Manuel Tagüeña: del Ejército de Ebro al destierro

Manuel Tagüeña: del Ejército de Ebro al destierro

Manuel Tagüeña Lacorte (Madrid, 11/05/1913-México, 11/06/1971) vivió a partes iguales los ideales y la frustración de comprobar que aquello en lo que creyó y por lo cual apostó literalmente su vida y la de su familia, lo abandonaba y lo sumergía en una sensación de depresión y tristeza. Su fascinante vida basculó entre la intelectualidad, la militancia política y el ejército.

Vida científica, militar y política

Licenciado en ciencias fisicoquímicas, doctor en ciencias físicas y licenciado en Medicina, ejerció como investigador y asesor médico farmacéutico y hablaba cinco lenguas: castellano, francés, ruso, checo y serbocroata. Gabriel Cardona resumió magníficamente la vida de Tagüeña:

un día, le entregaron una pistola automática, que no sabía utilizar. Ignoraba de dónde había salido, pero tampoco se le ocurrió preguntarlo y la escondió entre sus libros, como una premonición de aquello que sería su vida, entre las armas y la sabiduría”.

A los dieciséis años, ya concibió que el sentido de su vida era la entrega a una causa noble, si bien se le presentó el problema de tener que encontrar cuál sería esta causa. 

Atraído por su mística y romanticismo, abrazó el comunismo e ingresó en las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC) y, sin abandonar las Juventudes Comunistas, formó parte de las Socialistas, hecho que le supuso una reprobación de por vida por parte del PCE, del cual era miembro. Sus dudas acerca de la coherencia de la dirección política del PCE con la doctrina comunista, le supusieron castigos y represalias, como ser el único aspirante suspendido en los exámenes de alférez de complemento en 1935 a pesar de ser un excelente estudiante. 

La Batalla del Ebro

Tagüeña concibió siempre la Guerra Civil española como un fracaso de la Segunda República y del conjunto de España, fruto de la no voluntad de alcanzar un acuerdo mayoritario a causa de los intereses, intransigencias, egocentrismos y demagogias de todos los bandos y actores. En el Ejército Popular de la República, articulado mayoritariamente por el PCE, inició carrera militar, con 23 años de edad y categoría de brigada en el frente de la Sierra de Guadarrama. Sus ascensos fueron promovidos por su destreza como estratega militar y tal era su reputación que el 17 de abril de 1938 fue nombrado teniente coronel jefe del XV Cuerpo del Ejército con tan sólo veinticinco años. Bajo sus órdenes tenía 35.000 soldados repartidos en tres divisiones (la 3a, la 35a -que contaba con las Brigadas Internacionales- y la 42a).

El 25 de julio de 1938 los soldados republicanos cruzaron el río y al cabo de pocas horas, el Ejército Popular conquistó quilómetros de terreno a las tropas de Franco y situaron el frente a las puertas de Gandesa. Los incesantes bombardeos de la aviación franquista, italiana y alemana y la apertura de las compuertas de los pantanos, tenían por propósito destruir los puentes y pasarelas. En contraposición, el objetivo del cuerpo de ingenieros bajo las órdenes de Manuel Tagüeña fue mantener siempre transitable el río: todo aquello destruido por el ejército franquista durante el día, era reparado durante la noche. El resultado fue que durante los 115 días de la Batalla en ningún momento se cortó la conexión y el frente republicano jamás quedó aislado. Una vez protegida y ejecutada la retirada de las tropas, Tagüeña fue de las últimas personas en cruzar el puente de hierro de Flix que habían levantado sus zapadores e ingenieros con el objeto de asegurar el paso de materiales de abastecimiento para las tropas del frente, así como su retirada en el caso que fuera necesario. A las 04:45 horas del 16 de noviembre, marcó el fin de la Batalla del Ebro una gran explosión que inutilizó y destruyó el puente para dificultar el avance de las tropas franquistas.

Entre las vicisitudes que tuvo que afrontar se cuenta la relacionada con las Brigadas Internacionales, expulsadas de las filas republicanas en 1938. El trato recibido por éstas comportó un nuevo desengaño para él: comprobó impotente la doble vara de medir de los organismos internacionales y como en sus países de origen no sólo no se reconocía a los brigadistas, sino que en muchos casos se les ajustició por considerarlos traidores a su patria.

Exilio y castigo

Les décadas siguientes se convirtieron en un periplo de exilios encadenados huyendo de la dictadura franquista y del fascismo, pero también en cierto modo de las purgas comunistas: la URSS, donde fue alumno y profesor de la Academia Militar Frunze de Moscú y militar del ejército soviético; la Yugoslavia socialista, donde fue asesor del ejército liderado por Josip Broz, el mariscal Tito; y Brno (Checoslovaquia), donde fue profesor de la Facultad de Medicina. A medida que crecía su crítica al sistema estalinista, aumentaron también sus miedos a experimentar en sus propias carnes el castigo del PCE.

La sombra que Tagüeña proyectaba involuntariamente sobre personajes políticos y militares comunistas por su capacidad crítica e intelectual, le valieron distintas represalias y estar siempre en el punto de mira de las purgas. Finalmente consiguió el permiso del PCE para viajar con su familia a México, país donde llegó en 1955. Siempre llevó consigo en la maleta su idealismo y la coherencia con sus ideas. El Régimen franquista le propuso aceptar el papel de comunista arrepentido a cambio de un trato de favor para él y su familia. Tagüeña declinó la oferta y decidió mantener la coherencia interna tal y como recogió en sus memorias:

“Para vivir en paz tendría que aceptar el papel de “rojo arrepentido” lo que lesionaría gravemente mi dignidad y me haría caer en una situación parecida a la que viví en los países comunistas. Mientras los vencedores no acaben con el espíritu de la Guerra Civil, mi puesto está, y estará, en el bando de los vencidos”.  

Así fue como murió en México en 1971, lejos de su Madrid natal, de sus raíces aragonesas y del río por el cual luchó hasta el último minuto.

Autor: Enric Ortega i Gonzàlez para revistadehistoria.es

¿Eres Historiador y quieres colaborar con revistadehistoria.es? Haz Click Aquí

¿Nos invitas a un café?

Si quieres donar el importe de un café y «Adoptar un Historiador», incluiremos tu nombre como agradecimiento en calidad de mecenas en un Artículo Histórico, puedes hacerlo Aquí:




También puedes apoyarnos compartiendo este artículo en las redes sociales o dándote de alta en nuestro selecto boletín gratuito:

Déjanos tu Email y te avisaremos cuando haya un nuevo Artículo Histórico

Bibliografía:

Parga, Carmen. Antes que sea tarde. Compañía Literaria. Madrid. 1996.

Tagüeña Lacorte, Manuel. Testimonio de dos guerras. Ediciones Oasis. México. 1973.

Publicaciones Similares

Deja una respuesta