Mujeres de la Realeza en el Antiguo Egipto

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Las mujeres que formaban el entorno familiar del soberano se englobaban bajo tres sencillos títulos: La “gran esposa del rey”,  “las esposas del rey”  y “la madre del rey”.

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La Gran Esposa Real 

La Gran Esposa Real” debía traer al mundo a los herederos al trono y desempeñaba un importante papel  pues era quien “traspasaba la esencia divina al hijo real”, por lo que debía tener sangre real, dando  lugar a matrimonios entre hermanos o entre padres e hijas.

La Gran Esposa Real porta el uraeus (la cobra) y dos coronas: el “tocado de buitre”, un gorro con su corta cola en la nuca, las alas colgando a ambos lados del cráneo y un pequeño cuello ondulado con la cabeza del animal en el extremo, coronando la frente de la reina, y un soporte circular sobre el que hay dos plumas de halcón. Posteriormente, se incorporaron los cuernos de vaca de la diosa Hathor y el disco solar de Ra. 

Sus funciones 

Además de proporcionar un heredero a la corona, eran consejeras del rey, tanto en política interior como exterior ejerciendo incluso misiones diplomáticas. Desempeñaban también labores religiosas, participando en el culto de Amón, siendo consideradas como la encarnación de la diosa Mut y representando el drama de Isis tras la muerte del faraón, preparando el cuerpo de este y contribuyendo a su resurrección en el mundo eterno.

Faraonas importantes

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Nitocris, Neferu, Sobek, y Tausert son las únicas a quienes se reconoce que remplazaron a faraones demasiado jóvenes o inseguros, subiendo al trono al final de unas dinastías gloriosas, cuando el linaje de los reyes estaba perdiendo su poder y padecía los desórdenes inherentes a la debilidad de la monarquía.

Diferente es el caso de  Hatshepsut, que poseía todos los requisitos legales para reinar y el trono carecía de un heredero más directo que ella. Obligada a casarse con Tutmosis II y siendo nombrada regente tras su muerte, decidió reinar en solitario, eliminando de su nombre todas las desinencias femeninas y enriqueciendo el país tras sus 22 años de reinado. Abandonada por sus seguidores, a su muerte su nombre fue borrado de todos los lugares en que fue posible e incluso su tumba se dejó incompleta.

En cuanto a Nefertiti, fue una mujer rodeada de misterio desde sus orígenes pero con un destacado papel social y político como esposa del faraón hereje, Akenatón. En las representaciones artísticas de la pareja ambos aparecen juntos y del mismo tamaño, en muchas ocasiones rodeados de sus 6 hijas, y ella con su característica corona azul.

Tres años antes de la muerte del faraón, Nefertiti desapareció del mapa para siempre, de los textos, de las imágenes esculpidas… a día de hoy se sigue buscando, sin éxito, su tumba, si bien se afirma que a la muerte del rey ella gobernó como faraón bajo el nombre de Ankhe(et)kheperure Neferneferuatón.

Por último, Cleopatra VII (69 a.C. – 30 a.C.), perteneciente a los Ptolomeos, heredó el trono de su padre en una situación económica y política complicada, con Egipto convertido en protectorado romano.

Se casó con su hermano pequeño, más tarde con otro de sus hermanos y posteriormente con su hijo Ptolomeo XV César (Cesarión). Tras el asesinato de este y la posterior guerra civil en Roma, mantuvo una relación amorosa  con Marco Antonio, con quién tuvo dos hijos gemelos gemelos, Cleopatra Selene II y Alejandro Helios, y un tercero llamado Ptolomeo Filadelfo.

Unos años después Marco Antonio es acusado de traidor, despojado de su derecho de ciudadanía romana y se le declaraba la guerra a Cleopatra. Tras la derrota en  Actium se extingue su poder y empieza su leyenda negra, el misterio de su muerte y la incógnita de su lugar de enterramiento.

Los harenes de la Corona

Existían en diversas ciudades y son lo que podríamos denominar una “corte” de la que formarían parte tres grupos de mujeres: las de la familia real, las damas de compañía de la reina y las esposas de los funcionarios, además de las Khener  o “adornos del rey” que cumplían funciones relacionadas con la música y los ritos hathóricos. Allí residían también las nodrizas, las neferut o Bellezas vivas del Palacio e incluso parientes ancianos de la familia real. Se educaban los hijos reales y se produccían tejidos, objetos de tocador, madera, marfil y cristal. Contaban también con un un jefe de Administración, un adjunto, escribas, inspectores y funcionarios, artesanos y servidores.

Las damas de la alta sociedad representaban el ideal físico femenino, de piernas largas y delgadas, esbeltas, espigadas y de pecho erguido, con el pelo largo y una cinta alrededor de la cabeza que podía ser de oro con decoración floral. Era frecuente que llevasen juegos de mechones trenzados u ondulados, pelucas, cintas y flores. El color negro de la peluca contrastaba con las elegantes caídas del  blanco lino plisado y, en muchas ocasiones, transparente, de los vestidos,  de líneas simples y anchas mangas, que llegaban hasta el suelo; durante los Reinos Antiguo y Medio solían ir sujetos por dos anchos tirantes  y a veces iba cubierto por un  manto del mismo estilo. El único toque de color lo aportaba el ceñidor.

Las más acomodadas llevaban unas sandalias sujetas con correas de cuero, adornadas con incrustaciones de cuero o florecillas de oro. Y acababan el atuendo con adornos de joyas y maquillaje, en principio verde y después negro, para resaltar los ojos. 

La madre real 

Era un papel sumamente importante: ejercía una gran influencia sobre el heredero en su juventud, desempeñaba la regencia, y tras su muerte eran inhumadas en sepulturas preparadas según los ritos, en las que el mobiliario funerario cobraba gran importancia.

Una madre importantísima en la historia egipcia fue Tiy, la madre de Amenofis IV,  a quien se considera parcialmente responsable de la reforma religiosa atribuida a su hijo, si bien es cierto que esta madre real no quiso ser demasiado progresista y frenó a su hijo en numerosas ocasiones.

Autora: Yolanda Barreno, colaboradora del Podcast “El Abrazo del Oso” para revistadehistoria.es

Lee más sobre la autora en: https://blognosololiteratura.blogspot.com/

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GRDP

Bibliografía:

ASIMOV, I. “Historia de los egipcios”, Madrid. Ediciones del Prado S.A., Alianza 1993.

DESROCHES, Ch. “La mujer en tiempos de los faraones”, Colección “La mirada de la historia”, Madrid, Editorial Complutense. 2004

LEFEBVRE, G (de). (Ed): “Mitos y cuentos egipcios de la época faraónica”. Akal/ Oriente 6. Serie Egipto. 2003

PARRA, J.M. “La vida cotidiana en el antiguo Egipto”. La esfera de los libros. 2015

Parte Foto de Portada:

De Desconocido, CC BY-SA 1.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=47062

De Postdlf, CC BY-SA 3.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=895004