En el año 69 el emperador Otón recibió la petición de abolir las cuotas que los centuriones romanos pedían a los legionarios para dejarles ir de
permiso.
Otón destacaba por resolver las crisis del imperio comprometiéndose con todas las fuerzas sociales y políticas en busca del consenso más amplio. Sin embargo, esta petición de los legionarios le llevaba a un callejón de difícil salida.
Los caros permisos de los Legionarios de Roma
Era costumbre en la época imperial, que cuando una legión se trasladaba a los cuarteles de invierno, uno de cada cuatro legionarios podían coger un permiso. Sin embargo, para poder coger el permiso, el legionario debía pagar una cuota a su centurión, cuota que era una ganancia directa para el bolsillo del centurión, que no debía rendir cuentas con nadie al respecto, al ser una tradición de las
legiones imperiales.
Al ser una tradición, la cuantía que el centurión podía pedir al legionario, no estaba regulada, por lo que a cuanto más dinero se le conocía a un legionario, más cara era la cuantía, convirtiéndose esto en una continua fuente de quejas y resentimientos.