Origen y ascenso del nazismo

Origen y ascenso del nazismo

Las causas que originaron la aparición y ascenso del nazismo en Alemania han sido ampliamente estudiadas y son sobradamente conocidas, pero destacan por encima de todo las de tipo económico, ligadas tanto a las reparaciones impuestas por los aliados en los tratados de paz al final del conflicto como a la crisis económica que golpeó con fuerza a partir de los años 30.

Origen y ascenso del nazismo

El Tratado de Versalles firmado el 28 de junio de 1919 supuso la imposición de unas duras condiciones para Alemania, obligándola no solo a pagar grandes indemnizaciones económicas y sufrir recortes territoriales o limitaciones en su capacidad militar, sino también a soportar la humillación de ser identificada como la nación culpable de haber desatado un conflicto que había traído la ruina al continente europeo. 

Igualmente, la incidencia que tuvo en Europa y especialmente en Alemania, que todavía sufría las consecuencias de la guerra, la crisis de los años 30 también se hizo notar. En un momento en que parecía que el país comenzaba a dejar atrás las penurias de postguerra, la crisis económica supondrá el fin de su sistema democrático, aniquilado por Hitler y el partido nazi con facilidad al aprovecharse de las gravedad que adquiere la situación. 

La trayectoria del que luego sería aclamado como el “führer” se inicia con un fracaso. Hitler pretendió ocupar el gobierno por la fuerza mediante un golpe de estado en 1923, suceso conocido como el putsch de la cervecería de Munich, y que pretendía terminar en una marcha sobre Berlín a imitación de la que un año antes había llevado al poder a Mussolini en Italia.

La llegada al poder de Hitler le dará la oportunidad de acabar desde dentro con el régimen democrático que gobernaba Alemania. Acciones como el incendio del Parlamento alemán, del que se acusará a los comunistas, le permiten encarcelar a sus líderes y socavar sus resultados en las siguientes elecciones, pero también que se dicten normas que recortan las libertades (con la aprobación del Decreto para la Protección del Pueblo y del Estado), se dan así los primeros pasos para la aparición del estado autoritario Alemán. 

Sorprende que esta trayectoria se produzca dentro de la legalidad del sistema, aprovechando las circunstancias y retorciendo los hechos en su beneficio. Lo que parecía imposible se hace realidad, como bien refleja una frase del mismo Hitler cuando dijo a un periodista:

“No olvide como se rieron de mi (…) cuando declaré que un día yo gobernaría Alemania“.

Y es que Hitler llegó al poder sin tener que ganar las elecciones, lo que le permitió ser nombrado canciller fue la falta de unión en los partidos de izquierdas y el apoyo de los partidos de la derecha conservadora, que pensando que iban a poder controlar a Hitler se ofrecieron para formar un gobierno conservador con su partido. 

Con todo, lo ocurrido en Alemania no se puede achacar íntegramente a la crisis económica, no podemos omitir ni olvidar la influencia de otros factores que marcan la diferente evolución con respecto a lo ocurrido en otros países europeos, que en aquellas fechas también estaban siendo golpeados por la crisis, y en los que también hubo iniciativas radicales que no llegaron a cuajar al faltar en parte, o en su totalidad, elementos que sí se encontraban presentes en la Alemania de los años 30 como el deseo de revancha, las ideas de grandeza, el alto grado de militarización o la existencia de un fuerte predominio del componente tradicional en la sociedad.

Autor: Miguel García para revistadehistoria.es

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