Napoleón: La campaña de 1814, los últimos días del Imperio

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Para Comienzos de Enero de 1814 Napoleón enfrentaba una verdadera pesadilla militar y política, las principales potencias de Europa aprovechándose de su derrota en Leipzig (1813) “La Batalla de las Naciones”, se preparaban para invadir Francia.

El imperio se encontraba rodeado de enemigos, en el frente del este los ejércitos de Silesia al mando del Mariscal prusiano Gebhard von Blücher con  70.000 soldados y el ejército de Bohemia al mando del Mariscal austriaco Karl Philipp de Schwarzenberg con 220.000 hombres se encontraban en la otra orilla del río Rin, a punto de iniciar la invasión de Francia; en Italia el hijastro de Napoleón, Eugène de Beauharnais, virrey de Italia, enfrentaba la traición de uno de los mejores Mariscales de Napoleón, Joaquín Murat, Rey de Nápoles preparo un ejército para neutralizar a las fuerzas francesas en el norte de Italia en un intento de preservar su trono una vez los aliados hubieran sometido Francia.

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En el norte el Mariscal Davout (probablemente el mejor Mariscal con el que podía contar Napoleón) se encontraba sitiado en Hamburgo, mientras que los ejércitos de Suecia atacaban Dinamarca con el objetivo de romper su alianza con Francia y sumar una nación más a la sexta coalición, una vez conseguido esto 120.000 tropas marcharían a través de los Países Bajos al mando del príncipe Bernadotte y abrirían un nuevo frente para complicar aún más la situación de los franceses.

El frente del oeste no se apreciaba mejor, la guerra de independencia española había empujado a las tropas de Napoleón hasta la frontera franco-española, ahora un ejército combinado de españoles, británicos y portugueses al mando de Arthur Wellesley (futuro duque de Wellington) se apresuraba a alistarse para penetrar en Francia. Con tantos poderosos elementos amenazándolo, cualquier otro monarca en una posición tan delicada hubiera sucumbido a la presión y capitulado; pero Napoleón no se desanimó y se aceleró para enfrentar la campaña más difícil de su vida militar.

Napoleón: La campaña de 1814, los últimos días del Imperio

Privado de aliados (todos sus antiguos aliados alemanes de la Confederación del Rin se habían cambiado de bando para integrarse en la Sexta coalición y el gran Ducado de Varsovia en Polonia su estado vasallo había sido suprimido cuando los rusos invadieron la región poco después de la retirada francesa de Rusia en 1812), en un país con recursos muy limitados consumidos durante casi veinte años de guerras (la destrucción de la Grand Armé en Rusia dos años antes, había cambiado realmente el equilibrio de poderes en Europa) Napoleón había rechazado aceptar una paz en noviembre de 1813 en las llamadas propuestas de Frankfurt, bajo esos términos Francia debería renunciar a sus conquistas y regresar a las llamadas “fronteras naturales”.

Por el contrario se apresuró a tomar medidas radicales, de inmediato suspendió los sueldos y subsidios estatales, doblo los impuestos a las propiedades y planeaba convocar cerca de 300.000 nuevos reclutar para la guerra aunque solamente logro convocar 200.000 hombres aproximadamente (apodados “marie-louises” en honor a la Emperatriz María Luisa, la joven esposa de Napoleón que había aprobado la conscripción en su ausencia) estos soldados jóvenes e inexpertos constituirían la fuerza principal del nuevo ejército francés. Napoleón teorizo que si Francia se convertía en una “Nación en Armas”, llevando a cabo una defensa nacional por todo el país la invasión podría ser afrontada exitosamente.

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Por ello se apresuró a dividir sus fuerzas, 100.000 se dirigirían al suroeste de Francia al mando del Mariscal Soult para frenar al ejército de Wellington, 20.000 debían cuidar las fronteras en el paso de los Alpes para evitar incursiones desde Italia, y finalmente un ejército de entre 70.000 y 80.000 soldados bajo el mando directo de Napoleón debía medirse a los más numerosos ejércitos de Silesia y Bohemia, a través en la región de Champagne, entre los ríos Sena y Marne en medio de un clima extremadamente frio debido al invierno, los campos y caminos estaba repletos de nieve y lodo.

Los días finales de enero los informes franceses indicaban que los ejércitos aliados se encontraban dispersos, Napoleón rápidamente se apresuró a arrojar el primer golpe, aproximándose hacia Brienne, esperaba derrotar a las fuerzas de la coalición de forma separada (poniendo una de sus máximas militares en práctica). El 29 de enero se lanzó contra las fuerzas avanzadas del ejército de Silesia casi 30.000 prusianos y rusos al mando del Mariscal Blücher, la localidad de Brienne-le-Château comenzó a llenarse de soldados, durante la tarde la confusión del combate fue tal que Napoleón en persona estuvo a punto de ser atacado de cerca por un cosaco, pero la eficaz puntería del general Gaspar Gourgaud lo salvó, durante la noche un suceso similar le pasó al comandante del ejército contrario Mariscal Blücher, cuando un grupo 400 de soldados franceses se apoderaron del Castillo de Brienne, el Mariscal creyendo que la lucha había terminado se dirigía al lugar, y logró escapar por poco. A pesar del éxito en la toma de Brienne, al final del día ambos bandos solo habían logrado infligirse alrededor de 3000 bajas mutuamente, ahora Blücher optó por retroceder en busca de las tropas del ejército de Schwarzenberg.

Las malas condiciones de las carreteras ralentizaban tanto los movimientos de Napoleón como de los aliados que la persecución que emprendieron los franceses fue bastante lenta, mientras que en el bando contrario Blücher al llegar a la Rothière, se encontró con el atoramiento de las carreteras detrás del pueblo, sin embargo se vio fuertemente reforzado por los cuerpos austriacos del ejército de Schwarzenberg que se encontraban allí, sin muchas elecciones decidió presentar batalla a Napoleón. El 1 de Febrero se desato una tormenta de nieve, en medio de este clima extremo las fuerzas francesas con 45.000 soldados y 128 cañones se enfrentaron a cerca de 110.000 tropas aliadas, la naturaleza le jugó una mala experiencia a Napoleón, su ventaja de artillería era neutralizada por estar obligada a desplazarse en un suelo demasiado pesado, con la nieve que cayendo azarosamente en diversas zonas, y la pólvora mojada que aumentaba la probabilidad de fallas al disparar, el ejército francés dependía de su infantería para mantener el pueblo, pero muchos de aquellos hombres eran apenas jóvenes reclutas, tan inexpertos en el arte de la guerra que el mismo Mariscal Marmont en medio del combate tuvo que mostrarle en persona a uno de ellos como cargar su arma.

Aquel día la coalición perdió entre 6.000 y 7.000 hombres, pero los franceses dejaron 4.600 bajas entre muertos y heridos, junto con 1.000 prisioneros y 73 cañones capturados, el clima y la superioridad aliada en caballería hizo casi imposible retirar dichas piezas; sin embargo la derrota dejó a los aliados algo más importante, vencer a Napoleón en Francia continuaba el victorioso camino de Leipzig, el hechizo de invencibilidad durante años mantenido por el emperador francés seguía roto, y una vez más se demostraba que no se restauraría, ni siquiera luchando en la misma base de Napoleón, Francia, al menos era la idea que se compartía entre el alto mando aliado en aquel momento. Confiando en su victoria los aliados pensaban que ahora Napoleón se retiraría hasta para París para organizar la defensa final y al mismo tiempo tratar de reorganizar sus pocos recursos.

El 6 de Febrero, En Nogent, Napoleón se enteró que los aliados se dividían para movilizarse más rápido a través de las carreteras, el ejército de Silesia (60.000 hombres) avanzaría por una ruta cerca al río Marne, mientras que el ejército de Bohemia (200.000) lo haría siguiendo un trayecto cerca a el río Sena. Decidió entonces que una nueva oportunidad se le presentaba para detener a sus enemigos, así que dejó a los Mariscales Oudinot y Víctor con 39.000 tropas para vigilar y retrasar al enorme ejército de Bohemia y apresuró la marcha hacia el norte con 30.000 soldados (20.000 infantes y 10.000 jinetes) para alcanzar al impetuoso Mariscal Blücher y su ejército de Silesia que aceleraba el paso para ser el primero en entrar en París.

El 10 de febrero alcanzo a las fuerzas aliadas que se creían seguras en Champaubert, el noveno cuerpo ruso del general Olssufiev, opuso una resistencia de cinco horas pero todo acabó cuando fueron rodeados por la caballería francesa, de los 5000 soldados aliados al final de la batalla 4000 se consideraban como bajas 2000 de ellos incluyendo el propio Olssufiev, las bajas francesas apenas llegaban a 300 hombres, Napoleón no perdió el tiempo y avanzó hacia Montmirail al día siguiente, con esta maniobra partió en cierta forma al ejercito de Silesia, pues su comandante Blücher se encontraba detrás de él, consciente de ello Napoleón envió una pequeña fuerza francés para vigilarlo,  el VI y XI cuerpo rusos, esperaban la llegada del I cuerpo de York en todo sumarían aproximadamente unos 28.000 hombres contra los 20.000 de franceses, pero la demora de los prusianos resultaría desastrosa, en esta batalla Napoleón no dudo en utilizar a la “Guardia Imperial” en medio del fragor del combate, la situación de la campaña en general fue tan grave que el emperador francés dejó de lado la reserva de esta fuerza de élite que era lanzada repetidamente al ataque, al final del día infligieron cerca de 3.500 bajas a las fuerzas de la coalición y apenas había perdido la mitad de hombres.

La retirada de las tropas de la coalición, no pudo ser evitada por el Mariscal MacDonald enviado a capturar el puente de Château-Thierry, los prusianos lograron llegar primero, cruzaron el Marne y volaron el puente, evitando un desastre mayor entre sus filas que solo pudieron ser golpeadas en su retaguardia. Napoleón dejo al Mariscal Mortier para reconstruir el puente y se dirigió a enfrentar a Blücher, reuniéndose con la pequeña fuerza del Mariscal Marmont que venía retirándose de las fuerzas del ejército de Silesia. El 14 de febrero en Vauchamps la retirada se detuvo y Marmont comenzaba a recibir refuerzos considerables, y comenzó un contrataque bastante fuerte sobre el ejército de Silesia, cuando Blücher se dio cuenta que enfrentaba a las fuerzas de Napoleón, optó por retirarse pero esta acción lo llevaría a recibir una derrota bastante costosa, pues la caballería francesa al mando del Mariscal Grouchy, comenzó a arrasar a sus fuerzas, la persecución fue tan letal que las bajas de Blücher se estiman entre los 6.000 y los 10.000 hombres, 2000 de ellos prisioneros; frente a solo 600 bajas del ejército francés.

En una campaña corta apenas de seis días Napoleón había demostrado sobre el campo de batalla todo su talento táctico,  con un ejército de 30.000 soldados se había enfrentado al ejército de Silesia, una fuerza de casi el doble de tamaño (59.0000 hombres) la había vencido en cuatro diferentes batallas en Champaubert, Montmirail, ChâteauThierry y Vauchamps, provocándole casi 15.000 bajas en combate cuyo efecto desmoralizador hizo que el ejército de Silesia tuviera otras 15.000 bajas entre desertores y/o rezagados, para lo cual solo había perdido 3.700 soldados aproximadamente, tras estas victorias Napoleón optó por volver al sur a enfrentarse contra el enorme ejercito de Bohemia.

En el clásico moderno “De la Guerra” escrito por el general prusiano  Karl Von Clausewitz nos hace una gran pregunta sobre esta campaña  ¿Cuál hubiera sido el resultado, si en lugar de atacar nuevamente a Schwarzenberg en el sur, Napoleón se hubiera terminado de concentrar en destruir a las fuerzas de Blücher, presionándolo contra el Rin? Para Clausewitz continuar con este golpe maestro hubiera significado para Napoleón destruir a su enemigo más importante en toda la campaña de Francia de 1814 en el frente del Oeste,  pues Blücher, aun con menos tropas era por su carácter impulsivo el centro de equilibrio en el ejército aliado, Schwarzenberg con un ejército más grande era más temeroso y precavido, su estado mayor, no tenía la impetuosidad que le sobraba a Blücher sobre sus hombres, la derrota del mariscal prusiano, probablemente habría regresado al ejercito de Bohemia tras el río Rin sin combatir.

Autor: Luis Carlo Zanabria Cabrera para revistadehistoria.es

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