Marco Licinio Craso: riqueza, poder y ambición en la República Romana
También formó su propio cuerpo de bomberos privado, compuesto por esclavos entrenados. Cuando se declaraba un incendio, ofrecía comprar las propiedades afectadas o las vecinas a precios reducidos. Una vez adquiridas estas propiedades, sus bomberos extinguían el fuego. Posteriormente, reconstruía y mejoraba estos edificios para venderlos o alquilarlos.
Además de su imperio inmobiliario, Craso invirtió en otras actividades comerciales, incluyendo la minería de plata y otros negocios que contribuyeron a su riqueza. Craso también se benefició económicamente de su participación en campañas militares. Por ejemplo, su victoria sobre Espartaco en la Tercera Guerra Servil no solo reforzó su estatura política, sino que también le permitió beneficiarse de los despojos de guerra y de la venta de esclavos capturados.
Carrera política
La carrera política de Craso estuvo marcada por su habilidad para navegar en las turbulentas aguas de la política romana. Aunque menos carismático que sus contemporáneos Julio César y Pompeyo Magno, Craso era conocido por su astucia y habilidad para el cálculo político.
En el contexto de la Roma republicana, su carrera fue notable tanto por sus éxitos como por las alianzas y rivalidades que formó a lo largo del camino. Su vida política estuvo marcada por la búsqueda de poder, riqueza y reconocimiento en un período de grandes conflictos y cambios en Roma.
Inició su carrera política bajo el régimen de Sila, después de la Guerra Civil entre Mario y Sila. Su apoyo a Sila le permitió ascender en el escalafón político y acumular riqueza. Alcanzó el pináculo de su carrera política cuando fue elegido cónsul en el año 70 a.C., junto con Pompeyo Magno. Esta elección fue significativa porque ambos consules representaban intereses diferentes y, en cierto modo, contrapuestos dentro de la política romana.
A pesar de su consulado conjunto con Pompeyo, Craso mantuvo una relación complicada y a menudo competitiva con él. Esta rivalidad fue un tema constante en su carrera. Sin embargo, en el 60 a.C., Craso formó el Primer Triunvirato con Julio César y Pompeyo, una alianza política diseñada para consolidar y ampliar su poder e influencia. Esta alianza fue fundamental para el ascenso de César y marcó un punto de inflexión en la política romana.
Triunvirato
El Primer Triunvirato, una alianza política no oficial formada en el 60 a.C. por Julio César, Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso, fue un acuerdo que buscaba consolidar el poder y los intereses de estos tres prominentes líderes en la República Romana. Aunque el pacto no fue formalizado mediante leyes o procedimientos oficiales, implicaba una serie de acuerdos mutuos que beneficiaban a cada uno de los miembros.
Los tres miembros acordaron apoyarse mutuamente en sus ambiciones políticas. Esto implicaba la utilización de sus respectivas influencias y recursos para ayudar a los otros en la consecución de cargos políticos, en la aprobación de leyes o en la obtención de mandatos militares.
Pompeyo y Craso apoyarían a César en su búsqueda del consulado, que era su próximo gran objetivo político. A cambio, una vez cónsul, César ayudaría a asegurar comandos militares lucrativos y políticamente beneficiosos para sus aliados. Por ejemplo, Pompeyo estaba interesado en la ratificación de los asentamientos que había hecho en Oriente tras sus campañas, mientras que Craso buscaba oportunidades militares para incrementar su gloria y riqueza.
Cada uno de los miembros del triunvirato buscaba tener influencia sobre ciertas provincias romanas, ya fuera para beneficio económico o para expandir su base de poder. Por ejemplo, César obtuvo el control de la Galia Cisalpina y la Galia Transalpina, lo que le proporcionó una base de poder y recursos militares.
Acordaron influir en las decisiones legislativas y judiciales en Roma para beneficiar sus intereses individuales y colectivos. Esto incluía protegerse entre ellos de posibles acusaciones legales y promover leyes que favorecieran sus agendas políticas.
El triunvirato también fortaleció sus lazos a través de matrimonios y relaciones familiares. Por ejemplo, la hija de César, Julia, fue desposada con Pompeyo, solidificando la alianza a través de un vínculo familiar.
Campañas militares
La campaña más famosa de Craso fue su participación en la Tercera Guerra Servil, también conocida como la Guerra de Espartaco, entre los años 73 y 71 a.C. La rebelión comenzó en Capua, en el sur de Italia, en una escuela de gladiadores. Espartaco, junto con unos 70 compañeros, escapó de la escuela y se refugió en el monte Vesubio, donde comenzaron a reunir un ejército de esclavos fugitivos. La desesperación y el deseo de libertad fueron los motores que impulsaron a estos esclavos a unirse y luchar contra el poder romano.
El número de seguidores de Espartaco creció rápidamente, atrayendo no solo a esclavos, sino también a campesinos y pastores descontentos con su situación en la sociedad romana. En su apogeo, el ejército de esclavos rebelados llegó a contar con aproximadamente 120,000 hombres, mujeres y niños.
Espartaco demostró ser un líder y estratega competente, derrotando a varias fuerzas romanas enviadas para aplastar la revuelta. Utilizó tácticas de guerrilla y aprovechó su conocimiento del terreno local, infligiendo múltiples derrotas a los ejércitos romanos.
Inicialmente, el Senado romano subestimó la amenaza, enviando fuerzas insuficientemente preparadas y subdimensionadas. Sin embargo, a medida que la rebelión se expandía y se volvía más seria, se tomó la decisión de desplegar legiones más experimentadas y recursos adicionales.
Marco Licinio Craso fue finalmente encargado de aplastar la rebelión. Craso impuso una disciplina estricta en sus tropas y enfrentó a los rebeldes en una serie de batallas. Aunque Craso jugó un papel crucial en la derrota de los esclavos, Pompeyo, quien regresaba de una campaña en Hispania, también intervino al final del conflicto, derrotando a varios miles de rebeldes en fuga, lo que le permitió reclamar parte del crédito por el fin de la revuelta. La rebelión llegó a su fin en el 71 a.C. en la Batalla del río Silario en Lucania. Espartaco murió en esta batalla, aunque su cuerpo nunca fue encontrado. Los esclavos supervivientes fueron capturados y crucificados a lo largo de la Vía Apia, como advertencia y castigo. Esta victoria solidificó su reputación como líder militar, aunque su éxito fue ensombrecido en parte por la llegada tardía de Pompeyo, quien reclamó el crédito por acabar la rebelión.
La campaña contra los Partos
La campaña de Marco Licinio Craso contra el Imperio Parto en el 53 a.C. se ubica como uno de los episodios más dramáticos y definitorios de las ambiciones y conflictos de la República Romana tardía. Esta campaña, emprendida por Craso en la búsqueda de gloria militar y riqueza, terminó en una catástrofe que resonaría a través de los siglos en la historia de Roma.
Craso, uno de los hombres más ricos de Roma y miembro del influyente Primer Triunvirato junto a Julio César y Pompeyo Magno, buscaba igualar las conquistas militares de sus socios. A sus 60 años, vio en la expansión hacia el este, específicamente en el desafío al Imperio Parto, una oportunidad para alcanzar un triunfo que solidificara su reputación como líder militar. El Imperio Parto, poderoso y en gran parte desconocido para los romanos, presentaba un desafío formidable, pero Craso subestimó tanto a su enemigo como a la complejidad del terreno y las condiciones de la región.
La campaña comenzó con Craso liderando un ejército considerable desde Siria hacia el corazón de territorio parto. Su fuerza estaba compuesta principalmente por legionarios pesadamente armados, una elección que más tarde demostraría ser inadecuada para enfrentar las tácticas móviles y la guerra de caballería de los partos. La marcha hacia el este fue lenta y plagada de dificultades, incluyendo la resistencia de las ciudades aliadas y el desafiante terreno desértico.
El punto culminante de la campaña fue la Batalla de Carrhae, cerca de la moderna Harran en Turquía. En esta batalla, el ejército romano se enfrentó a las fuerzas partas, lideradas por el general Surena, un comandante astuto y experimentado. Los partos, utilizando tácticas de arqueros montados y ataques de hit-and-run, pudieron desmantelar eficazmente las formaciones romanas más rígidas y pesadas. La caballería ligera parta, armada con arcos compuestos, infligió bajas severas a los romanos desde una distancia segura, mientras evitaba cualquier compromiso directo.
Craso, esperando negociar una retirada segura o incluso una victoria tardía, fue engañado para asistir a una parley con Surena. En esta reunión, fue traicioneramente asesinado, y su cabeza y mano derecha fueron enviadas como trofeos a Orodes II, el rey de los partos. La muerte de Craso marcó el fin desastroso de la campaña, con miles de soldados romanos muertos o capturados.
El impacto de esta derrota fue profundo. Fue un golpe humillante al orgullo romano y expuso las limitaciones de las tácticas militares romanas cuando se enfrentaban a un enemigo especializado en la guerra en el desierto. Políticamente, la muerte de Craso desestabilizó el ya frágil Triunvirato, dejando a Pompeyo y César como los dos únicos líderes en un escenario político cada vez más dividido y competitivo. Este evento aceleró las tensiones que eventualmente llevarían a la guerra civil y al colapso de la República Romana.
La campaña de Craso contra el Imperio Parto sigue siendo un estudio fascinante en la ambición, la estrategia militar y las dinámicas de poder en el mundo antiguo, ofreciendo lecciones valiosas sobre la importancia de la preparación, el conocimiento del enemigo y la adaptabilidad en el arte de la guerra.
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