir parte de aquellas operaciones. Campamentos temporales, monedas, restos de fortificaciones y hallazgos militares muestran la enorme escala de la ofensiva severa. Muchos de esos vestigios se encuentran dispersos por Escocia, recordando el paso de decenas de miles de soldados romanos a través de un paisaje difícil y hostil.

La campaña también ilustra los límites del poder romano. El Imperio podía conquistar enormes territorios, construir ciudades monumentales y desplegar ejércitos gigantescos, pero incluso Roma encontraba fronteras que resultaban extremadamente difíciles de someter de manera definitiva.

Las montañas, bosques y pantanos del norte britano terminaron imponiendo condiciones que ni siquiera una de las máquinas militares más poderosas de la Antigüedad pudo superar plenamente.

Cuando Septimio Severo murió en Eboracum, el Imperio todavía parecía fuerte y estable. Sin embargo, bajo aquella apariencia comenzaban a surgir tensiones que marcarían el siglo III. La campaña britana mostró tanto la capacidad de movilización romana como el enorme coste humano y económico de mantener un dominio imperial tan extenso.

Los romanos conservaron Britania durante generaciones, pero el norte siguió siendo una frontera incierta. Las tribus caledonias nunca fueron absorbidas completamente por la estructura imperial y continuaron existiendo fuera del control romano directo. Años después, aquellas regiones acabarían formando parte del mundo de los pictos, herederos de muchos de los pueblos que habían resistido a las legiones.

La expedición de Septimio Severo quedó así como el último gran intento de doblegar definitivamente el extremo septentrional de Britania. Una campaña marcada por el barro, la lluvia, las enfermedades y la resistencia feroz de unos enemigos que conocían perfectamente el terreno donde combatían.

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí

Suscríbete a Revista de Historia y disfruta de tus beneficios Premium


📜 Te hemos preparado un resumen de vídeo sobre Septimio Severo y la última gran ofensiva romana en Britania

En este video descubrirás la brutal campaña militar del emperador romano Septimio Severo en la Britania de principios del siglo III. A lo largo del análisis, verás cómo la imparable maquinaria bélica de Roma, con un despliegue colosal de unos 50.000 soldados, chocó frontalmente contra un entorno natural extremo y hostil en la actual Escocia.

El contenido te explicará las letales tácticas de guerrilla y guerra de desgaste empleadas por las tribus locales, los caledonios y los maeatae, para desbaratar las disciplinadas formaciones imperiales. También conocerás la despiadada estrategia de devastación total que aplicó Severo al no poder vencer en combate abierto.

Además de la acción en los densos bosques y pantanos, el video te adentrará en la oscura y tóxica intriga política dentro de la propia tienda imperial, protagonizada por el emperador enfermo y la hostilidad entre sus herederos, Caracalla y Geta. Finalmente, entenderás cómo la muerte de Severo en el año 211 d.C. provocó la retirada inmediata de las tropas, marcando para siempre el límite geográfico definitivo a la expansión del todopoderoso Imperio Romano.


📖 Podcast sobre Septimio Severo y la última gran ofensiva romana en Britania

En este archivo de audio, escucharás un análisis a fondo en formato de diálogo sobre la brutal y desastrosa campaña militar del emperador romano Septimio Severo en la actual Escocia a principios del siglo III.

A lo largo de la conversación, descubrirás cómo los presentadores explican el choque titánico entre la avanzada maquinaria bélica de Roma y la implacable geografía escocesa. El audio detalla cómo un despliegue colosal de unos 50.000 soldados, que llegó a convertir a la ciudad de York en la capital imperial de occidente, fue mermado lentamente por el barro, el frío, las enfermedades y la letal guerra de guerrillas de las tribus locales.

Además de detallar esta asombrosa logística —comparada en la charla de forma muy amena con el traslado de una inmensa corporación multinacional tecnológica a un pantano remoto—, te adentrarás en la tóxica intriga política de la tienda imperial. Los presentadores desgranan cómo el anciano emperador, gravemente enfermo de gota, dirigía esta guerra de desgaste extrema mientras sus dos herederos, Caracalla y Geta, conspiraban militarmente y se odiaban de forma pública.

Finalmente, el episodio concluye explicando cómo la muerte de Severo en el año 211 d.C. provocó la retirada inmediata de Caracalla hacia el sur. Comprenderás cómo este momento histórico marcó para siempre el límite geográfico definitivo a la expansión del todopoderoso Imperio Romano, demostrando que ni sus mejores legiones podían vencer a la naturaleza.


👑 Otros recursos de audio y vídeo sobre Septimio Severo y la última gran ofensiva romana en Britania

Podcast: Septimio Severo


Preguntas frecuentes sobre la campaña de Septimio Severo en Britania

¿Por qué Septimio Severo decidió viajar personalmente a Britania?

La decisión de Septimio Severo de desplazarse personalmente a Britania fue extraordinaria incluso para los estándares romanos. En el año 208 d. C., el emperador tenía cerca de sesenta años y padecía importantes problemas de salud, especialmente gota, que dificultaba seriamente su movilidad. Aun así, consideró imprescindible encabezar la campaña en persona.

Las razones fueron tanto militares como políticas. Britania era una provincia estratégica y, desde hacía décadas, las tribus del norte realizaban incursiones contra las zonas controladas por Roma. El prestigio imperial dependía en gran medida de la capacidad del emperador para garantizar la seguridad de las fronteras. Una respuesta débil habría sido interpretada como una señal de fragilidad.

Además, Septimio Severo había construido buena parte de su poder gracias al apoyo del ejército. Había llegado al trono tras una guerra civil y sabía perfectamente que la autoridad imperial descansaba sobre la fidelidad de las legiones. Una gran campaña militar le permitía reforzar su imagen de emperador guerrero.

También existía un motivo dinástico. El emperador quería preparar a sus hijos, Caracalla y Geta, para la sucesión. Llevarlos consigo a Britania les daba experiencia militar y los presentaba ante las tropas como futuros gobernantes legítimos.

¿Qué pueblos combatieron contra Roma durante la campaña?

Los principales enemigos de Roma fueron los caledonios y los maeatae, pueblos que habitaban las regiones situadas más allá del muro de Adriano, en la actual Escocia.

Los romanos utilizaban el término “caledonios” para referirse a diversos grupos tribales del norte, aunque probablemente no formaban un único reino unificado. Eran comunidades organizadas en clanes o confederaciones locales que compartían formas de vida similares y una fuerte tradición guerrera.

Los maeatae vivían más cerca de la frontera romana, entre el muro de Adriano y el muro de Antonino. Debido a su proximidad con las zonas romanas, eran especialmente peligrosos para las comunicaciones y las fortalezas fronterizas.

Décadas más tarde, muchos de estos pueblos acabarían siendo identificados por las fuentes como pictos. Sin embargo, en tiempos de Septimio Severo, esa denominación todavía no se utilizaba de forma habitual.

Roma se enfrentaba a enemigos muy distintos de los pueblos mediterráneos o orientales. Las tribus del norte britano no dependían de grandes ciudades ni de complejas infraestructuras estatales, lo que dificultaba enormemente someterlas mediante las tácticas tradicionales romanas.

¿Cómo era el ejército romano que participó en la campaña?

La fuerza desplegada por Septimio Severo fue una de las mayores concentraciones militares romanas vistas en Britania. Se calcula que pudo reunir entre 40.000 y 50.000 hombres, aunque las cifras exactas siguen siendo debatidas.

El núcleo del ejército estaba formado por las tres legiones estacionadas permanentemente en Britania:

  • La Legio II Augusta
  • La Legio VI Victrix
  • La Legio XX Valeria Victrix

A ellas se sumaban numerosas unidades auxiliares procedentes de distintas regiones del Imperio. Estas tropas auxiliares aportaban especialidades fundamentales, como caballería, arqueros o exploradores.

El ejército romano no era únicamente una fuerza de combate. Incluía ingenieros, médicos, topógrafos, herreros, carpinteros y especialistas logísticos. Las campañas romanas dependían enormemente de la capacidad para construir caminos, fortificaciones y campamentos.

Cada jornada de marcha terminaba normalmente con la construcción de un campamento fortificado temporal. Muchos de esos campamentos de la campaña severa todavía pueden localizarse arqueológicamente en Escocia.

¿Qué dificultades encontró Roma en el norte de Britania?

El principal enemigo del ejército romano no siempre fueron las tribus locales, sino el propio territorio.

La actual Escocia presentaba enormes problemas para un ejército convencional. El terreno estaba lleno de montañas, bosques, ríos, ciénagas y pantanos que dificultaban los desplazamientos de grandes contingentes militares.

Las lluvias constantes convertían los caminos en auténticos lodazales. El clima húmedo favorecía enfermedades y agotamiento físico. Mantener abastecidas a decenas de miles de tropas en semejantes condiciones era una tarea extremadamente complicada.

Las tácticas de los caledonios aumentaban todavía más las dificultades. Evitaban las grandes batallas abiertas y preferían las emboscadas, ataques rápidos y desgaste constante. Aprovechaban perfectamente el terreno y conocían las rutas más seguras para moverse rápidamente.

Las formaciones legionarias romanas eran muy eficaces en espacios relativamente abiertos, pero perdían gran parte de su ventaja en bosques espesos o zonas pantanosas. Esto obligó a Roma a desarrollar una guerra lenta y agotadora.

¿Es cierto que la campaña causó enormes bajas romanas?

Las fuentes antiguas, especialmente Casio Dión, hablan de pérdidas romanas enormes. El historiador menciona incluso cifras cercanas a los 50.000 muertos, aunque probablemente se trate de una exageración retórica.

Sin embargo, la campaña sí debió resultar extremadamente costosa. Las bajas no provenían únicamente de los combates directos. Enfermedades, frío, hambre, agotamiento y ataques sorpresa provocaban pérdidas continuas.

La guerra en el norte britano era especialmente destructiva para un ejército que dependía de líneas de suministro relativamente estables. Cada kilómetro avanzado alejaba más a las tropas de sus bases seguras.

Los romanos respondieron con una enorme dureza. Las fuentes describen tácticas de devastación sistemática: destrucción de aldeas, quema de cosechas y eliminación de recursos para impedir que las tribus pudieran sostener la resistencia.

Aquella política provocó también graves consecuencias para las poblaciones locales. Muchas comunidades debieron abandonar asentamientos o desplazarse hacia regiones más seguras.

¿Qué papel tuvieron Caracalla y Geta durante la campaña?

Los hijos de Septimio Severo acompañaron al emperador durante toda la expedición y desempeñaron funciones políticas y militares importantes.

Caracalla, el mayor, tenía un perfil mucho más militar. Le gustaba el ambiente castrense y buscaba constantemente el apoyo de las tropas. Participó activamente en la campaña y reforzó su prestigio entre los soldados.

Geta, en cambio, tenía una personalidad más administrativa y menos agresiva. La rivalidad entre ambos hermanos era ya muy intensa durante la estancia en Britania.

Septimio Severo intentó mantener cierto equilibrio entre los dos, pero las tensiones eran evidentes. Tras la muerte del emperador, ambos fueron proclamados coemperadores, aunque la convivencia duró muy poco.

En el año 211 d. C., apenas meses después de regresar de Britania, Caracalla ordenó asesinar a Geta. La lucha por el poder dentro de la familia severa terminó así de manera sangrienta.

La campaña britana fue, por tanto, uno de los últimos momentos en que ambos aparecieron públicamente como herederos conjuntos del Imperio.

¿Qué importancia tuvo York durante esta campaña?

York, conocida en época romana como Eboracum, se convirtió en el principal centro político y militar del Imperio romano occidental durante la campaña.

La ciudad ya era una base legionaria importante desde hacía décadas, pero la llegada del emperador elevó enormemente su relevancia. Desde allí se coordinaban las operaciones militares, el suministro de tropas y la administración provincial.

Eboracum pasó a albergar temporalmente la corte imperial. Funcionarios, oficiales, guardias, comerciantes y numerosos miembros de la administración acompañaban al emperador.

La presencia imperial transformó completamente la ciudad. Se ampliaron instalaciones militares y aumentó la actividad económica relacionada con el abastecimiento del ejército.

La importancia histórica de York creció todavía más porque Septimio Severo murió allí en febrero del año 211 d. C. Décadas más tarde, otro emperador famoso, Constantino el Grande, también sería proclamado en esa misma ciudad.

¿Llegó Roma a conquistar completamente Escocia?

No. Aunque Septimio Severo logró penetrar profundamente en el territorio caledonio y devastó amplias regiones del norte, Roma nunca consiguió controlar permanentemente toda Escocia.

El Imperio había intentado algo parecido más de un siglo antes, durante las campañas de Agrícola, pero mantener una ocupación estable resultó demasiado costoso.

La geografía jugaba claramente a favor de las tribus locales. Los romanos podían ganar campañas concretas y destruir asentamientos, pero controlar continuamente aquellas tierras requería un esfuerzo militar inmenso.

Tras la muerte de Septimio Severo, Caracalla abandonó rápidamente los planes expansionistas y volvió a centrar la defensa en la línea del muro de Adriano.

Roma comprendió finalmente que el coste de conquistar el extremo norte britano era mayor que los beneficios estratégicos o económicos que podía obtener.

¿Qué ocurrió con el muro de Adriano durante esta época?

El muro de Adriano seguía siendo la principal línea defensiva romana en Britania. Construido en el siglo II d. C., atravesaba la isla de oeste a este y marcaba la frontera más estable del dominio romano.

Durante la campaña de Septimio Severo, el muro sirvió como base logística y punto de partida para las operaciones hacia el norte. Muchas fortalezas fueron reparadas o reforzadas.

Aunque Roma había intentado anteriormente desplazar la frontera más al norte mediante el muro de Antonino, aquella línea defensiva terminó siendo abandonada por su dificultad de mantenimiento.

Después de la muerte de Severo, el muro de Adriano volvió definitivamente a ocupar el centro de la estrategia defensiva romana en Britania.

La estructura no era simplemente un muro continuo. Incluía fortalezas, torres de vigilancia, caminos militares y guarniciones permanentes. Funcionaba tanto como barrera militar como sistema de control fronterizo y fiscal.

¿Por qué la campaña de Septimio Severo es tan importante históricamente?

La campaña representa el último gran intento romano de someter completamente el norte de Britania. También simboliza los límites del poder imperial en uno de los momentos de mayor extensión territorial de Roma.

La expedición mostró que incluso un emperador experimentado, respaldado por enormes recursos militares, encontraba dificultades enormes en ciertas regiones periféricas del Imperio.

Además, la campaña coincidió con un momento crucial de transición política. La muerte de Septimio Severo abrió una nueva etapa marcada por las tensiones internas de la dinastía severa y por crecientes problemas en el conjunto del Imperio.

Britania siguió siendo romana durante casi dos siglos más, pero Roma abandonó definitivamente cualquier ambición seria de conquista total del norte.

La campaña dejó también una gran cantidad de restos arqueológicos: campamentos, monedas, armas y fortificaciones que permiten reconstruir parcialmente el avance de las tropas romanas por Escocia.

Por todo ello, la expedición de Septimio Severo se considera uno de los episodios militares más relevantes de la historia romana en las islas británicas.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta