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Marco Tulio Cicerón: la voz de la República Romana

Marco Tulio Cicerón: la voz de la República Romana

Marco Tulio Cicerón, una figura central en la historia de la Roma Antigua, se destaca como uno de los oradores y filósofos más influyentes de su época.

Nacido en el 106 a.C. en Arpino, Italia, Cicerón emergió de una familia equestre, un escalón por debajo de la aristocracia patricia de Roma, para convertirse en una voz dominante en la política y la cultura romanas.

Marco Tulio Cicerón: la voz de la República Romana

Desde joven, Cicerón demostró una aptitud excepcional para la oratoria y la filosofía. Educado en Roma y Atenas, se sumergió en el estudio de la ley y la retórica, preparándose para una carrera en el foro romano. Su brillantez y elocuencia rápidamente le ganaron reconocimiento dominando la judicatura romana, y su habilidad para navegar las complejas estructuras políticas de Roma lo llevó a ocupar posiciones de alto rango, incluyendo la de Cónsul en el 63 a.C.

Cicerón se encontró a sí mismo en el centro de uno de los períodos más turbulentos de la historia romana. Durante su consulado, enfrentó la conspiración de Catilina, una serie de intentos de golpe de estado. Sus discursos contra Catilina, conocidos como las “Catilinarias”, son considerados obras maestras de la retórica y son un testimonio de su habilidad para persuadir y movilizar la opinión pública.

Sin embargo, su carrera estuvo marcada por constantes desafíos. Cicerón era un “novus homo”, el primer miembro de su familia en alcanzar el consulado, lo que lo ponía en desventaja en el juego político dominado por poderosas familias patricias. Además, su firme defensa de la República y su oposición a figuras como Julio César, Marco Antonio y Octavio, lo situaron en una posición peligrosa.

Filosofía y Obra Literaria

Además de su carrera política, Cicerón fue un filósofo y un escritor prolífico. Sus obras cubren una amplia gama de temas, desde la ética y la política hasta la retórica y la religión. Sus textos, como “De Republica” y “De Legibus”, proporcionan una visión invaluable de las ideas políticas y filosóficas de la época. También trabajó la retórica, con obras como “De Ortore” o “Brutus”. A través de sus escritos, Cicerón buscó preservar y transmitir la herencia cultural y filosófica griega, adaptándola al contexto romano.

Mediante sus brillantes discursos, Cicerón dominó  los tribunales romanos y la política, siendo famosas sus “Catilinarias”, cuatro discursos contra Lucio Sergio Catilina, acusado de conspirar contra la República, o las “Filípicas” un conjunto de catorce discursos en los que critica a Marco Antonio, y que muestran muy bien la tensión política de la época

A pesar de sus esfuerzos por defender la República, Cicerón no pudo detener el avance hacia el Imperio. Tras el asesinato de Julio César y el surgimiento del Segundo Triunvirato, Cicerón fue declarado enemigo del estado y finalmente asesinado en el 43 a.C. Su muerte marcó no solo el fin de un gran orador y pensador, sino también el final de una era en la historia romana.

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