Los Vikingos en la península ibérica

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Es conocido que los vikingos eran un pueblo curioso por naturaleza y durante sus viajes visitaron Gran Bretaña, Irlanda, Rusia y Francia sobretodo. Después de incursionar por toda la costa atlántica francesa el siguiente paso lógico fue hacerlo en la península ibérica.

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La primera de las expediciones escandinavas se produjo en el año 844. Una flota de vikingos noruegos partió de su base establecida en la desembocadura del  río Loira. Después de remontar el río Garona y saquear la ciudad de Toulouse sin apenas resistencia, la expedición puso rumbo hacia el sur.

Los Vikingos en la península ibérica

Tras varias incursiones en la costa cantábrica una tormenta empujo la flota hasta el antiguo puerto romano de Gijón circunstancia que aprovecharon para saquear a su antojo ante la sorpresa de los asturianos.

Desde Gijón continuaron rumbo oeste en dirección a las costas gallegas llegando cerca de la ciudad de La Coruña. Los nórdicos se las prometían muy felices después de sus éxitos anteriores pero allí les aguardaba una sorpresa. El rey Ramiro I de Asturias les aguardaba junto a su ejército que gracias a sus balistas consiguió poner en fuga a los vikingos y destruir un gran número de naves.

A pesar de haber perdido un gran número de barcos, la cifra de los que partieron de Francia oscila entre 100 y 200 embarcaciones, continuaron con su expedición hacia el sur.

En agosto del 844 llegaron a las inmediaciones de Lisboa que en esa época formaba parte del Emirato de Córdoba. Durante tres días saquearon y combatieron a las sorprendidas tropas musulmanas hasta que decidieron continuar su camino.

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En su viaje bordeando las costas de la península llegaron al puerto de Cádiz que también sufrió los saqueos de los noruegos. Desde allí partieron hacia el este llegando a la desembocadura del río Guadalquivir, donde establecieron su campamento en una isla desde donde partirían sus incursiones.

El 1 de octubre remontaron el Guadalquivir hasta llegar a una de las joyas del emirato, Sevilla. A pesar de haber sido advertido de la presencia de tropas extranjeras en tierras de Al-Ándalus, el gobernador de la ciudad no hizo caso de las advertencias y al ver la llegada de los escandinavos se dio cuenta de su error y puso tierra de por medio.

La ciudad quedo a merced de los vikingos que solo tuvieron que hacer frente a una inexperta fuerza defensiva formada por sus habitantes que no tardaron en derrotar.

Durante una semana las huestes noruegas saquearon, mataron y apresaron sin oposición a la población que no había podido huir, después regresaron a su campamento en la Isla Menor. Unos días después volvieron a remontar el Guadalquivir hasta Sevilla con la esperanza de que la población huida hubiese regresado a sus casas. Solo unos pocos lo habían hecho pero también cayeron bajo las hachas vikingas.

Enterado el emir Abderramán II del desastre de Sevilla, movilizo un gran ejército con el que hacer frente a los mayus,  así denominaban los musulmanes a los escandinavos, a pocos kilómetros de la ciudad.

Los mahometanos idearon una trampa. Con el cebo de un pequeño contingente de tropas atrajeron a los vikingos convencidos de una fácil victoria. Pero les aguardaban el grueso de las tropas del emir que en mayor numero y mejor preparadas que las milicias locales pasaron a cuchillo a los vikingos. Los que no cayeron bajo las cimitarras musulmanas o prisioneros, estos últimos acabarían muchos decapitados, huyeron río arriba.

Los vikingos no podían estar en peor situación; acorralados, hostigados, diezmados y hambrientos. Pero aun tenían una última baza; los prisioneros musulmanes capturados durante las incursiones.

Ofrecieron un trato a los sarracenos, entregarían a los rehenes si a cambio les dejaban paso libre hasta el mar y les proporcionaban ropa y avituallamientos.

Los musulmanes accedieron a las peticiones vikingas y después de liberar a los prisioneros, los noruegos descendieron el Guadalquivir hasta el mar y regresaron a Francia no sin antes realizar una última incursión por el río Guadiana.

Abderramán II mando construir una serie de fortificaciones en la costa y una nueva flota de dromones, un tipo de galeras,  para evitar que les volviesen a pillar desprevenidos.

La segunda incursión vikinga tardo un tiempo en producirse, concretamente hasta el 858. Esta fue llevada a cabo por Björn Costado de hierro y Hastein dos de los mejores lideres escandinavo de la época.

Aquí voy a hacer un inciso respecto a la procedencia de estos dos personajes. En muchos textos se puede leer que Björn era hijo del famoso Ragnar Lodbrock y en los menos que Hastein era hermano de Björn. Tal cosa no se puede probar si es cierta o no si partimos del dato  que Ragnar es un rey legendario, no hay certeza de su existencia. Puede que existiera o no, a día de hoy su existencia solo se menciona en las sagas. Dentro de la nobleza escandinava había un gran interés por emparentar con los grandes héroes y más si habían sido reyes de ahí que se apropien tantos vástagos a Ragnar Lodbrock.

Como curiosidad, se cuenta en fuentes musulmanas, los vikingos que habían sido hechos prisioneros se convirtieron al islam y se establecieron en la Isla Menor dedicándose a la cría de ganado.

Partieron como su antecesora de su base en la desembocadura del Loira con 62 barcos y se dirigieron a la costa cantábrica.

Intentando emular a la anterior expedición dirigieron sus barcos a la costa asturiana pero se encontraron con resistencia, así que decidieron continuar con su camino. El siguiente objetivo fue Santiago de Compostela. Fracasaron en su intento de tomar la ciudad no sin dejar su huella en Galicia devastando y saqueando por donde pasaron.

Continuaron rumbo hacia el sur en lo que era un calco a la incursión del 844. Saquearon Lisboa y sus inmediaciones mientras descendían a lo largo de la costa portuguesa.

La situación de la península no había cambiado mucho desde la anterior expedición y estos territorios seguían bajo dominio árabe. Lo que si había mejorado era el sistema defensivo andalusí que ya contaba con torres de vigilancia en la costa y una flota que las patrullaba.

Una de estas flotas capturo a dos naves vikingas que servían como exploradores cerca de la desembocadura del Guadiana y para su sorpresa vieron que ya iban cargadas de botín y prisioneros.

El resto de la expedición vikinga se presento en la desembocadura del  Guadalquivir dispuestos a remontar el rio hasta Sevilla y saquearla como ya hicieron tiempo atrás. Pero en esta ocasión les aguardaba la flota musulmana.

Se enfrentaron a los musulmanes pero estos iban equipados con armas incendiarias y después de perder varias naves por el fuego decidieron seguir camino en busca de un lugar menos protegido.

Encontraron ese lugar hacia el este, la ciudad de Algeciras fue arrasada y saqueada y su mezquita fue pasto del fuego.

Desde allí decidieron penetrar en el Mediterráneo y aunque nunca habían incursionado en esa zona los habitantes de sus costas estaban acostumbrados a los ataque piratas desde la Antigüedad.

Después de breve asalto a la costa africana regresaron a la península.  Asaltaron Orihuela en la costa murciana. Se establecieron durante un tiempo en la ciudad y desde allí lanzaron ataque hacia el interior.

Abandonaron la costa murciana en dirección a las Islas Baleares y desde allí regresaron a las costas peninsulares donde continuaron sus ataques a lo largo de la costa hacia el norte hasta alcanzar aguas francesas.

Transcurrieron tres años hasta que se volvió a tener noticias de los vikingos en la península. Durante este tiempo habían hecho acto de presencia por las costas francesas, italianas, griegas hasta llegar a Constantinopla.

Su objetivo era regresar a sus dominios y para ello tenían que atravesar el estrecho de Gibraltar, algo nada fácil de conseguir. Hacerlo tenía varios inconvenientes. El primero era la escasez de espacio para hacerlo, el segundo la corriente del estrecho jugaba en su contra y el tercero que la flota musulmana les estaría esperando. El resultado fue que solo consiguió salvarse un tercio de los barcos.

A pesar de este duro revés los escandinavos siguieron saqueando de vuelta a casa con mejores o peores resultados, hasta el momento que estaban a punto de abandonar aguas peninsulares.

Remontaron el río Bidasoa y llegaron al Reino de Pamplona. Saquearon la ciudad y apresaron a su rey García Íñiguez. A cambio de un sustancioso rescate de más o menos 308 kilos de oro liberaron al monarca cristiano.

Los que quedaron de la expedición regresaron a su base en la desembocadura en el Loira con los bolsillos bien llenos. En ese momento los dos comandantes vikingos decidieron poner fin a su sociedad. Björn decidió volver a casa con la esperanza de reinar algo que no sucedería porque murió durante su travesía. Hastein decidió permanecer un tiempo en Francia antes de dar el salto a Inglaterra.

Autor: Ignacio Pérez Pascual para revistadehistoria.es

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 GRDP

Bibliografía:

Cano, Victor Manuel Aguirre. «Correrias vikingas en Hispania.» Desperta Ferro (2014): 50-56.

Haywood, Jhon. «Los hombres del Norte: La saga vikinga (793-1241).» Haywood, Jhon. Los hombres del Norte: La saga vikinga (793-1241). Editorial Ariel, 2016. 520.

Velasco, Manuel. Breve historia de los vikingos. Madrid: Ediciones Nowtilus, 2012.