¿Mujeres en la Prehistoria?

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Vamos a analizar el papel de las mujeres en la prehistoria y su representación en las instituciones museísticas. No obstante, en primer lugar, resulta necesario explicar cómo la metodología de investigación arqueológica se ha visto condicionada por el presentismo.

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Se emplea de manera reiterada el

“conocimiento actual para interpretar el pasado, lo cual ha conllevado un uso crítico del lenguaje y de las ilustraciones” (Alarcón y Sánchez, 2004: 49).

¿Mujeres en la Prehistoria? Registro arqueológico y museografía

En este sentido, hemos de reflexionar sobre el sesgo presentista y androcentrista que domina todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana, incluido el de la investigación. Todavía en pleno siglo XXI se continúa potenciando en ciertas áreas del ámbito académico una imagen tradicional y anticuada de las sociedades que no hace más que promover la jerarquización entre mujeres y hombres con el objetivo de seguir justificando los valores occidentales (Sanahuja, 2004: 72). En este sentido, es curioso observar cómo las representaciones vinculadas a la evolución humana de museos, documentales, fotografías de internet o libros de texto, son protagonizadas en su mayoría por figuras masculinas.

El problema es que son las propias instituciones educativas y museísticas las que, a través de los textos o representaciones de la vida cotidiana, en su mayoría persisten introduciendo elementos donde el hombre se sitúa como figura esencial, dejando la figura femenina en un plano secundario. La hipótesis del hombre cazador, vinculado al fuego y a las armas como explicación de los orígenes de la humanidad (Sanahuja, 2004: 72) contrasta con la de mujeres identificadas con un carácter pasivo. Una inferencia que también ha sido realizada habitualmente por la arqueología tradicional (Díaz-Andreu, 2005: 25).

Para deconstruir esta imagen tradicional ha sido clave el desarrollo de la arqueología de género (Johnson, 2009: 157) que surge

“cuestionando la invisibilidad de las mujeres, a la vez que la supuesta objetividad de una historia concebida en neutro, un neutro que es en realidad masculino y androcéntrico” (Sanahuja, 2004: 32).

Aunque no fue hasta principios de los años setenta con las posturas feministas de investigadoras anglosajonas, cuando verdaderamente se desarrolle la perspectiva del género con la presencia de mujeres arqueólogas como Marija Gimbutas y Jacketta Hawkers, que alcanzaron puestos de trabajo en un mundo académico controlado por hombres (Sanahuja, 2004: 72-75).

Pese a estos avances, todavía en la actualidad necesitamos fomentar una renovación ideológica, a partir de la cual el origen del hombre no se conciba sin el origen de la mujer, y, viceversa. Pues no son pocas las imágenes que representan todavía la evolución humana a través de una mayoría de hombres de pie y con armas. Ejemplo de ello se evidencia en el discurso museográfico de Atapuerca donde las armas no sólo nos sugieren la idea de la caza como si el aporte energético derivado de tal actividad fuese el alimento fundamental para la subsistencia, sino que a su vez indican defensa, lo cual situaría a la mujer en un segundo plano, siempre a la protección del varón.

La situación de desigualdad expuesta previamente queda reflejada en el análisis realizado por Francisca Hornos y Mª Ángeles Querol en cinco de los museos arqueológicos más modernos de España. Como se plantea, los resultados obtenidos no son muy favorecedores, incluso con la publicación de la ley de igualdad fijada en el año 2007, los museos descuidan sus discursos, ateniéndose al evolucionismo clásico, al protagonismo masculino y a la importancia de las actividades “propias” de los hombres. A partir del conjunto de cifras analizadas observan que

“los modernos museos ofrecen una imagen del pasado similar a la del presente, con una ausencia de mujeres en ámbitos de agricultura o ganadería, así como en los contextos funerarios o alfareros, con porcentajes aún demasiado bajos en cuanto a representaciones absolutas (desde el 33% de Almería al 13% de Alicante) y con una mayoría de actitudes sumisas o arrodilladas y situadas en espacios interiores” (Querol y Hornos, 2011: 135).

Y el problema fundamental de todo esto es que

“las representaciones son un referente, cuyo discurso va enfocado principalmente a la sociedad infantil y juvenil” (Querol y Hornos, 2011: 139).

No obstante, una de las ventajas que proporcionó el concepto de género aludía a la superación de la idea, compartida por muchas feministas, de que la disimetría entre hombres y mujeres, presente en muchas sociedades antiguas y actuales, se justificaba por lo “natural” de los roles sexuales tradicionalmente impuestos/asumidos (Sanahuja, 2004: 38). Así pues,

“la revisión de conceptos tales como trabajo, espacio y tiempo doméstico, vida cotidiana y actividades de mantenimiento es uno de los ámbitos que más resultados está proporcionando a la investigación” (Alarcón y Sánchez Romero, 2004: 246).

De este modo, “algunas investigadoras, se proponen desvincular el ámbito de lo doméstico, proponiendo el término “actividades de mantenimiento” que integrarían el conjunto de prácticas maternales, artesanales, cuidados a los individuos (Alarcón, 2010: 205), así como las prácticas recolectoras, agrícolas (Ruiz López, 2007: 225). De forma que el trabajo de la mujer abarcó las actividades tradicionalmente consideradas como esenciales y asociadas con hombres hasta entonces por la investigación (Díaz-Andreu, 2005: 27).

Desde mi perspectiva se ha pasado de una investigación “pasiva”, es decir, de observar la situación, a la acción, con el objetivo no sólo de ser conscientes sobre el sesgo androcéntrico, sino de iniciar estudios y análisis que contribuyen paulatinamente a superar esta visión. La inferioridad de la mujer ha de convertirse no en superioridad, sino en equidad de forma que ha de ser la persistencia, la tenacidad, la formación y concienciación de personal cualificado lo que en un futuro conduzca a una nueva realidad.

Una realidad en la cual aprendamos a valorar que existen diferencias en las actividades realizadas tanto por mujeres y hombres. Esto es lo realmente positivo, pues sin las cualidades aportadas por cada uno de los géneros, no podríamos habernos desenvuelto en el ámbito de la vida y de las relaciones conformándonos como elementos activos en el desarrollo de las sociedades humanas.

Autora: Paula Pinillos de la Granja para revistadehistoria.es

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Bibliografía:

  • Alarcón García, E. y Sánchez Romero, M. (2004): “Crónica del curso Arqueología y género: vida cotidiana, relaciones e identidad”, RAMPAS 7, Revista Atlántica-Mediterránea, 245-250.
  • Alarcón García, E. (2010): “Arqueología de las actividades de mantenimiento: un nuevo concepto en los estudios de las mujeres en el pasado”, Arqueología y territorio, 7,Universidad de Granada, pp.195-210.
  • Hernández Hernández, F. (2006): Los museos arqueológicos y su museografía, Ediciones
  • Hornos Mata, F. y Risquez Cuenca, C. (2005): “Representación en la actualidad. Las mujeres en los museos”, (coord.) Sánchez Romero, M.: Arqueología y Género, Universidad de Granada, pp.479-490.
  • Mathew, J. (2009): Teoría Arqueológica. Una introducción, Ediciones Ariel Historia, Barcelona.
  • Querol, M.A. y Hornos, F. (2011): “La representación de las mujeres en los modernos museos arqueológicos: estudio de cinco casos”, Revista Atlántica-Mediterránea 13, Universidad de Cádiz, pp.135-156.
  • RUIZ LÓPEZ, Clara (2007): “Una aproximación de la mujer en el mundo ibérico”, (coords.) González Reyero, S., Pérez Ruiz, M. y Bango García, C.I.: Una nueva mirada sobre el patrimonio histórico. Líneas de investigación arqueológica en la UAM, UAM Ediciones, Madrid, pp.217-230.
  • Sanahuja, M.E. (2002): Cuerpos sexuados, objetos y prehistoria, Ediciones Cátedra, Universidad de Valencia.
  • https://archive.org/details/LaPrehistoriaIlustradaParaNios03ElHombrePrimitivoAMcCordPlesa1977 (Consulta:  20/11/2018).
  • http://www.pastwomen.org/ (Consulta: 21/11/2018).

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