Los Vikingos atacan Barcelona

En el año 971 se produjo una incursión vikinga a Barcelona en el año 971. El ataque fue liderado por el caudillo vikingo Björn Gullmarsfjäll, quien llegó a la actual costa catalana con una flota de barcos y un gran número de guerreros. Björn  fue un caudillo vikingo que nació en la región de Gullmarsfjord, en la costa oeste de Suecia, y se convirtió en un experto navegante y guerrero.

Los Vikingos atacan Barcelona

Los ataques vikingos llevaban siendo un constante dolor de cabeza para las autoridades árabes desde el año 844, cuando los historiadores árabes citan que hormigueaban sus navíos en las costas como «pájaros marinos rojinegros».

Los vikingos desembarcaron en la playa de Barceloneta y avanzaron hacia la ciudad, encontrando poca resistencia por parte de las fuerzas locales. La ciudad de Barcelona no estaba preparada para un ataque de esta magnitud y las murallas que la rodeaban eran insuficientes para detener a los vikingos.

Una vez dentro de la ciudad, los vikingos comenzaron a saquear y destruir todo lo que encontraban a su paso. Según las crónicas de la época, los vikingos se llevaron un gran botín de oro y plata, así como de objetos religiosos y obras de arte.

El contraataque

La llegada de refuerzos militares desde otros puntos de Cataluña y la llegada de una flota musulmana al mando de Abd al-Rahman ibn Muhammad ibn Rumahis. Abd al-Rahman fue un marino, almirante de la flota califal con base en Almería en el siglo X.

Hijo de Muhammad ibn Rumahis, le sucedió en el mando de la flota y en el gobierno de la Cora de Bayyana en 971 hasta su muerte en 980) que bloqueó la salida de los vikingos del puerto, obligaron a los vikingos a retirarse de la ciudad y a regresar a sus barcos.

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1 Comment

  1. Paco de Jerez
    10/03/2023 @ 11:42

    Pues el artículo lo habrá escrito la IA de ChatGPT, pero su contenido es escaso, contiene groseros anacronismos históricos, su aportación al conocimiento general sobre la presencia normanda en la Península es de nulo valor y su redacción es gramaticalmente penosa y repleta de estupefacientes errores de sintaxis y ortografía. Para muestra, los garrafales antepenúltimo y penúltimo párrafos. Qué forma tan insensata de expresión. Por favor, denle carta de despido a la IA y contraten periodistas, si es que no tienen presupuesto para historiadores. Gracias.

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