Los antecedentes al proyecto de “exterminio” gitano de 1749

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Las Cortes abiertas el 5 de mayo de 1592, a pesar de su tinte claramente económico, se convirtieron en receptáculo de propuestas para “sujetar” a los gitanos. Ya en la sesión del 5 de junio de ese año, se estableció el nombramiento de comisarios para que informaran sobre lo que convenía en el “problema” gitano. Si bien, el punto culminante llegaría en la sesión del 19 de marzo de 1594, cuando los procuradores por la ciudad de Burgos, Jerónimo de Salamanca y Martín de Porras, presentaron una propuesta para “exterminar” a esta minoría étnica.

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Como justificación, hicieron una exposición plagada de todo tipo de prejuicios peyorativos, en consonancia al estereotipo gitano negativo que se hallaba ya consolidado en estas fechas. En su alegato, comenzaron denunciando la forma de vida de los gitanos, calificándola como

“la más perdida que hay en toda la república cristiana, ni aun bárbara”.

La razón de esta mala vida se debía a que eran “gente sin ley”, que vivían

“llenos de vicios, sin ningún género de recato, con gran escándalo de estos reinos y de los naturales de ellos”.

Es en el punto donde se asocia el tema de los gitanos con un problema de orden público, en el que se hallaba también se hallaba inserta la cuestión morisca, tal como se comprobaría en la sesión de 5 de abril de 1596, cuando el representante conquense, Juan Suárez propuso

“que los moriscos y gitanos se repartan por vecindades en el reino, y no traten sino solo en labrar y criar, y servir a labradores y criadores”.

Temerosos de que el “gitanismo” contagiara al resto de la población, pidieron

“poner remedio en un daño tan grande”, y así conseguir “disipar y deshacer de raíz este nombre de gitanos y que no haya memoria de este género de gente”.

El proyecto de “exterminio” gitano

El “exterminio” biológico propuesto consistía en la separación física de ambos sexos y la aculturación de los más pequeños. Para justificarlo, hicieron una exposición plagada de prejuicios peyorativos, acusándolos de ser “gente sin ley”, que vivía “llenos de vicios”. No llegándose a un acuerdo, el proyecto se desechó y se optó por continuar con la política represiva basada en la fijación de las familias gitanas a un domicilio conocido bajo un estricto control de sus personas, costumbres y caballerías.

gitanos
gitanos

El temor de que esta forma de vida acabara siendo adoptada por el resto de la población se mantuvo presente en la legislación represiva que siguió, en la que se pretendió perfeccionar el sistema de avecindamiento forzoso en localidades, de las que no debían salir sin licencia. Sin embargo, las medidas basadas en el “exterminio” biológico y la expulsión a tierras americanas no se habían olvidado, y en 1610, el rey encargó en Aranda del Duero su expulsión, encargando su ejecución al marqués de Salvatierra. Afortunadamente, todo quedó en aguas de borrajas una vez se comprobaron  las graves consecuencias derivadas de la medida realizada en el caso morisco.

Danza gitana
Danza gitana

Sin olvidarse completamente la amenaza de la expulsión y el “exterminio” biológico, se volvió nuevamente al asentamiento forzoso en vecindarios cerrados para ocuparlos exclusivamente en la labranza. Una política criticada abiertamente por muchos arbitristas, representantes en Cortes y camaristas del Consejo de Castilla, al exigir medidas más contundentes, algo que lograron en 1749, cuando efectuada una redada para extrañar del reino a los gitanos, acabó desechándose otra vez al tenerse en cuenta diferentes aspectos de carácter poblacional y de seguridad, con lo que acabó transformándose en un proyecto de exterminio” biológico a través de la separación física de hombres y mujeres. Encomendada la tarea de señalar los destinos de ambos sexos, el marqués de la Ensenada aprovechó la mano de obra gratuita de los varones mayores de siete años, para hacer frente a su programa de reconstrucción de la Armada Naval. Un cautiverio, cuyo punto final llegó demasiado tarde en 1765. La desconfianza entre ambas comunidades era ya completa.

Autor: Manuel Martínez Martínez para revistadehistoria.es

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BIBLIOGRAFÍA

Actas de las Cortes de Castilla, publicadas por acuerdo del Congreso de los Diputados, Tomos XIII (pp. 220 y 225), XIV (p. 598) y XVI (p. 137), Madrid: Rivadeneyra, 1887 [http://bibliotecadigital.jcyl.es/es/consulta/registro.cmd?id=22746]

ECHEVARRÍA BACIGALUPE, Miguel Ángel. Las últimas cortes del reinado de Felipe II (1592-1598), Bilbao: estudios de Deusto, 1983.

JAGO, Charles. “Crisis sociales y oposición política. Cortes y Monarquía durante el reinado de Felipe II”, en Las Cortes de Castilla y León en la Edad Moderna: actas de la segunda etapa del Congreso Científico sobre la historia de las Cortes de castilla y León, Salamanca, 1989, pp. 315-340.

MARTÍNEZ MARTÍNEZ, Manuel. “los gitanos en el reinado de Felipe II. El fracaso de una integración (1556-1598)”, en Chronica Nova. Revista de Historia Moderna de la Universidad de Granada, 30, 2004, pp. 401-430.

  • Los gitanos y las gitanas de España a mediados del siglo XVII. El fracaso de proyecto de “exterminio” (1748-1765), Almería: Universidad de Almería, 2014.

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